El Imparcial / Columnas /

La tragedia de Venezuela

Hay imágenes que no pueden dejar indiferente a nadie. Ver a una madre angustiada.

Anita B.  de Ochoa

Hay imágenes que no pueden dejar indiferente a nadie. Ver a una madre angustiada, escarbando con sus uñas entre los escombros buscando a su hijo…Escuchar a un padre gritar desesperado porque espera que debajo de una losa todavía puede haber vida. Ver cientos de familias que, de repente perdieron su casa, sus cosas, sus recuerdos y en muchos casos a quienes más amaban; niños sin sus padres, perdidos, llorando. Esta es la cruel tragedia que vive hoy Venezuela.

Frente a una tragedia de esa magnitud, uno esperaría ver a un gobierno organizado, instituciones preparadas y autoridades haciendo hasta lo imposible por salvar vidas; porque cuando ocurre un desastre natural como éste, cada minuto cuenta.

Sin embargo, muchas de las imágenes que han dado la vuelta al mundo muestran otra realidad.: Ciudadanos intentando rescatar a familiares, desconocidos o vecinos con sus propias manos, mientras la ayuda oficial llegaba tarde, resultaba insuficiente o nadie acudía. Pero… en medio de ese dolor apareció también lo mejor del ser humano. Personas comunes que, sin esperar órdenes ni reconocimiento, comenzaron como pudieron a remover escombros para salvar vidas. Uno de ellos, Wilmer Cruz, a quien llamaron: “El topo de La Guaira” con una pala, enorme voluntad y arriesgando su propia vida, logró sacar a 65 personas, y se convirtió en el símbolo de tantos ciudadanos que, viendo su valentía, siguieron su ejemplo. Y entonces, uno entiende algo: Las tragedias naturales no distinguen entre gobiernos de derecha o de izquierda. Lo que sí hacen, es poner al descubierto la calidad moral de quienes gobiernan. Porque un desastre puede ser inevitable, pero la magnitud de sus consecuencias, muchas veces depende de años de prevención, de planeación, de instituciones fuertes, de construcciones seguras y sobre todo, de gobiernos que administren con honestidad los recursos públicos.

Porque cuando durante años se solapa la corrupción, y se debilitan los organismos encargados de atender emergencias, cuando el dinero destinado a proteger a la población, termina quién sabe dónde, las tragedias dejan de ser solamente naturales, también se vuelven humanas. Y esa es quizá la lección más dolorosa que hoy nos deja Venezuela. Durante años se nos prometió gobernar para el pueblo. Nos hablaron de Justicia Social, Igualdad y bienestar. Pero si en el momento en que los ciudadanos necesitan más al gobierno, y éste falla, demuestra con hechos que todo fue un cruel engaño y una burla.

Ningún país está exento de enfrentar un terremoto, huracán o inundación. México lo sabe muy bien. La diferencia no la hace la naturaleza, sino las decisiones que se toman mucho antes de que ocurra la tragedia. Por eso nos preocupa cuando vemos desaparecer instituciones, y reducir presupuestos destinados a la protección civil, ya que los pueblos no se destruyen solo por la fuerza de la naturaleza, también cuando la corrupción sustituye a la responsabilidad, la improvisación reemplaza la planeación y al poder le preocupa más su imagen que la vida de sus gobernados.

Hoy nuestra solidaridad y oraciones están con el pueblo venezolano y ojalá tengamos la humildad de aprender de su dolor. Porque las grandes tragedias dejan siempre una enseñanza y la inteligencia de los ciudadanos consiste en aprenderla... antes que sea demasiado tarde.

¡Mujer Mexicana forja tu Patria!

*- La autora es consejera familiar.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí