Más que reformas, falta cumplir reglas
¿En verdad las reformas impulsadas por el actual Gobierno mexicano tienen como objetivo hacer más competitivo al País en todos los renglones?

Efecto Multiplicador
¿En verdad las reformas impulsadas por el actual Gobierno mexicano tienen como objetivo hacer más competitivo al País en todos los renglones?
En el debate público se menciona con frecuencia una idea recurrente; se subraya que para que el País dé el salto al desarrollo se necesitan nuevas reformas constitucionales.
Desde la cúpula del poder, se asegura que la Constitución debe cambiar para transformar la economía, la política y hasta al mismo Estado.
Sin embargo, la experiencia histórica de México y la evidencia internacional sugieren algo distinto. México no padece una escasez de reformas constitucionales; padece una escasez de instituciones que funcionen plenamente.
De hecho, pocas constituciones en el mundo han sido reformadas tantas veces como la mexicana. Desde la revolución de 1917 ha acumulado más de 700 modificaciones, incorporando reformas económicas, políticas, electorales, energéticas, judiciales y sociales. En términos formales, México ha intentado prácticamente de todo.
Pero el problema no está en la falta de cambios legales, sino en algo más profundo: la brecha entre las reglas escritas y la realidad institucional.
Los países que alcanzan niveles altos de desarrollo económico no se distinguen por tener constituciones más extensas o más reformadas. Se distinguen por algo mucho más difícil de construir, que son instituciones capaces de hacer cumplir las reglas.
¿Qué hacer para que México funcione como ‘relojito’?
Debemos contar con tribunales que resuelvan conflictos con rapidez y certeza jurídica; con policías y fiscalías que reduzcan la impunidad; también con burocracias profesionales que ejecuten políticas públicas con continuidad; con reguladores económicos que promuevan la competencia real; con sistemas de compras públicas transparentes y eficientes; con un fisco que reporte fielmente la asignación de los recursos público, etc.
En otras palabras, lo que falta en nuestro País no es necesariamente más ley, sino más Estado funcional.
GOBERNANZA ES CLAVE
Las que más cambian el destino de una nación no son las “reformas de moda”, sino las que elevan de manera persistente la productividad, la inversión, la innovación y la confianza. La evidencia comparada apunta a un núcleo muy consistente: Estado de Derecho, capacidad estatal, baja corrupción, regulación procompetencia, estabilidad macro-fiscal, capital humano e instituciones que sí implementan (que hacen lo que tienen que hacer).
Para el Banco Mundial (BM) la gobernanza importa porque determina si las políticas realmente se adoptan y se cumplen; la OCDE vincula instituciones sólidas con productividad y crecimiento y el FMI encuentra que las reformas estructurales elevan productividad, inversión y crecimiento potencial.
¿Cuáles serían las reformas más atinadas para construir un mejor País?
Las más adecuadas consideran la existencia y funcionamiento de un real estado de Derecho, el servicio civil profesional y burocracia meritocrática, instituciones anticorrupción que cambien incentivos y regulación procompetencia, así como la apertura a nuevos entrantes.
Otras reformas verdaderamente rentables son: La estabilidad macroeconómica con instituciones fiscales y monetarias creíbles, revolución de capital humano (educación, salud y habilidades), capacidad regulatoria e institucional para infraestructura, suelo y ciudades, sistema estadístico fuerte y Gobierno basado en evidencia e integración externa con estándares altos.
El BM señala que justicia y estado de Derecho son centrales para reducir pobreza y sostener prosperidad. Sin eso, suben los costos de transacción, cae la inversión de largo plazo y prosperan actividades rentistas en lugar de productivas.
La OCDE enfatiza que la corrupción frena inversión, competencia, emprendimiento e innovación, y termina dañando el crecimiento.
Además, la misma OCDE identifica a la productividad como el motor clave de los niveles de vida, impulsada por mejores habilidades, innovación y formas vanguardistas de organización.
El BM recalca que una mejor gobernanza regulatoria fortalece el entorno para la inversión y el crecimiento sostenible.
En suma, las cinco reformas más rentables para México (las de mayor retorno) son: Estado de Derecho y seguridad, servicio civil profesional y capacidad estatal, instituciones anticorrupción y compras públicas limpias, competencia económica y simplificación regulatoria, así como la educación técnica y superior vinculada a sectores productivos.
Entonces, lo que distingue a los países realmente prósperos no es sólo que tengan ‘más mercado’ o ‘más Estado’. Lo que los distingue es que tienen un Estado suficientemente fuerte para hacer cumplir reglas y suficientemente limitado para no capturar la economía. Tienen burocracias técnicas, tribunales funcionales, mercados competidos, inversión en conocimiento y políticas públicas con continuidad intergubernamental. Ese equilibrio institucional es lo que convierte crecimiento momentáneo en desarrollo duradero.
Lamentablemente la ‘reforma judicial’ y la electoral, tienen más fines políticos que otra cosa. A México lo siguen enredando.
Javier Villegas Orpinela es presidente del Colegio de Economistas de Sonora, director de Correo y Telegrama y profesor en el Departamento de Economía Unison.
Twitter: @JvillegasJavier
Facebook: Javier Villegas Orpinela
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