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Llegó por unos meses a Mexicali, pero echó raíces; hoy comparte un pedacito de Colombia en cada taza de café

Karim llegó desde Colombia con la idea de permanecer poco tiempo en la ciudad; nueve años después abrió Fika Coffee Boutique, un espacio donde el café sirve para compartir cultura y crear comunidad entre los cachanillas.

Llegó por unos meses a Mexicali, pero echó raíces; hoy comparte un pedacito de Colombia en cada taza de café
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Mexicali, B.C–Cada mañana, antes de preparar el primer espresso del día, Karim Chujfi, dueño de Fika Coffee Boutique mantiene una tradición que resume la esencia de su cafetería: ofrecer una taza de café colombiano a toda persona que cruce la puerta, compre o no.

Karim explicó que ese pequeño gesto representa la hospitalidad con la que creció y la mejor forma de compartir un pedacito de su país con quienes hoy forman parte de su vida en Mexicali.

Hace nueve años llegó desde Pereira, Colombia, con la intención de permanecer solo unos meses para ayudar en el negocio de un familiar, pero con el tiempo cambió sus planes.

Karim dijo que la ciudad se convirtió en su hogar y aquella idea que durante años llevó consigo terminó por convertirse en Fika Coffee Boutique, un espacio donde una taza de café puede ser el inicio de una conversación entre desconocidos.

Foto: Juan J. Morales

Originario de una de las regiones cafetaleras más importantes de Colombia, Karim creció rodeado de fincas y productores de café.

El dueño de Fika dijo que el café siempre estuvo presente en su vida, por lo que cada vez que viajaba llevaba algunas bolsas para consumo personal.

Con el tiempo, amigos y conocidos comenzaron a pedirle que les vendiera un poco, sin imaginar que ese pasatiempo sería el primer paso para cumplir uno de sus mayores sueños.

“Yo siempre había querido tener un café. El año pasado por fin me animé y decidimos abrir”, recordó Karim.

Un pedacito de Colombia para Mexicali

Karim compartió que desde el inicio tuvo claro que no quería abrir una cafetería sin pensar en un objetivo claro, ya que su propósito era acercar a los cachanillas a los sabores de pequeños productores colombianos con quienes mantiene una relación cercana y, al mismo tiempo, compartir una parte de la cultura con la que creció.

Todo el café que tenemos viene de personas que conozco. Son amigos de la universidad, familiares o productores de mi región. Conozco sus fincas, sé cómo trabajan y quiero que la gente pueda probar algo diferente”, explicó el dueño de Fika.

Foto: Juan J. Morales

Karim aclaró que nunca ha buscado competir con el café mexicano ni afirmar que uno sea mejor que otro, indicó que su intención siempre ha sido mostrar que existen distintas formas de disfrutar una bebida que forma parte de la vida cotidiana de millones de personas.

Donde el café reúne personas

El nombre de su cafetería, “Fika”, nació inspirado en una palabra sueca que hace referencia a hacer una pausa consciente para disfrutar un café y convivir.

Karim encontró similitudes con la tradición colombiana de “tomar el algo”, un momento para reunirse con familiares o amigos, por lo que decidió convertir esa idea en la esencia del proyecto.

Karim destacó que la filosofía también se refleja en el diseño del lugar, con plantas, luz natural y un estilo minimalista, buscó crear un ambiente que contrastara con el paisaje desértico de Mexicali y permitiera a las personas desconectarse por unos minutos del ritmo cotidiano, algo que consideró como un oasis.

El nombre de su cafetería, "Fika", nació inspirado en una palabra sueca que hace referencia a hacer una pausa consciente para disfrutar un café y convivir.│Foto: Juan J. Morales

Sin embargo, el dueño de Fika dijo que el café nunca fue el único objetivo, ya que desde antes de abrir sus puertas imaginó un espacio donde las personas pudieran encontrarse, hacer amistades y compartir intereses.

Karim dijo que comenzó junto a clientes interesados en formar comunidad, a organizar clubes de lectura, talleres de bordado, grupos de corredores, bazares, talleres para elaborar velas y otras actividades abiertas al público.

Queríamos que siempre hubiera algo más que un café. Que la gente piense en Fika como un lugar para convivir, aprender algo nuevo o simplemente pasar un buen rato”, señaló Karim.

Foto: Juan J. Morales

Karim busca formar una comunidad, un espacio donde las personas se sientan cómodas con una taza de café y actividades culturales.

Entre sus planes, el dueño dijo que buscará acondicionar la terraza para realizar presentaciones musicales y seguir llenando el espacio de vegetación.

Karim llegó pensando que algún día volvería a Colombia, pero en la calidez de la ciudad que capturó el sol comparte los sabores de su tierra, donde cada taza que sirve es una invitación a detenerse, conversar y recordar que las mejores comunidades nacen de los pequeños gestos.

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