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Entre jornadas bajo el Sol y hornos que alcanzan mil 200°C, ladrilleros de Hermosillo mantienen vivo un oficio familiar de más de 90 años pese al calor, la falta de mano de obra y la caída de la demanda

En Las Cuevas, 15 trabajadores realizan a mano todo el proceso y buscan adaptar la producción para que el negocio heredado por cuatro generaciones pueda continuar.

Entre jornadas bajo el Sol y hornos que alcanzan mil 200°C, ladrilleros de Hermosillo mantienen vivo un oficio familiar de más de 90 años pese al calor, la falta de mano de obra y la caída de la demanda

HERMOSILLO, Sonora.- Bajo el Sol de Hermosillo y con temperaturas que a la intemperie sobrepasan los 60°C, el oficio de la fabricación de ladrillo se mantiene vivo.

En la periferia de la ciudad, cerca de la zona conocida como Las Cuevas, se encuentran al menos 15 fabricantes de ladrillos que día a día enfrentan el calor y un trabajo físico que no todos quieren realizar.

UN OFICIO QUE POCOS QUIEREN REALIZAR

Jesús Rodríguez está a cargo de la fábrica Nuevo Amanecer, un negocio que heredó de su padre y que ha permanecido durante cuatro generaciones y más de 90 años en Hermosillo.

Su bisabuelo comenzó con el negocio cuando los alrededores de la colonia San Benito eran parte de la periferia de la ciudad, en una zona conocida como La Pitayita.

Conforme Hermosillo creció, la fábrica tuvo que alejarse. De San Benito se trasladaron a la colonia Jesús García, después a la Ley 57, el Hoyo de Bonilla y finalmente a Las Cuevas, aunque los asentamientos urbanos ya los alcanzaron.

Hemos batallado porque ya no hay gente nueva que quiera realizar este trabajo porque es una labor pesada, todo es a la intemperie y andamos en el solazo, todos los que trabajamos aquí estamos acostumbrados al rayo del Sol”, dijo Jesús Rodríguez, fabricante de ladrillos.

Los trabajadores realizan a mano todo el proceso de fabricación, desde la preparación de la arcilla hasta la carga de las piezas terminadas.


HORNOS DE HASTA MIL 200°C

En la fábrica trabajan alrededor de 15 personas, la mayoría proveniente de familias de ladrilleros, pues son pocos quienes quieren desempeñar este oficio en una ciudad donde se alcanzan más de 45°C a la sombra.

A estas condiciones se suma el calor del horno donde se procesa el ladrillo, cuya temperatura interna puede superar los mil grados centígrados.

Yo creo que sí, alrededor de unos 60°C acercándose ahí al horno, le atizamos y nos vamos a descansar un rato, no andamos ahí pegados porque es mucho desgaste. Hay que tomar mucha agua, sueros, porque si te la llevas ahí todo el día te deshidratas o te da un golpe de calor”, mencionó.

¿CÓMO SE FABRICA UN LADRILLO?

El trabajo del ladrillero es pesado desde el principio hasta el final. Comienza cuando se bate la arcilla con agua, con ayuda de los pies y azadones bajo el Sol, y continúa con el moldeado, secado, horneado y carga de las piezas para su transporte.

Un ladrillo es un material constructivo de barro mezclado con agua. La tierra se va mezclando con los azadones y es artesanal todo, con los mismos pies se va batiendo, tenemos el bulto de barro, se le va echando agua y se va batiendo con los azadones y los mismos pies”, detalló Rodríguez.

Cuando la mezcla alcanza la consistencia adecuada, los fabricantes colocan el barro con una pala en moldes de tres piezas. Después, los ladrillos son acomodados uno tras otro bajo el Sol.

El proceso es 100% artesanal:

  • Se bate la arcilla con agua utilizando los pies y azadones.
  • La mezcla se coloca en moldes.
  • Los ladrillos se dejan secar bajo el Sol.
  • Entre 30 mil y 40 mil piezas se acomodan para formar el horno.
  • El horno permanece encendido durante al menos 20 horas.
  • La temperatura interna alcanza entre 900 y mil 200°C.
  • Los ladrillos se dejan enfriar durante cuatro días.

EL CALOR ACELERA EL SECADO

El calor de Hermosillo ayuda a acelerar una parte del proceso. Durante el verano, el secado puede tardar apenas un día.

Después, cada pieza se acomoda como si fuera parte de un rompecabezas hasta formar un horno con entre 30 mil y 40 mil ladrillos.

Entre las miles de piezas se deja una abertura por donde ingresa el fuego. El horno se cubre con barro para conservar el calor durante al menos 20 horas de encendido.

Para tener un buen cocimiento, el ladrillo tiene que alcanzar temperaturas de 900 a mil 200 grados centígrados, el horno va forrado con adobe, y cuando nosotros decimos que ‘revienta’, van saliendo como si fueran venas de lumbre, nosotros decimos que ya reventó cuando ya está listo el horno”, detalló.

Entre 30 mil y 40 mil ladrillos se acomodan para formar un horno que alcanza temperaturas de hasta mil 200°C.


CUATRO DÍAS PARA ENFRIAR LOS LADRILLOS

Una vez concluido el horneado, el fuego se apaga y las piezas permanecen durante al menos cuatro días hasta enfriarse y estar listas para cargarlas y trasladarlas.

Desde esta fábrica se realizan envíos de ladrillo a distintos puntos de Sonora, pero en los últimos meses la demanda ha disminuido.

Aunque el ladrillo es un material aislante para una ciudad calurosa como Hermosillo, su fabricación artesanal eleva los costos de producción.

Muchas constructoras y fabricantes prefieren utilizar block porque su producción es más económica y resulta más fácil de manejar. Además, su tamaño agiliza el ensamblado para los albañiles, lo que reduce gastos para los desarrolladores.

Después de dar forma al barro con moldes, los ladrillos se colocan bajo el Sol para secarse antes de ingresar al horno.


FALTA MANO DE OBRA PARA CONTINUAR EL OFICIO

Para mantener la fábrica, conservar los empleos y continuar con el negocio familiar, Jesús Rodríguez ha incorporado nuevos productos, desde ladrillos decorativos y piezas de mayor tamaño hasta blocks de concreto.

Su principal preocupación es que, con el paso de los años, no exista suficiente mano de obra para mantener una actividad que ha formado parte de la historia de su familia durante más de nueve décadas.

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