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Nicaragua: advertencia para México

Las dictaduras no nacen siendo dictaduras. Nadie se levanta una mañana y descubre que perdió de golpe su Democracia.

Anita B.  de Ochoa

Las dictaduras no nacen siendo dictaduras. Nadie se levanta una mañana y descubre que perdió de golpe su Democracia. Para ello se dan primero unos pasos: Primero se debilita una Institución, después se controla otra, se descalifica al adversario, se persigue a periodistas y a quienes protestan y, cuando la sociedad quiere reaccionar, muchas veces ya es demasiado tarde. Veamos lo que sucede en Nicaragua:Daniel Ortega llegó nuevamente a la presidencia mediante elecciones. Hoy, después de casi veinte años consecutivos en el poder, su gobierno controla prácticamente todas las instituciones y para colmo, acaba de dar otro golpe alarmante: Una Reforma Constitucional impide que quienes sean considerados “traidores a la Patria” puedan participar como candidatos en las elecciones. ¿Quién decide quién es “traidor”? El propio régimen. De esta forma, se termina una Democracia, sin necesidad de anunciar oficialmente una dictadura.

Nicaragua no llegó hasta aquí de un día para otro. Cuando miles de ciudadanos protestaron en 2018, la respuesta del gobierno fue brutal.

La CIDH, documentó al menos 355 muertos, incluyendo 27 niños y adolescentes, además de detenciones arbitrarias y graves violaciones a los derechos humanos. Después vino la persecución de opositores, periodistas y organizaciones civiles.

También la Iglesia Católica pagó las consecuencias de levantar la voz. Sacerdotes y Obispos como el Obispo Rolando Álvarez, fueron detenidos o expulsados; críticos del régimen perdieron su nacionalidad y sus propiedades, miles de organizaciones civiles fueron clausuradas.

¿Cómo pudo Nicaragua llegar hasta semejante extremo? Porque el poder se fue concentrando poco a poco. Primero debilitaron los contrapesos. Después, algunas Instituciones dejaron de servir para limitar al gobernante y comenzaron a servir al gobernante. Y aquí es donde los mexicanos deberíamos poner atención. No estoy diciendo que México sea Nicaragua sino algo mucho más sencillo pero más importante: Debemos aprender de Nicaragua para nunca convertirnos en Nicaragua.

Cuando un gobierno pretende controlar contrapesos, descalifica permanentemente a quienes piensan diferente, cuando divide a ciudadanos entre “buenos” y traidores”, cuando las Instituciones pierden independencia y una sociedad comienza a acostumbrarse a que todo el poder esté concentrado en las mismas manos, debemos encender las alarmas.

Por eso también preocupa la cercanía política que el gobierno mexicano mantiene con el régimen nicaragüense. De hecho, la presidente Sheinbaum felicitó con “admiración y cariño” a Daniel Ortega por el importante 47 Aniversario de la Revolución. ¡Aguas! México debe ser solidario con los pueblos latinoamericanos. Pero esa solidaridad debe empezar por quienes luchan por su Libertad, no por quienes la esclavizan…

La lección de Nicaragua no es de izquierda contra derecha. Es de Democracia contra autoritarismo esta diferencia es fundamental porque las libertades que hoy consideramos normales,-votar, criticar al presidente, publicar una opinión, pertenecer a la oposición, manifestarnos,-parecen eternas mientras las tenemos. Cuando se pierden, pueden costar generaciones y mucho dolor.

Por eso, observemos Nicaragua. No para decir “Eso nunca pasará aquí”, sino para preguntarnos: ¿Qué hacemos HOY para que esto nunca nos suceda? Las dictaduras se construyen paso a paso. La Democracia también se defiende con valor y participación, de la misma manera.

¡Mujer mexicana Forja tu Patria!

*- La autora es consejera familiar.

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