Cerro de La Campana
La decisión tomada por Estados Unidos de no renovar el T-MEC y más que el beneficio de los aranceles, lo que más inquieta en el empresariado de los tres países socios no es el tema de los aranceles preferenciales sino la certeza que daba a los inversionistas a largo plazo.

La decisión tomada por Estados Unidos de no renovar el T-MEC y más que el beneficio de los aranceles, lo que más inquieta en el empresariado de los tres países socios no es el tema de los aranceles preferenciales sino la certeza que daba a los inversionistas a largo plazo.
México seguirá con el tratado, pero lo que advierten los analistas es que ya no se tendrá esa estabilidad de 16 años que daba el acuerdo porque la administración de Donald Trump decidió ayer no extender automáticamente el acuerdo por otros 16 años y lo mantendrá vigente hasta 2036 con revisiones anuales.
Lo que explican es que eso tiene un impacto importante por lo que no se debe minimizar, como lo hace el Gobierno de que “no pasa nada” ni tampoco señalar como lo hace la oposición de que “es un fracaso absoluto”.
Tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, buscaron enviar un mensaje de tranquilidad al asegurar que México hará todo para evitar que este nuevo esquema se traduzca en incertidumbre para las inversiones, sin ceder en soberanía ni en decisiones que afecten a las familias mexicanas.
Sin embargo, los mercados tuvieron su propia reacción. Banamex estima que la incertidumbre asociada a la revisión del tratado ya restó 0.3 puntos porcentuales al crecimiento del PIB y anticipa que podría seguir limitando la inversión privada.
En el País, el empresariado lamentó la postura estadounidense y, por ejemplo, la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) lamentó la decisión estadounidense al considerar que reduce la estabilidad que requiere un sector estratégico para México. También los empresarios de Estados Unidos desde las pequeñas a las grandes empresas de todos los sectores llamaron a su gobierno a mantener el tratado.
Por cierto, los legisladores no quedaron ajenos a este anuncio del vecino país del Norte. Desde la oposición, Ricardo Anaya, Carolina Viggiano y Clemente Castañeda atribuyeron el escenario a la relación bilateral y a la estrategia del Gobierno en materia de seguridad, mientras Morena, con Gerardo Fernández Noroña, Ricardo Monreal y su dirigencia nacional, reiteró que el acuerdo sigue vivo y que no hay razones para hablar de crisis.
Para los que saben, ahora inicia para el T-MEC una década de revisiones anuales en la que cada negociación, cada diferendo político y cada elección en Estados Unidos representará un factor de inquietud para una economía mexicana que depende, como pocas, de la confianza para atraer inversión y generar empleo.
Bajo la lupa dicen que estará el dinero destinado a combatir la inseguridad. Al menos esa es la apuesta del Gobierno federal con la creación del Centro Nacional de Gestión y Vigilancia de Fondos de Ayuda Federal.
Es el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, cuya titular es Marcela Figueroa Franco, la instancia que emite un nuevo reglamento con los detalles de este nuevo órgano que promete supervisar el uso de los recursos de seguridad y, si detecta algo irregular puede promover la suspensión, cancelación o reintegro de los fondos.
En el papel, la medida se ve bien e incuestionable, pero queda la duda si sólo se harán auditorías sin sanciones concretas, pues hay que recordar que no han faltado señalamientos sobre recursos que no llegan a las patrullas, equipamiento, capacitación o tecnología, pero los casos quedan en el olvido sin consecuencias.
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