El Imparcial / Columnas /

Enojón

Al cerebro humano le conviene más perdonar que permanecer enojado y con conductas extrañas.

Miguel Ángel Lino

Al cerebro humano le conviene más perdonar que permanecer enojado y con conductas extrañas. Recurro al dicho que dice: Está científicamente comprobado que cuando el enojo se convierte en odio por lo general genera sed de venganza, lo cual no solo incide en causarle daño a otro; sino que el primer lastimado es el cerebro enojón.

Un enojo fuerte produce un incremento en la actividad de las neuronas del núcleo estriado ventral izquierdo y del régimen del lóbulo parietal, lo que causa agresividad que termina en depresión y, mientras más fuerte sea, puede ocasionar hasta un accidente cerebro vascular, porque, es de creerse, un enojo fuerte nomás no se anda con cuentos.

Cierto, hay de enojos a enojos y, para ser atinado diré que la mayoría no son peliagudos, porque surgen de causas nimidas o sea, “sin la menor importancia, chico”. Mucha gente se enoja “hasta porque voló la mosca”.

En cambio, hay otros que son de temerle al enojo que desemboca en ira en la cabeza prefrontal del cerebro, la cuál es la responsable de la toma de decisiones, el control de los impulsos y de la planeación; ya que disminuye la capacidad de análisis y dificulta el razonamiento lógico durante y después de los episodios de furia.

Asimismo, el enojo severo afecta el hipocampo y daña la memoria, lo que me hace recordar la consigna infantil que dice: “El que se enoja, pierde”, porque deteriora sus neuronas y, si es crónico, eleva la liberación de norodrenalina, dopamina y lutámaco que es el que permite que las neuronas eviten señales eléctricas y químicas entre sí; lo que facilita los procesos de aprendizaje y mantienen la memoria en estado digno de recordar. Sin olvidarme que también reducen los niveles de seratonina y vasopresina, incrementando la irritabilidad.

Quizá usted ya se olvidó de ese tipo de estrés llamado “oxidativo’ que está vinculado con la ira crónica que aumenta la ansiedad, la depresión y el deterioro cognitivo... nada más para que le vaya midiendo el agua a los frijoles que se le queman al enojón.

Ahora bien, y por lo habitual, las mujeres se enojan más rápido que los hombres; pero a la vez, se reponen más rápido de un coraje si reciben paliativos compensatorios estén o no relacionados con las causas del enojón. En cambio los hombres nos enmuinamos, molestamos, enfadamos o irritamos con menor frecuencia; pero cuando llega permanecemos en actitud de “todo o nada” si no se mejora aquello que causó el enojo; de lo contrario: “No hay limonada”.

Sin duda lo mejor para conservar la salud de nuestro cerebro será que perdonemos a quien o a quienes provocaron el enojo. En forma literal, “hay que echar los enojos fuera de nuestra cabeza... ¡Que por ahí está el cerebro!

LA PALABRA DE HOY: ENOJÓN.

Enojar proviene del latín vulgar que significa “causar aversión o fastidio”. Y, al agregarle el sufijo _on se convierte en adjetivo alternativo. Así que, si usted es muy quisquilloso y se enfurece demasiado seguido, se convertirá en un triste enojón.

*- El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí