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Las historias chicanas que se niegan a desaparecer

¿Se acuerdan cuando se estrenó “La Bamba”? Yo sí.

Beatriz  Limón

¿Se acuerdan cuando se estrenó “La Bamba”? Yo sí. Estaba en primero de secundaria y todavía recuerdo aquel cine del Centro Cívico a reventar. Fui en uniforme porque acabábamos de desfilar por el 20 de noviembre. Era 1987.

Hace unos días, mientras entrevistaba a David Alvarado, director de “American Pachuco: The Legend of Luis Valdez”, regresé a ese recuerdo. Porque detrás de aquella película que vi de adolescente estaba Luis Valdez, el hombre que no solo dirigió “La Bamba”, sino que abrió camino para que las historias chicanas ocuparan un lugar en el teatro, el cine y la cultura estadounidense.

Luis Valdez es mucho más que un dramaturgo, director de cine y activista estadounidense. Es el fundador de El Teatro Campesino y una figura fundamental del teatro chicano. Fue él quien llevó “Zoot Suit”, la primera obra chicana en Broadway, “a todo volumen” y “sin subtítulos y sin pedir disculpas”, como me dijo Alvarado.

Pero Valdez siempre ha hecho mucho más que películas. Desde sus primeros años de teatro en las líneas de protesta de los trabajadores agrícolas, junto a César Chávez y Dolores Huerta, entendió que contar historias también podía ser una forma de luchar. Él mismo viene de una familia de trabajadores del campo.

Hoy, a sus 86 años, Valdez vuelve a contar su propia historia. “American Pachuco” lo deja hablar desde su propia voz, a través de horas de entrevistas con el artista. Y la voz que narra la película es la de Edward James Olmos, quien vuelve a encontrarse con “El Pachuco”, ese personaje que Valdez creó para “Zoot Suit”.

El documental ya tuvo su primer gran encuentro con el público en el Festival de Cine de Sundance, donde recibió el Premio del Público en la Competencia de Documentales y fue nombrada Favorita del Festival.

Pero cuando le pregunté a Alvarado por los premios, su respuesta no se quedó ahí. Lo que recuerda de los estrenos del documental son los lowriders afuera de funciones agotadas en Fresno, los aplausos durante los créditos finales en el Área de la Bahía y tres generaciones de una misma familia sentadas en una sola fila.

Y quizá ahí está el verdadero reconocimiento para una película como esta: en la gente que se ve reflejada en la pantalla y decide compartir esa historia con quienes vinieron antes y con quienes vienen después.

“Creo que la gente tiene hambre de una historia en la que la respuesta a la injusticia sea la creatividad y la alegría, en lugar de la desesperación”, me dijo Alvarado.

Y hacia el final de la película, esa idea queda suspendida en una frase: “El punto no es solamente que los chicanos pertenecen a Estados Unidos, sino que Estados Unidos es chicano”.Les comparto esta historia, porque hay películas que no terminan cuando aparecen los créditos. Se quedan ahí, acompañándonos. Y la invitación está abierta, sin duda, esta es una película que vale la pena ver.

*- La autora es periodista inmigrante.

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