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Columnas Desde la polis

También la cocaína

El mes pasado nos enteramos que -allá en la CDMX- un juez en materia administrativa otorgó amparo a dos personas para que pudieran poseer, transportar y consumir cocaína...

Por Jesús M. Acuña Méndez

El mes pasado nos enteramos que -allá en la CDMX- un juez en materia administrativa otorgó amparo a dos personas para que pudieran poseer, transportar y consumir cocaína, gracias al apoyo jurídico de una ONG llamada México Unido Contra la Delincuencia. Escuché a la directora de dicha organización decir que el objetivo de esta ruta es reorientar la política de seguridad en México, afirmando que actualmente se encuentra distraída en la persecución de las drogas, dejando abandonada la persecución de otros delitos que sí dejan víctimas, como pueden ser el homicidio, la violación y el secuestro. Agregó que lo que buscan es generar un debate sobre la política de drogas en México, teniendo como epicentro la despenalización de su uso. Dijo también que todo el plan consiste en comenzar con una regulación gradual de los estupefacientes, empezando con la mariguana… con el objetivo de que se invirtieran más recursos en el sistema de salud (versus hacerlo en el aparato penal) y también para ir acotando el mercado negro. Este amparo -otorgado por juzgado de distrito- tiene aún pendiente resolución en un tribunal colegiado; de ahí se sabrá si esto sigue hasta la Suprema Corte o si se desecha. Es muy importante señalar que la ruta que está en marcha es la misma que exitosamente se caminó hace unos años con la mariguana, para su despenalización y regulación. Actualmente, la Ley General de Salud permite el consumo de diversas drogas, en ciertas dosis, bajo la condición de que sea “para estricto e inmediato consumo personal”. Utilizando a su favor criterios de la Corte, el argumento central de los amparados fue: Consumir cocaína está protegido por el libre desarrollo de la personalidad y hacerlo no daña a terceros.

A mi parecer, hay una cuestión central que atender respecto a este acontecimiento y tiene que ver con las actuales condiciones políticas, económicas e institucionales de México; no las de la fantasía y la demagogia, sino las que nos tienen hoy en el lugar donde nos encontramos.

Cuando se obtuvieron los primeros amparos para poderse drogar (sin consecuencias penales) lúdica y terapéuticamente con mariguana, la narrativa -de parte de los sujetos activos- evitó entrar en el terreno de hablar sobre la regulación. Era evidente que para allá se apuntaba, pero consideraron (y fue un acierto estratégico) que no era el paso acertado hacer mención de ese objetivo. Creo que ahora la ruta es igual con la cocaína. En cuestión de regulación, creo que es absurdo e ingenuo (o quizá, perversamente calculado) utilizar como argumentos a favor, los casos de éxito en países que no tienen los carcinomas institucionales que padece México. No podemos compararnos con los EU, con Holanda o Portugal, ni siquiera con Uruguay, pues las instituciones de esos países contaban con una solidez previa a la despenalización y posterior regulación. Celebro los foros, las discusiones y los estudios nacionales y trasnacionales al respecto (todos muy optimistas) y está bien que comencemos con buenas intenciones, pero desde el inicio hay que estar conscientes de dónde y cómo vivimos. Hoy, el Estado mexicano no tiene instituciones confiables que regulen (permitan) que se produzca morfina, cocaína, mariguana, opioides, etc. bajo condiciones inspeccionables y, de haber violaciones, que haya castigos. Existen tres vacíos importantes: Los controles patrimoniales, los judiciales y los regulatorios. La “nueva” Unidad de Inteligencia Financiera aún no da señales contundentes que brinden garantías de que las familias de los Badiraguato Boys no iban a ser las dueñas de las futuras empresas legales. Hoy, el Poder Judicial -inundado en corrupción- sigue dejando impune a las farmacéuticas nacionales (legales) que sin pudor producen sin controles rígidos de calidad y claro, tampoco son debidamente inspeccionadas. Así no se puede.

Por otro lado, me parece que se confunde la gimnasia con la magnesia cuando se dice que la despenalización del consumo -y la pretendida posterior regulación- son posibles soluciones epicéntricas a la fallida guerra contra las drogas que comenzó con Calderón. El derramamiento de sangre en este país tiene que ver con tres cosas: La falta de oportunidades, la majadera inequidad socioeconómica y la monumental corrupción (apareada con la impunidad). Entendiendo esto, uno puede fácilmente asimilar que el asunto de las drogas (como lo plantean algunas ONGs) es periférico y no central. No vaya a ser que algunos, desesperados por querer aparecer como reformistas, liberales y progres, se vayan con la finta… y a la hora de la hora los problemas torales -con todo y la regulación y despenalización- sigan ahí. Ojalá la ciudadanía en Sonora que tenga algo que aportar en el tema, se organice para discutir al respecto.
 

LA CHINITA SE PERDIÓ
 

A finales de agosto, la Marina incautó la brutal cantidad de más de 23 toneladas de fentanilo en el puerto de Lázaro Cárdenas, Mich. Venía de China. Es un recordatorio de los acuerdos que tiene aquel país con los cárteles mexicanos. Esta droga es más lucrativa que la heroína, la cocaína o la metanfetamina. Honestamente, la salida de una carga así no pasa desapercibida por el Gobierno chino; su idea final es inundar (envenenar) a los gringos con esa mercancía… el “detallito” es que por lo menos un tercio nos la quedamos. La merca iba para Culiacán, así que los de Jalisco salen ganando. 

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