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Columnas Batarete

El Toxitour México

Hace ya algunas décadas viví y estudié por tres años en un paraje plácido a la vera del Santiago, cerca de Guadalajara.

Por Ernesto Camou

En estos días inició, en El Salto, Jalisco, un recorrido por cinco sitios de México que son particularmente problemáticos por su alto nivel de contaminación y por constituir un serio peligro para la salud. El Toxitour le llamaron y es una caravana integrada por organizaciones ambientalistas, laborales y científicas de varias partes del mundo.

El objetivo es exponer la situación crítica de algunas regiones, llamar la atención de la sociedad y el Gobierno, organizar en cada uno de esos sitios mesas redondas, foros y recorridos en los que se observe, y también se denuncie, la contaminación y sus causas. Se tiene planeado visitar, además de El Salto, Dolores Hidalgo en Guanajuato, Apaxco en el Estado de México, las ciudades de Tlaxcala, Puebla y Coatzacoalcos, Veracruz; para concluir en la Ciudad de México, donde se efectuará una reunión que evaluará el esfuerzo y ofrecerá un informe final.

Se calcula que en las regiones seleccionadas hay unos 3 millones de personas que han visto afectada su salud por la contaminación, y que esos problemas se suelen combinar, además, con conflictos laborales y exclusión social.

El propósito del periplo “es denunciar a empresas estadounidenses, canadienses, alemanas, francesas, españolas y mexicanas que causan daño al amparo de los tratados comerciales que México tiene con Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Con esta caravana buscamos articular una red de trabajo que permita una mayor solidaridad desde la sociedad civil organizada”, planteó el representante de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales de México.

La corriente del Santiago, afirmó una activista de El Salto, “se ha convertido con el paso de los años en un río de muerte que ha enfermado a centenares de personas con cáncer e insuficiencia renal, entre otros padecimientos”.

Hace ya algunas décadas viví y estudié por tres años en un paraje plácido a la vera del Santiago, cerca de Guadalajara. La casona estaba situada en un promontorio y hacia abajo se contemplaba el caudal porfiado que iba a desembocar en la cascada de El Salto, a unos kilómetros de distancia. Era, en el verano, un muy agradable rincón para un chapuzón refrescante. Hoy sabemos que tales momentos de diversión resultarían arriesgados y poco saludables, gracias al descuido de las industrias que se han instalado en las cercanías del cuerpo de agua y descargan en él sus desperdicios, con la complicidad de las autoridades que han permitido esos destrozos en aras de un desarrollo muy poco respetuoso de la vida.

Hay otros lugares a los que convendría atraer a ese grupo de ambientalistas. En mi adolescencia salíamos con frecuencia a acampar y convivir con la naturaleza. A veces

aprovechábamos los “puentes” y los días de asueto que nos obsequiaban, y procurábamos, cada Semana Santa, buscar un lugar amable para refugiarnos por varios días. Éramos asiduos visitantes del río Sonora y nos instalábamos en su ribera en El Gavilán, Topahue, Mazocahui o las cercanías de Cananea.

Ahí parábamos las carpas cerca del agua, recogíamos leña de los alrededores y nos atareábamos por cinco o seis días en conocer el entorno, observar aves y animales  silvestres, realizar largas caminatas guiados por una brújula y, lo más añorado, darnos unos intensos remojones en las aguas de un río cuya corriente apenas nos llegaba hasta la espinilla. Organizábamos carreras y batallas campales a la luz de la luna, entre la arena y los mínimos brazos de agua. Acabábamos eufóricos y empapados.

Usábamos el agua para lavarnos, cocinar y beber: Nadie enfermaba, nos divertíamos y

aprendíamos a convivir con la naturaleza. El río Sonora era un tesoro sosegado y benéfico, un paraíso para aquellos muchachos del desierto ávidos de convivir con una naturaleza limpia y generosa.

Eso se terminó por descuido de una empresa a la que parece importar poco el bienestar de los habitantes de una de las regiones más bellas del Noroeste. Una zona que también debería visitar el Toxitour.

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