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Columnas Desde la polis

Lozoya sacrificado; ¿hasta ahí nomás?

l riesgo político de hacer un maxiproceso es que las declaraciones de quienes estuvieran enfilados a la guillotina pudieran salpicar a ciertos personajes encumbrados en la 4T.

Por Jesús M. Acuña Méndez

Hace algunas semanas escribí sobre las dinámicas entre la élite de la burocracia mexicana y su formación en universidades del extranjero, en específico con Harvard, que es el caso que conozco… y puntualmente hice referencia a Emilio Lozoya, antes de que fuera arrestado. Dicho personaje forma parte de una élite tejida a lo largo de muchos años, empezando por su abuelo Jesús (médico militar, ex Gobernador interino de Chihuahua) y su padre Emilio, muy cercano amigo de Salinas (estudiaron juntos en la UNAM y en Harvard) y ex titular del Issste y de la Secretaría de Energía en la administración de dicho ex presidente. Lozoya Austin tiene el “pedigree” que lo vinculó a las élites empresariales y políticas de nuestro País. Este episodio nos enseña que se pueden tener los diplomas, las conexiones, las “alcurnias” y seguir siendo, en palabras del líder macuspano, un simple carterista más. Regresaremos a esto más adelante.

El ejercicio político del Gobierno de AMLO le ha apostado demasiado a tres cosas: Al hartazgo de la gente (que por más errores que se cometan hoy, serán minimizados), a la ignorancia del auditorio nacional (de ahí la gran efectividad de un distractor cómico como lo del avión) y al vigoroso aparato de “apoyos sociales” en favor de millones de mexicanos. Paralelamente, este Gobierno ha tenido que hacerle cara a tres frentes: La monumental mediocridad de los gobiernos locales (sean del Prian o de Morena) que generan, por su corrupción o ineptitud, una serie de complicaciones que afectan el ánimo inmediato de los gobernados; las propias pifias del Gobierno federal, producto de imprevisión e impericia (salud y seguridad los más sonados); y las resistencias que los factores reales de poder ejercen en contra del Gobierno encabezado por López Obrador. La combinación de esos tres elementos a favor y tres en contra ha llevado a la administración a un sitio donde no esperaba estar el verano del 2018 y sabe que este segundo año de Gobierno es crítico para lograr comenzar a forjar genuina legitimidad. 

Uno de los aspectos mal calculados por AMLO y equipo fue hacerle creer a la gente que los problemas primordiales (corrupción, inseguridad, marasmo económico) los resolverían ellos… cuando mucho -si no es que todo- tiene un origen local, no centralizado. Parte del error fue no medir el nivel de la fauna a la que se le permitió entrar al Arca triunfadora del 2018 (ver “calidad” de alcaldes(as) y congresistas locales). Aquí lo escribí hace un año: Es técnicamente incorrecto (e incluso hasta injusto) que el producto de las dinámicas de colusión entre gobiernos locales -llámense gubernaturas o alcaldías- con el crimen organizado repercutan en la calificación del Gobierno federal. Pero ni modo, quisieron echarse ese trompo a la uña, dijeron -sin tener conocimientos adecuados en la materia- que resolverían el problema… y la actual reprobación unánime en seguridad es una consecuencia directa de no forzar la corresponsabilidad con las autoridades locales, desde el principio. 
El 2019 fue un año de asentarse en el poder. En algunos casos, de arribar a áreas, no saber qué hacer y adaptarse… con una curva de aprendizaje costosa. El golpe de los tres factores adversos (que mencioné arriba) ha obligado a acercarse a la realidad, distinta y distante de una fantasía triunfalista producto del arrollador resultado electoral del 2018. Nuestro Presidente pide calma, pide paciencia y aunque no se vislumbra en el horizonte un cambio estratégico en las áreas convulsionadas, puede quemar el cartucho del mundo que mejor comprende: El político… y ahí está Lozoya. Pero, ¿está solo?

Los círculos a los que pertenece don Emilio no son sólo sociales, sino que son auténticas cofradías donde -probadamente- el amor al erario ha sido una telaraña unificadora entre sus integrantes. Se habían tardado en agarrarlo porque saben que al ir por él, ni las maromas discursivas más magistrales podrían argumentar que toda la investigación del desfalco al Estado nacional concluyera sólo con él. Ir por Lozoya implicaría ir por Videgaray, por ex gobernadores y ex secretarios de Estado; implicaría ir por Peña (que hoy se broncea tranquilo al lado de la bella rubia) y en un descuido ir por Salinas. Sospecho -por lo que hemos visto- que nada de esto es la intención del Presidente… pero dados los claros problemas de Gobierno que enfrenta, este podría ser el más valioso tanque de oxígeno, para tratar de concretar su proyecto, acertando o equivocándose en el camino, pero con credibilidad… esa que da el ejercicio del poder, no sólo la elección. El “borrón y cuenta nueva” es claro y estamos por ver de qué tamaño es el sacrificio a Emilito. El riesgo político de hacer un maxiproceso es que las declaraciones de quienes estuvieran enfilados a la guillotina pudieran salpicar a ciertos personajes encumbrados en la 4T (dentro y/o fuera de la burocracia). El riesgo democrático de no hacerlo, sería perder la oportunidad histórica de sentar el precedente que de ahora en adelante, en este país nadie estará por encima de la ley. Una vez más, veremos qué sucede.

NO SE DISPAREN EN EL PIE

Episodio embarazoso (e innecesario) el de esta semana, por un nombramiento flagrantemente ridículo y obsceno. Recapaciten: Con la seguridad no se debe jugar.

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