Arengas, matracas y banderitas
Estamos viviendo las consecuencias de decisiones que se tomaron en el pasado, no tiene sentido negarlo.

Sergio Valle
Yo no sé si la Presidenta está o no entre la espada y la pared, como dicen algunos muy leídos analistas de la realidad nacional.
Sin embargo este conflicto en el que nos encontramos frente al Gobierno de los Estados Unidos no tiene precedentes en la historia de la relación con nuestros vecinos del Norte y al menos en secreto debió activar toda clase de mecanismos para aminorar el golpe que significa que miembros activos de la política mexicana estén siendo acusados de graves delitos en cortes norteamericanas.
Está claro que un problema de estas dimensiones no se resuelve con arengas en una plaza pública llena de gente con matracas y banderitas.
Sirve, eso sí, para mantener unida una base de apoyo de militantes y simpatizantes con los que se pretende evitar que la preocupación o el malestar social crezcan.
Pero a Donald Trump esas arengas lo tienen sin cuidado y en Palacio Nacional lo saben, por eso se especula tanto que mientras unos gritan en la plaza muchos otros están afanados intentando desactivar o aminorar el golpe que nos están dando como País.
Y mire, yo no sé usted, pero yo creo que eso es lo correcto. Me refiero a los presuntos intentos por darle una salida diplomática o lo más parecido a ello.
Estamos viviendo las consecuencias de decisiones que se tomaron en el pasado, no tiene sentido negarlo.
Hoy la señora Presidenta desahoga una intensa agenda de trabajo de tres días por el Estado de Sonora, con los respectivos espaldarazos políticos que se están viendo.
Entrega obras, da seguimiento a programas, anuncia apoyos, etc.
Está ella en lo suyo, en una agenda más amable.
Igual y hasta le sirve para relajarse un poco de las intrigas palaciegas.
La mayoría de la gente no sabe, ni tiene porqué saberlo, la gravedad de las acciones de Estados Unidos ni los alcances que esto vaya a tener.
Pero un Gobierno como el de la doctora Sheinbaum, de un País tan relevante como el nuestro, uno de los principales socios comerciales de la principal potencia económica y militar del mundo, con miles de kilómetros de frontera compartida tiene muy pero muy claras las dimensiones de lo que está sucediendo.
¡ANDAN PODEROSOS!
Esta es una semana de fiesta para los trabajadores de Grupo México en Sonora, que distribuyó entre su planta laboral más de 3,400 millones de pesos por pago de utilidades, más lo que se denomina un bono por convenio.
Son miles de millones de pesos entregados por una sola empresa que no están en manos de empresarios o inversionistas, sino en las de seis mil trabajadores y sus familias que ayudaron a elevar estándares de calidad, a mantener certificaciones y en un ambiente de paz laboral.
Fue en tres municipios donde esta empresa tiene sus operaciones que se entregaron estos recursos: Cananea, Nacozari y Esqueda.
No es un tema menor y vale la pena verlo desde la perspectiva de esas familias que mantienen una calidad de vida y de la derrama económica que esto implica para esas tres regiones de Sonora.
Se ha mantenido un ambiente laboral sano, una estabilidad que se traduce en productividad que a su vez se convierte en beneficios para empresa y trabajadores.
Y es que en medio de tantas leyendas no debe olvidarse que hay miles de familias que dependen de la actividad minera en Sonora.
Eso sin contar la cadena de valor de cientos de empresas que también generan empleos bien pagados en el sector.
Esos poco más de 3,400 millones de pesos representan una derrama económica para los cerca de mil comerciantes y prestadores de servicios locales de Nacozari, Esqueda y Cananea.
Prueba de que la paz laboral rinde mejores frutos que los eternos conflictos por los que apuestan personajes del pasado que se mantienen con vida artificial… pero ya están muertos.
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