Antonio Orihuela: la poesía como conflicto
Es extraño encontrarse con un poeta cuyo apellido, Orihuela, nos remita al tronco mayor de la poesía española.

Es extraño encontrarse con un poeta cuyo apellido, Orihuela, nos remita al tronco mayor de la poesía española, es decir, al pueblo natal de Miguel Hernández, poeta de lo humano, autor de una poesía combativa, de protesta, que asume riesgos y que llama a las cosas por su nombre. Y aún más extraño es toparse con un poeta del siglo XXI que reivindique este espíritu de combate verso tras verso, porque tal es el caso de Antonio Orihuela (Moguer, España, 1965), poeta que ha nacido para exponer, sin tapujos, sin medias tintas, la realidad del mundo que, lamentablemente, nos ha tocado vivir a todos. Y su canto es, sin duda, el de un poeta a la intemperie, un poeta de la plaza pública: sin censuras ni autocensuras. Y, contra todo pronóstico, anarquista que no mide consecuencias, que gusta, alegre, de entrarle al barullo, al zafarrancho.
¿Por qué es raro que los poetas enarbolen una poesía de canto social, de himno de batalla contra las injusticias que nos rodean? Porque en los últimos treinta años se ha creado la idea de que el poeta no debe mostrarse solidario con la humanidad, con los miserables, con los inmigrantes, con los que quedaron al margen de la globalización. Que el poeta era su lenguaje, su perfección barroca del lenguaje, y no la vida que giraba a su alrededor; que el bardo no debía usar su obra para defender lo que le parecía necesario defender, con el propósito de luchar contra los abusos del poder, contra los dogmas de la clerecía, contra los que abominan de la libertad en todas sus formas. Esa no era la misión del poeta.
Pero esa es una de las principales misiones del poeta: dar la voz de alarma siempre y en todo lugar. Advertir lo que está mal y combatir toda clase de dictaduras con palabras encendidas. Sin embargo, es visible, en cada verso de Orihuela, un factor nuevo a tomarse en cuenta en esta clase de apostolado verbal. Si en sus reconocidos antecesores, el mundo en su ceguera, en su estulticia, les producía dolor y rabia a los poetas hispanohablantes del siglo XX (desde Pablo Neruda hasta Ángel González), en la poesía muy siglo XXI de nuestro autor un elemento se agrega de forma preeminente: el sentido cáustico del humor negro, la capacidad de reírse del mundo en su ridículo. Ya no estamos en la poesía retumbante que es marcha organizada, obra literaria al servicio de una causa. En nuestro tiempo, nos lo remarca Orihuela, somos menos radicales, tomamos el mundo con menos dramatismo. Ahora se critica desde las redes sociales, desde el Facebook, Instagram y X, que son el pan nuestro de cada día. Dios, la patria, el orden ya no son diques confiables a la hora del avance libertario. La poesía de Antonio Orihuela se escribe dentro de una comunidad ávida de comunicarse entre sí, anhelante de probar que no se requieren partidos o ideologías para demostrar que estamos hartos de toda clase de tiranías, desde las dictaduras mediáticas hasta los arcaicos autoritarismos de los usos y costumbres, pasando por la uniformidad apabullante y la guerra de todos contra todos. Y es que hoy somos tribus vagabundas en el desierto de los megabytes. Todo está aquí: en la pantalla de nuestra computadora, en el mensaje que mandamos por nuestro teléfono celular, en la noticia que nos llega al instante.
Para este nuevo mundo y para esta realidad en caos, la poesía de Antonio Orihuela está ni mandada a hacer. El yo poético de Orihuela es un yo que busca la convivencia sensible, sensitiva, no la masa acrítica, no el pueblo que sigue al líder del momento, a la estrella de moda. Poesía que tiene mucho de Bertolt Brecht y Jacques Prevert, mucho de Jaime Sabines y Efraín Huerta. Para decirlo a la española: Antonio está cabreado con un sistema obsoleto a toda escala (de lo locala lo mundial), que sólo existe para colmar los caprichos e intereses de las clases privilegiadas (sean políticas o empresariales) en el poder. En tal sentido, la obra poética de Antonio Orihuela es rama nueva de una vieja tradición contestataria y es, al mismo tiempo, punto de partida hacia otro mundo, hacia una nueva edad del verbo hecho humanidad, del verso hecho agitación permanente. Porque todo está aquí. Porque todo es ahora. Empezando con la indignación que elpoeta siente ante los males del mundo, ante las restricciones de la vida.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados