El Imparcial / Columnas /

¿Y qué querían?

El martes 1 de septiembre fue, como lo ha sido siempre y guardadas las diferencias, el día de la Presidenta.

Sergio Valle

Esta semana la presidenta Claudia Sheinbaum desahoga una intensa agenda de trabajo por varios estados de la República en lo que ella ha denominado una gira de rendición de cuentas, a propósito de su segundo informe de Gobierno, del cual se han desprendido muchas lecturas, tanto por lo que dijo, por lo que no dijo, por quien salió en la foto y por quienes ni siquiera fueron invitados a Palacio Nacional.

No entiendo por qué hay quienes esperan algún dejo de autocrítica en un evento de esa naturaleza, cuando por décadas eso no ha sucedido.

El martes 1 de septiembre fue, como lo ha sido siempre y guardadas las diferencias, el día de la Presidenta.

Es su momento, es cuando hace el recuento de cómo ve ella las cosas, de lo que ha logrado y de lo que en todo caso pretende hacer en los cuatro años de Gobierno que le quedan.

Los comparativos, las críticas y las lamentaciones son para otro momento y para otros actores, no para ella.

Pero sí me parece relevante que empiece a comparar las cosas en una línea de tiempo más corta, comparándose con ella misma, es decir, lo que se tenía cuando empezó frente a lo que se tiene dos años después, destacando la disminución del homicidio doloso en un 51% y los delitos de alto impacto en poco más del 30%.

Y el mensaje político de que nadie debe confundirse porque en su movimiento no hay divisiones ni rompimientos.

¿En serio, esperaban que dijera lo contrario?

¡Claro que no!

Ella tiene que enviar un mensaje de fortaleza, de control, generar la certeza de que hay rumbo y de que se avanza en la solución de los problemas, aunque saliendo de ahí se haya ido a su oficina a revisar el altero de pendientes que tiene que resolver.

Ahora bien, se enfila ella rumbo a la primera mitad de su mandato y el problema no son las posibilidades de triunfo que tiene Morena en las elecciones del 2027, que siguen siendo altas.

El tema es qué tipo de morenistas son los que se van a quedar con las candidaturas, los perfiles de las mujeres y los hombres que lleguen sobre todo a la Cámara de Diputados, a quien creen ellos que le deben rendir cuentas, si son parte del movimiento de la 4T y atenderán los intereses del régimen o si se le llena otra vez de la corriente obradorista que prefiere ir a tocar base a Palenque que a Palacio Nacional.

Eso es lo que viene.

Por cierto, en Sonora no estaremos exentos de ese momento, aquí van a tirar cuetes unos y a juntar varas otros, nomás que todavía no sabemos a quién le va a tocar qué cosa.

Pero ya falta poquito.

PUES QUIEN SABE

El enfrentamiento público entre el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo y el senador Luis Donaldo Colosio Riojas ha provocado interpretaciones encontradas.

Algunos piensan que es un pleito arreglado que al final tiene el objetivo de posicionar el nombre del senador de Movimiento Ciudadano entre el electorado sonorense, ahora que según él mismo lo ha dicho, está ya muy cerca de decidir si compite o no por la gubernatura del Estado que vio nacer a su papá, no a él.

Enfrascarnos en un debate sobre el lugar de nacimiento del legislador es inútil porque si a esas vamos este País está lleno de alcaldes que no nacieron en el Municipio que gobiernan y de hasta gobernadores que no crecieron en el Estado que les tocó gobernar.

Él no decidió donde nacer, lo que sí puede decidir ahora que es un adulto, es echar raíces en Sonora, sin dejar de tenerlas en Nuevo León, lo cual en su momento tampoco fue su decisión.

La otra lectura del caso es que con todo y el cariño que le tiene, Durazo no podía ni debía dejar pasar las críticas que lanzó Colosio hacia la presidenta Claudia Sheinbaum en el marco de su segundo informe de Gobierno.

Mire, al final y con independencia del propósito que subyace en ese desencuentro, el senador estuvo en la jugada durante la semana que termina.

Sergio Valle

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí