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Cerro de La Campana

Cada verano, Hermosillo enfrenta temperaturas extremas que ponen a prueba la resistencia de sus habitantes. Pero hay otro termómetro que también se dispara y preocupa: El de la economía de los pequeños comercios.

Cerro  de la Campana

La frontera entre Nogales, Sonora, y Nogales, Arizona, es una de las zonas más dinámicas de la relación entre México y Estados Unidos: Por ahí cruzan diariamente personas, mercancías, trenes y materiales peligrosos.

Por eso, el simulacro binacional de emergencia química programado para el viernes 10 de julio no debe verse como un simple ejercicio protocolario, sino como una inversión en prevención.

La hipótesis elegida -el volcamiento de un carro tanque con ácido sulfúrico cerca de la garita Morley- refleja un escenario de riesgo realista para una región con intensa actividad ferroviaria y comercial.

En una contingencia de ese tipo, los minutos iniciales son decisivos y la diferencia entre una respuesta coordinada y una reacción improvisada puede traducirse en daños ambientales, afectaciones a la salud y caos en ambos lados de la frontera.

Lo relevante es que participan autoridades mexicanas y estadounidenses: Protección Civil Sonora, bomberos, policía, CBP y organismos de emergencia del condado de Santa Cruz.

Esa coordinación binacional es indispensable, porque las emergencias no reconocen fronteras ni trámites aduanales, afirma el titular de Protección Civil Sonora, Daniel Gámez Martínez.

En un contexto donde la seguridad pública suele acaparar la atención, vale la pena recordar que la protección civil también es seguridad. Prepararse para un accidente químico, un incendio industrial o una fuga de sustancias peligrosas es proteger vidas, infraestructura y actividad económica.

Ojalá estos ejercicios no se queden en la foto oficial ni en el boletín institucional.

Cada verano, Hermosillo enfrenta temperaturas extremas que ponen a prueba la resistencia de sus habitantes. Pero hay otro termómetro que también se dispara y preocupa: El de la economía de los pequeños comercios.

El llamado de la Unión de Comerciantes del Centro no es menor. Aseguran que durante esta temporada las ventas caen más de 50%, mientras que el costo de la energía eléctrica puede aumentar hasta 300%, una combinación que pone en aprietos a cientos de negocios familiares. A ello se suma la salida de estudiantes por el periodo vacacional, que reduce aún más el flujo de clientes en el primer cuadro de la ciudad.

El dato más preocupante es la advertencia de que más de 25 mil patrones se dieron de baja ante el IMSS el año pasado y que, de mantenerse las condiciones actuales, la cifra podría crecer durante 2026.

Si bien ese dato requiere contexto y una revisión de las causas específicas, refleja la percepción de un sector que siente que opera cada vez con menos margen para sobrevivir.

El problema no es nuevo. Año con año los comerciantes enfrentan el mismo ciclo: Menos consumidores en las calles, altos costos de operación y una carga regulatoria que consideran excesiva.

Sin embargo, las soluciones de fondo siguen pendientes. Incentivos temporales para el pago de electricidad, programas que incentiven el consumo local durante el verano y estrategias para atraer visitantes al Centro podrían aliviar parte de la presión.

Rubén López El comercio organizado, coordinado por Rubén López Peralta, genera miles de empleos y mantiene viva la actividad económica y social del Centro Histórico. Cuando un negocio baja la cortina no sólo pierde el propietario; también se afecta el empleo, disminuye la recaudación y se debilita la vida urbana.

El verano en Hermosillo siempre será intenso, pero el desafío consiste en evitar que las altas temperaturas se conviertan también en una temporada de cierres definitivos.

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