Según el neurocirujano Giulio Maira, las palabras, las caricias y los juegos en la primera infancia cambian la forma del cerebro, ayudan a que sea más fuerte con el paso de los años y pueden influir en cómo aprendemos y envejecemos
Las experiencias afectivas en los primeros años no son solo parte de la crianza diaria: según la ciencia, dejan huellas reales en el cerebro que pueden ayudar a pensar mejor, adaptarse a los cambios y enfrentar el envejecimiento con mayor claridad mental.

Las primeras experiencias de un niño no solo influyen en su carácter o en su forma de relacionarse con el mundo. También modifican físicamente el cerebro.
Así lo explica el neurocirujano Giulio Maira, quien sostiene que las palabras de los padres, el contacto afectivo y los juegos tempranos dejan huellas reales en el desarrollo cerebral y ayudan a construir lo que la ciencia llama reserva cognitiva.
Esta información fue difundida por el diario Clarín a partir de entrevistas y trabajos del especialista, y aporta una idea clave: el cerebro se forma en diálogo constante con el entorno, especialmente durante los primeros años de vida, cuando es más sensible a los estímulos emocionales y sociales.
Qué es la reserva cognitiva y por qué es importante entenderla
La reserva cognitiva es la capacidad del cerebro para adaptarse, resistir el desgaste y compensar posibles daños a lo largo de la vida.
No significa evitar enfermedades, sino tener más herramientas mentales para enfrentarlas sin que los síntomas aparezcan de forma temprana o severa.
Maira explica que esta reserva no depende solo de la genética. Se construye desde la infancia y se refuerza con experiencias como el aprendizaje, la interacción social y, sobre todo, el vínculo afectivo en los primeros años.

Por qué las palabras de los padres tienen un impacto real en el cerebro
Hablarle a un bebé, aunque aún no entienda el significado de las palabras, no es un acto menor. Cada sonido, cada repetición y cada respuesta activa zonas del cerebro que comienzan a organizarse y conectarse entre sí.
El especialista señala que no se trata solo del lenguaje en sí, sino del contexto emocional en el que se produce. Una voz cercana, constante y afectuosa ayuda al cerebro a estructurar redes neuronales relacionadas con la memoria, la atención y la comprensión, que serán clave durante toda la vida.
El contacto físico también construye cerebro
Las caricias, los abrazos y el contacto físico frecuente cumplen una función esencial. No solo transmiten seguridad emocional, sino que influyen en la regulación del estrés y en el desarrollo de áreas cerebrales vinculadas con las emociones.
Según Maira, estas experiencias tempranas ayudan a que el cerebro se vuelva más estable y flexible, lo que favorece una mejor respuesta ante situaciones difíciles en etapas posteriores, como la adolescencia o la adultez.

El juego temprano: mucho más que entretenimiento
Jugar con los niños desde pequeños no es solo una forma de pasar el tiempo. Es una de las maneras más completas de estimular el cerebro.
A través del juego, los niños aprenden a concentrarse, a seguir reglas simples, a resolver problemas y a interactuar con otros.
Estas actividades, aunque parezcan sencillas, obligan al cerebro a adaptarse constantemente. Esa adaptación repetida es una de las bases para fortalecer la reserva cognitiva y mejorar las capacidades mentales a largo plazo.
Qué pueden hacer padres y cuidadores en la vida diaria
El mensaje de Maira no apunta a métodos complejos ni a exigencias inalcanzables. Habla de acciones cotidianas que tienen un impacto profundo, como hablar con los niños, responder a sus gestos, jugar con ellos y brindarles contacto afectivo constante.
Son prácticas simples, accesibles y humanas que, con el tiempo, contribuyen a una mejor salud cerebral y a una mayor capacidad de aprendizaje y adaptación.
Una idea clave para llevarse
El cerebro no se desarrolla en soledad ni de manera automática. Se construye a partir del vínculo, la atención y el afecto. Las palabras, las caricias y el juego en la infancia no solo educan: dejan una huella física duradera que puede acompañar a una persona durante toda su vida.
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