Acercamientos a lo fronterizo
Por mucho tiempo los escritores de la frontera norte de México se quejaron de su invisibilidad forzada.

Por mucho tiempo los escritores de la frontera norte de México se quejaron de su invisibilidad forzada, de que cada vez que se realizaban congresos sobre literatura fronteriza o se publicaban antologías y libros sobre el mismo tema, no se hablara de ellos y de sus obras sino de autores chicanos que no vivían en la frontera pero que, según los especialistas, se les adjudicaba el ser representantes de la literatura fronteriza porque sus padres o ellos mismos cruzaron la frontera, entre México y los Estados Unidos, en algún momento de sus vidas.
La literatura de la frontera era, para los estudiosos de ambos lados de la línea fronteriza, simple y llanamente una litebían los escritores mexicoamericanos como memorias de familia o ficciones de su travesía rumbo al paraíso de los dólares. Una etapa. Un episodio. Esto es: la literatura fronteriza no consideraba a los autores que residían en la propia franja fronteriza sino sólo a los literatos que la habían cruzado y ahora vivían en Denver o Chicago.
Esta limitada interpretación de lo fronterizo provocaba que los escritores que realmente habitaban la frontera (y creaban sus obras a partir de una experiencia de vida permanente) no se les tomara en cuenta a la hora de analizar la literatura fronteriza y, a la vez, no se les estudiara no únicamente por parte de la academia estadounidense, sino que se les desdeñara desde la propia academia mexicana y desde la crítica literaria nacional. Lo fronterizo era visto, a nivel del centralismo cultural de la ciudad de México, como algo de tierra adentro (aunque en verdad era una literatura de la periferia, de los extremos). De ahí su forzada invisibilidad, su obvio ninguneo.
Pero esto va a cambiar a partir de que la generación de los años ochenta del siglo XX hace su aparición en la franja mexicana fronteriza. Y es que esta generación de literatos que escriben, desde la frontera misma, empiezan a ser demasiados como para ser ignorados y sus obras ubican a la literatura que hacen como literatura de frontera. En congresos y encuentros literarios, autores como Gabriel Trujillo Muñoz, Sergio Gómez Montero, Leobardo Sarabia, Humberto Félix Berumen, Socorro Tabuenca, Rosario San Miguel, Rosina Conde, Miguel Ángel y Jorge Humberto Chávez, Manuel Valenzuela y muchos más se dan a conocer como representantes de la literatura de frontera con poemas, ensayos, crónicas, cuentos, novelas y estudios culturales.
La batalla no es fácil y no se gana pronto, hay que reconocerlo. Entre 1981, cuando en Tijuana se celebra un congreso de literatura fronteriza dominado por la visión de que lo fronterizo equivale a lo chicano, hasta el congreso de literatura de las fronteras en 1990, son 10 años de lucha por hacer que la crítica literaria y la academia estadounidense y mexicana (especialmente la UNAM y el Colegio de México) reconozcan que la literatura fronteriza es la que inventan, día con día, los propios escritores fronterizos.
Para principios del siglo XXI la situación va cambiando, en especial en Estados Unidos, con antologías y estudios de Claire Fox, Tom Miller, Paul Fallon, Mark Weiss, Mario Martin, Phillip Round, Andrew Grant, Pablo Villalobos, José Salvador Ruiz y Edgar Cota. A ellos se suman investigadores y periodistas de otras partes del mundo como Diana Palaversich en Australia, Nuria Vilanova en España, Sawhney Minni en la India, Ute Evers y Frauke Gewecke en Alemania, Pino Cacucci en Italia, Akira Sugiyama en Japón, Anais Fabriol, Cathy Fourez y Céline Leroux en Francia. En cambio, en México, en nuestro propio país, los interesados en la literatura fronteriza son pocos: Anamari Gomis y Miguel Rodríguez son los que más la han difundido por medio de cursos y ensayos.
Hoy las evidencias apuntan a un reconocimiento de que la literatura fronteriza no es la literatura chicana sino la que se escribe desde la frontera misma (independientemente de su temática) por autores que la viven y padecen, que la viven y disfrutan, y que desde aquí estudian la utopía de un nuevo comienzo, de una realidad vertiginosa, de una epopeya colectiva que merece ser contada y cantada a todo el país. Y eso lo podemos comprobar con autores de todas las tendencias y géneros, desde la narrativa policíaca a la poesía confesional, pasando por escritores que se decantan hacia la literatura de terror, la ciencia ficción y la novela de vaqueros. Todo cabe en la frontera sabiéndolo imaginar.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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