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Cárdenas, litio y disparates

La Constitución de 1917 debía de ser el horizonte legal que le diera soporte, las recurrentes crisis que las compañías petroleras asentadas en la zona provocaban eran inadmisibles.

Un joven Lázaro Cárdenas, ya general y hombre de confianza del régimen, fue instruido por el presidente Plutarco Elías Calles en marzo de 1925 para que se hiciera cargo de la Región Militar que comprendía la Huasteca, enclave petrolero que sumaba importancia a la región. Ahí llegó con la tarea de hacer valer los principios de aquella Revolución que ya era Gobierno.

La Constitución de 1917 debía de ser el horizonte legal que le diera soporte, las recurrentes crisis que las compañías petroleras asentadas en la zona provocaban eran inadmisibles, estas no se detenían ante las autoridades o la legislación vigente, groseramente hacían gala de una prepotencia y arrogancia que ofendían a la Nación.

El presidente Calles había tomado la decisión de llegar incluso hasta al conflicto armado con los Estados Unidos; sorpresivamente y gracias a un espía mexicano -del cual nunca se ha conocido el nombre-, éste da la voz de alarma sobre la maquinación fabricada en el país vecino para invadir a México (1).

Al verse descubierto el Gobierno norteamericano releva al embajador en México y baja la intensidad de sus ataques, recompone su actitud ante el Gobierno mexicano y manda señales de conciliación.

Cárdenas, siguiendo fielmente las instrucciones, lleva a cabo las políticas del régimen para combatir los abusos de aquellas compañías, respetar derechos laborales y acabar con fuerzas paramilitares que las mismas empresas sufragaban. Es en esos años en los que se reencuentra con su paisano y amigo Francisco J. Mújica, quien junto a Luis Cabrera litigaba en la región a favor de empresas mexicanas y en contra de las firmas extranjeras. Los años que pasó Cárdenas junto a Mújica en la zona de conflicto fueron aleccionadores: El general se adentró en la problemática y además conoció los atropellos de quienes se sentían invulnerables ante la Ley y el Gobierno; las reflexiones de Mújica como revolucionario y su experiencia como constituyente fueron toda una pedagogía para el futuro mandatario.

Cuando Cárdenas asume la presidencia los problemas continuaban. Para entonces estas compañíasenvanecidas y retadoras deciden no acatar un laudo de la Suprema Corte, ahí la suerte de aquellas empresas petroleras llega a su fin.

El Presidente decide la nacionalización en marzo de 1938, acción que se vio con gran simpatía: El nacionalismo estimulado por una Revolución era tierra fértil para el júbilo nacional. Este era el clima nacional en el que Cárdenas expropió la industria petrolera, industria que existía y era muy rentable, en manos de potencias extranjeras y señalada por agravios que habían provocado infinidad de pugnas a lo largo de décadas. Los tiempos le favorecieron a Cárdenas, con los años esta medida se tornó en un canto épico y algo cursi de los muchos gobiernos que le sucedieron.

Lo que atestiguamos hace pocos días con la “nacionalización” del litio no es más que una caricatura de lo que hizo Cárdenas, algo predecible en el presidente López Obrador, quien tiene una formación de telenovela rosa en el campo de la Historia.

Lo dramático y grave para Sonora es que se anula un polo de desarrollo que prometía empleo, inversión, transferencia de tecnología y, lo más trascendente, la oportunidad de cambiar la realidad social y económica de una región alejada y deprimida en el Estado, Bacadéhuachiy zonas aledañas en la Sierra Alta.

Pareciera que el Gobierno del Estado no entiende que están para defender esas escasas oportunidades que se presentan para Sonora, no para aplaudir disparates.

1. Pérez Montfort Ricardo, Lázaro Cárdenas, un mexicano del siglo XX. Tomo I. Ed. Debate. Pág. 520. Versión digital.

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