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Vicentito, te fallamos todxs

El caso del niño Vicente puso en relieve que una tragedia puede ser capitalizada negativamente en varios sentidos bajo el pretexto del dolor y la rabia colectiva.

Jorge  Heras

El caso del niño Vicente puso en relieve que una tragedia puede ser capitalizada negativamente en varios sentidos bajo el pretexto del dolor y la rabia colectiva: la sobre exposición mediática con fines lucrativos (vistas, likes y monetización); resaltar fallas “morales” o “éticas” del prójimo buscando cambios de postura en temas de justicia (tumbar la perspectiva de género en las sentencias de jueces); el activismo de ocasión con fines ideológicos y hasta buscar falsa empatía y popularidad como representante popular.

Y es que nada más haga memoria lo que ha visto en estas dos últimas semanas: linchamiento en redes sociales para el padre y la madre; admiración de lo que “nunca” nos podría pasar en una situación así; falta de empatía con la familia del niño fallecido; uso político y activismo para encausar reformas que beneficien a un sector de la población y hasta ocurrencias de representantes populares.

Lo curioso es que a diferencia de los debates estériles que preponderan cada semana, en esta ocasión se trata de la vida de un niño, la desgracia de una familia y la tragedia de una ciudad. Y en ningún momento nos hemos volcado a la concientización de que este tipo de muertes le puede ocurrir a otra familia y que se necesitan medidas preventivas y cambios hasta en el sistema de justicia.

Los delitos e irresponsabilidades deben sancionarse por el sentido más práctico de obtener justicia, de eso no le queda duda a nadie. Pero, la solución integral o definitiva para erradicar este tipo de tragedias o crímenes no se soluciona con el endurecimiento de los castigos o con la obtención de la pena máxima y el escrutinio mediático y social, pues la evidencia científica y la experiencia de otros países nos indica que estas medidas no desalientan a quienes cometen estos delitos.

Pongámoslo de manera sencilla, si Juan Carlos y Roxana no estuvieran separados y no vivieran una relación tóxica, la muerte de su hijo Vicente no tendría a la mamá en la cárcel en la víspera de una sentencia que puede llegar a los 15 años de prisión. Desgraciadamente, la muerte como la de Vicente no es la primera vez que ocurre en Mexicali; pero, sí es la primera vez que no le dan la denominada Pena Natural.

Nos queda claro que el sistema de justicia debe cambiar, y no por la visión ultraconservadora de eliminar la perspectiva de género, pues justamente el machismo de las y los jueces han hecho que históricamente piensen que las mujeres son mejores cuidadores por su “naturaleza” que los hombres, lo cual es rotundamente falso.

Sin embargo, no solamente se deben de hacer obligatoriamente exámenes psicológicos al padre y a la madre en un juicio de patria potestad (como no sucedió en el caso de Vicente), también se debe analizar los históricos de violencia y se debe juzgar con protocolos de perspectiva de infancias velando el interés superior de menor de edad. Las capacitaciones del Poder Judicial sobre perspectiva de género son pésimas y que hiciste una resistencia machista de la mitad de los juecesy juezas.

Nos quedó claro que el cuadro de ansiedad y estrés de Roxana no la hacían apta para tener la patria potestad de Vicente, pues incluso sí podría tener Síndrome del Niño Abandonado. También con el historial de violencia (dos denuncias, una de ellas judicializada) y detenciones de Juan Carlos tampoco era lo idóneo para tener la patria potestad.

REFLEXIÓN EN VOZ ALTA: Esto no es un Pumas vs América o un PAN vs MORENA, el discutir la muerte de un niño como Vicente no se trata de escoger entre el bando de Roxana o el de Juan Carlos, ambos están mal. Es analizar a fondo y concientizar para que otro niño no se muera en las mismas condiciones.

*- El autor es periodista de Baja California.

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