¿Puede el guamúchil limpiar el aire de Hermosillo?
Un estudio de la UES encontró que este árbol puede capturar hasta 4 kilos de partículas en un mes, algunas de ellas con elementos potencialmente tóxicos

Hasta 4 kilos de partículas que abundan en el aire de Hermosillo, puede recolectar un árbol de guamúchil durante un mes y se descubrió que algunas de ellas son tóxicas. Por lo menos el 70% de ellas pueden adentrarse en los pulmones del ser humano reveló un estudio realizado en la Universidad Estatal de Sonora (UES).
Carmen Isela Ortega Rosas, doctora en Geociencias del Medio Ambiente, informó que en coordinación con Liliana Rodríguez, alumna de la licenciatura en Ecología; y Ana Lilia Murrieta, alumna de la maestría en Ciencias Ambientales, realizó la investigación con especies nativas de Sonora.
Destacó que por sí solos, los árboles limpian de contaminantes el medio ambiente porque los atrapa en sus hojas como pequeñas partículas, además de generar un microclima, reduciendo la temperatura ambiental.
En las zonas urbanas, la vegetación funge como filtro natural para atrapar partículas contaminantes que están en el aire.
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Pero en la investigación que lideró, se enfocaron en descubrir cuáles especies de árboles que se distribuyen en la ciudad son más eficientes para capturar partículas y que puedan atrapar mayor cantidad de gases como el Dióxido de Carbono (CO2).
Estudiamos once especies diferentes en diferentes puntos de la ciudad y entre esas especies están los tres tipos de palo verde, los diferentes tipos de mezquite, el palo fierro, el guamúchil y las especies que están en la ciudad, pero que no son nativos; que se introdujeron y ya se adaptaron, como el olivo negro, el nim, y hasta el naranjo, que es una especie que no es nativa del Estado”, dijo.
Se levantaron muestras de estas especies en las diferentes estaciones del año y en los distintos puntos cardinales de la ciudad, tomando como el centro la vegetación de la Universidad de Sonora; el Norte, la UES y el Panteón Yáñez; y el Poniente, los panteones como Sahuaro y algunos otros lugares en específico.
ESPECIES SOBRESALIENTES
Con hasta cuatro kilogramos de partículas recolectadas en un mes, el guamúchil fue el árbol que mostró mayor capacidad de captación durante la prueba, informó Carmen Isela Ortega Rosas, especialista en cambio climático.
Enfatizó que a diferencia de las demás especies nativas, el guamúchil cuenta con una hoja más grande y su follaje es intenso, lo que le ayuda a recolectar más partículas.
El palo fierro fue el segundo mayor recolector de partículas y un árbol adulto llega a capturar hasta 1.9 kilos, seguido por el palo verde, con alrededor de 1 kilo; y el mezquite, con 800 gramos de partículas por mes.
“Al ver que estas especies capturan muchas partículas, quisimos ver qué tanto CO2 capturan, y en esa ponderación entre qué tanto CO2 y qué tantas partículas, obtuvimos este ‘ranking’ que pone en primer lugar al palo fierro, que sería uno de los árboles que se deberían de usar más para reforestar la ciudad.
“El palo fierro es un árbol muy longevo, puede vivir muchos años, crece mucho. Un solo palo fierro he visto que acaben 14 carros abajo, dando sombra, aparte que puede seguir viviendo sin agua. Si nosotros lo sometemos a estrés hídrico, que no lo regamos y no tiene agua, él sigue haciendo sus funciones fisiológicas y no se muere y sigue capturando CO2”, resaltó.
La segunda especie en capturar el CO2 del ambiente es el guamúchil, seguido por los tres tipos de palo verde y las varias especies de mezquites, especialmente el nativo, con hoja aterciopelada.
PARTÍCULAS TÓXICAS
Ortega Rosas enfatizó que en la investigación realizada en el aire de Hermosillo, también se descubrió que entre las partículas recolectadas en los árboles había residuos de materia tóxica y muchas de esas partículas pueden adentrarse a los pulmones del ser humano.
Hemos encontrado elementos potencialmente tóxicos, como el cromo, el circonio, aluminio, incluso, se ha encontrado arsénico en bajas cantidades; plomo, y todo eso denota de un origen no natural, sino que viene de actividades”
“Una de ellas es del tráfico vehicular, los vehículos emiten estas partículas. Por ejemplo, el circonio viene de los catalizadores de los autos, otros vienen de las fábricas o de la quema; se pueden ver partículas de quema, ya sea de llantas o de residuos, que mucha gente acostumbra a hacer eso”, aseveró.
PELIGROSAS POR SU TAMAÑO
Las partículas por sí solas no se pueden separar y no se puede saber exactamente la cantidad de partículas tóxicas en el universo recolectado, aclaró la especialista, pero sí se pudo concretar que al menos el 70% de esas partículas son menores a 10 micras, el tamaño suficiente para poder adentrarse en los pulmones de las personas.
Hay partículas de diferentes tamaños. Por ejemplo, las PM10 son partículas menores a 10 micras; las PM2.5 menores a 2.5 micras; y entre más pequeñita la partícula, es más peligrosa en la salud porque se puede adentrar en en los pulmones, en el sistema alveolar, y ahí se quedan atrapadas”, añadió.
La zona con mayor concentración de partículas en los árboles de la ciudad fue la Universidad de Sonora, resaltó la investigadora, porque es por donde fluyen las grandes avenidas y hay mayor concentración de tráfico vehicular, al igual que en el Poniente de Hermosillo.
Pese a lo que se creía que en el área Norte había mayor cantidad de polvo, la investigación que realizaron las expertas arrojó que la carga fue menor que en el resto de las zonas muestrales.
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CON ESPECIES DIVERSAS
La investigadora considera que especialmente hacia el Poniente de Hermosillo podría crearse una barrera con árboles nativos que ayuden a filtrar los vientos y partículas provenientes de la Costa, donde en los campos se usan pesticidas que viajan por el aire y llegan hasta la ciudad.
Aclaró que no se trata de llenar la ciudad de una sola especie, sino diversificar la reforestación con especies nativas, para construir un ecosistema urbano más resistente al cambio climático, las plagas y las enfermedades.
Señaló que un parque urbano debería superar aproximadamente el 50% de cobertura vegetal para funcionar como un verdadero “pulmón”, pero el promedio de los espacios públicos es del 30% .
Carmen Ortega Rosas subrayó que investiga qué tanto le afectan estas partículas a la vegetación, especialmente porque Hermosillo está en una zona donde llueve poco y al no “lavarse” las hojas de los árboles con el agua pluvial, las partículas (incluyendo las tóxicas) se quedan por mucho tiempo en las hojas.
Las partículas pueden obstruir tanto para la radiación, como para el intercambio de gases con la atmósfera, cuando absorben el CO2 por sus estructuras que tienen en las hojas (estomas) y el siguiente paso es ver cómo les pueden afectar.
Lo que sí sabemos es que de esa cantidad de partículas, el 70% al menos son partículas menores a 10 micras, y muchas sí pueden venir del polvo natural, de la erosión de los cerros, de los suelos, pero hemos encontrado elementos potencialmente tóxicos que vienen de actividades industriales y de los vehículos”.
Carmen Isela Ortega Rosas, doctora en Geociencias del Medio Ambiente
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