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¡Cuánto dilema!

Se acabaron los tiempos en que por un lado se negociaba con Estados Unidos y por otro se le ayudaba al Gobierno cubano.

Sergio Valle

Sergio Valle

Bueno, tenemos de nuevo visitas distinguidas en Sonora, en la persona de la presidenta de la República, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.

Quizá a la hora que usted lea estas líneas habrá ya inaugurado la carretera Bavispe-Nuevo Casas Grandes, obra prometida desde el inicio del sexenio del gobernador Alfonso Durazo y de la que particularmente él se debe sentir muy orgulloso porque significa un gran avance para su lugar de origen, además de lo que implique en materia de oportunidades para toda esa región.

Y luego a Guaymas a presenciar el nacimiento de un nuevo arrecife artificial en las costas sonorenses.

Qué bueno, qué suave, qué bien. No es broma, en realidad creo que son buenos eventos ambos y son leídos además como una demostración más del aprecio que la Presidenta le tiene al mandatario estatal.

¿Pero a poco nomás a eso vino?

Mire, una de las lecturas políticas de la visita presidencial tiene que ver con temas domésticos, que a muchos nos traen entretenidos, como es la definición de la candidatura de Morena a la gubernatura del Estado, para lo cual había ya dos aspirantes definidos, pero ahora ya no se sabe porque hay un levantadero de manos.

Y pasaría por la Presidenta porque esos son los usos y costumbres de la clase política mexicana, además de que se han dicho que ella tiene un favorito, que es el alcalde de Cajeme, Javier Lamarque Cano.

Sin embargo en algunos sectores del morenismo ya permea aquella vieja, pero muy vigente frase que dice que “para ser, hay que parecer”.

Y el señor Lamarque no termina de parecer Gobernador, entre otras cosas porque las versiones que salen desde las propias filas morenistas aseguran que el señor no se deja ayudar.

Porque no se trata nada más de tener (gracias a la Presidenta) la candidatura en la bolsa, suponiendo sin conceder que ese apoyo exista.

También hay que ganar la gubernatura, porque con todo y que el ahora partidazo tenga altas intenciones de voto no hay que confiarse.

Y luego hay que mantener la alcaldía de Cajeme, porque curioso sería que la ganara la oposición.

Y en el plano de la geopolítica mucho de lo que está sucediendo plantea retos interesantes para el Gobierno de la presidenta Sheinbaum.

El más reciente tiene que ver con la posición de los Estados Unidos frente al régimen cubano, donde se advierte que Donald Trump está determinado a impulsar, más temprano que tarde un cambio de Gobierno, acabar con el castrismo que domina desde la década de los sesentas.

Ahí es donde se presenta la disyuntiva para el Gobierno mexicano, tan proclive como siempre fue en prestar todo tipo de ayuda al Gobierno de Cuba, incluidos los envíos de petróleo que según se sabe han sido suspendidos.

Trump anunció esta semana que impondrá fuertes aranceles a los gobiernos que ayuden a la dictadura, lo cual supone un dilema para nuestro Gobierno, en tiempos donde estamos muy enfrentados con el vecino del Norte por el tema del combate a grupos criminales.

Además son momentos de revisión del tratado comercial, del cual nos hemos beneficiado mucho desde que fue firmado en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Algunos especialistas en el tema plantean que Sheinbaum tendrá que tomar partido.

Se acabaron los tiempos en que por un lado se negociaba con Estados Unidos y por otro se le ayudaba al Gobierno cubano.

O es una o es otra cosa, las dos al mismo tiempo ya no se pueden.

Quizá por ellos en su conferencia mañanera ofrecida desde Tijuana, Sheinbaum fue sumamente cuidadosa cuando le preguntaron del tema.

Ella dijo que estaban revisando los alcancen de una medida de ese tipo de parte de los Estados Unidos.

La lógica y el sentido común indican que ella deberá protegernos a nosotros, que somos sus gobernados, haciendo lo que sea necesario para ello.

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