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Se juega Sonora futuro en T-MEC

Justo a la mitad del Mundial de Futbol 2026, se llevará a cabo la revisión conjunta formal del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC)

Javier  Villegas Orpinela

Justo a la mitad del Mundial de Futbol 2026, se llevará a cabo la revisión conjunta formal del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC), esto es el próximo 1 de julio fecha en la que se decidirá la continuación o modificación de los términos y la posible extensión del acuerdo.

La justa mundialista arrancará el jueves 11 de junio y concluirá el domingo 19 de julio.

La revisión del T-MEC no es una cláusula más en el calendario diplomático, es en realidad una prueba de estrés para el modelo económico del Norte de México y, en particular, para Sonora.

Lo que está en juego no es poca cosa; o nuestro Estado se posiciona como un nodo estratégico de la nueva geografía industrial de Norteamérica, o quedará atrapado en una versión reciclada y limitada de la vieja maquila.

La reconfiguración global de las cadenas de suministro, -acelerada por tensiones geopolíticas-, la guerra tecnológica entre EE.UU y China y las disrupciones postpandemia, ha colocado al T-MEC en el centro de una estrategia de seguridad económica regional.

Washington ya no solo busca eficiencia, exige resiliencia, trazabilidad y control sobre insumos críticos y eso implica producir más dentro de la Unión Americana.

Aquí es donde Sonora debe entrar con mucho empuje; con mucha fuerza.

Desde una perspectiva estrictamente económica, la revisión del tratado podría detonar una segunda gran ola de industrialización en Sonora.

Unas reglas de origen más estrictas obligarán a las empresas a sustituir insumos asiáticos por proveedores regionales, lo cual es clave.

Tal esquema abre una ventana inédita para la atracción de inversión extranjera directa, pero también para la relocalización de capital nacional. Sectores como el de autopartes, electromovilidad, dispositivos médicos, electrónica avanzada y semiconductores podrían encontrar en Sonora un territorio natural para expandirse.

Es un hecho que la proximidad con Arizona, la conectividad logística, la tradición manufacturera y la disponibilidad de recursos minerales estratégicos colocan a nuestro Estado en una posición privilegiada.

Aquí se le añade el potencial energético -particularmente solarque, bien gestionado, podría convertirse en una ventaja competitiva decisiva en una era donde la energía limpia deja de ser un valor reputacional para convertirse en requisito productivo.

Pero no debemos caer en el optimismo fácil, porque si el T-MEC abre puertas, también eleva el nivel de exigencia.

¿Qué riesgos tenemos enfrente? El más evidente es el estructural: Muchas de las plantas instaladas en México, incluyendo Sonora, siguen dependiendo de insumos importados principalmente de Asia.

Si las reglas de origen se endurecen sin una estrategia paralela de desarrollo de proveedores locales, el resultado podría ser contrario al esperado; esto es, pérdida de competitividad, aumento de costos y, en el peor de los casos, relocalización de operaciones hacia EE.UU o hacia estados mexicanos con mayor integración industrial,como Nuevo León o el Bajío.

Otro riesgo de peso es el energético; en este caso debe apuntarse que la nueva manufactura, particularmente la asociada a vehículos eléctricos y semiconductores, es intensiva en consumo eléctrico y exige, además, estabilidad y limpieza en el suministro.

Sonora tiene potencial, pero no cuenta aún con la infraestructura suficiente.

Sin inversiones aceleradas en generación, transmisión y almacenamiento, Sonora corre el riesgo de perder grandes proyectos en la mesa de negociaciones.

El agua es otro de los grandes riesgos; la industrialización sin planeación hídrica es una receta para el conflicto social y la inviabilidad productiva.

Sonora ya enfrenta estrés hídrico en varias regiones; así que apostar por el “nearshoring” sin resolver este cuello de botella sería irresponsable.

A esto se suma un desafío menos visible, pero igual de determinante que es el capital humano. La demanda de técnicos especializados, ingenieros y operadores calificados crecerá a un ritmo que el sistema educativo actual difícilmente puede satisfacer.

Sin una estrategia agresiva de formación, certificación y vinculación con la industria, la ventaja geográfica se diluirá rápidamente.

También está el riesgo político; la revisión del T-MEC no ocurre en el vacío, pues hay intereses electorales en EE.UU, tensiones regulatorias en materia energética y laboral, y una creciente presión de la Casa Blanca para garantizar condiciones de competencia equitativas.

¿Qué hacer en Sonora para salir bien librados?

Activar una política industrial clara, coordinada y ambiciosa, invertir en infraestructura energética e hídrica, concretar una estrategia agresiva de desarrollo de proveedores y acelerar permisos, decisiones y ejecuciones. Mucho por hacer; pero bien vale la pena.

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