Ricardo Covarrubias y el tiroteo fatal
Para mediados de 1923, la estrella política de Ricardo Covarrubias ya no era tan prístina como antes.

Para mediados de 1923, la estrella política de Ricardo Covarrubias ya no era tan prístina como antes. Aunque seguía siendo una fuerza poderosa como líder del Partido Liberal Rojo, sus intrigas en el municipio de Mexicali estaban dividiendo a la opinión pública en relación a si su presencia era un factor de unión o de desunión entre los bajacalifornianos. Como tenía metida las manos en los tejemanejes de una de las facciones más rijosas entre los regidores del ayuntamiento de la ciudad capital de Baja California, era él quien dictaba el rumbo de las discusiones políticas en la comuna, haciendo sentir su peso en enmiendas, leyes, permisos y autorizaciones de todo tipo.
Esto le daba un gran poder porque si los políticos y empresarios no se alineaban a su favor podía castigarlos con leyes que cerraran sus negocios. Recuérdese aquí que era una época en que los políticos eran, mayoritariamente, comerciantes que lucraban con sus negocios en sus puestos públicos. Si se decretaban leyes que les impedían abrirlos eso era un ataque directo a sus intereses y ganancias. Todos esto creó, en el transcurso de 1923, un caldo de cultivo donde ebullían odios cada vez más agresivos y la violencia parecía estar esperando su hora para manifestarse. El desenlace de tales fricciones al interior del ayuntamiento mexicalense explotaría el 14 de julio de 1923, cuando en plena vía pública se dio un enfrentamiento entre los seguidores de don Ricardo y la policía local.
El problema empezó cuando Covarrubias y su pandilla tomó el edificio del ayuntamiento y fueron rodeados por la policía. El tiroteo que siguió dejó numerosas víctimas entre muertos y heridos. De los muertos quedaron, según el Calexico Chronicle del 16 de julio de 1923, los siguientes: Guillermo Guillén, subinspector y subjefe de policía. Eustorgio Macedo, policía. Carlos García, policía”. Mientras que los heridos fueron: “Juan Loera, presidente de Mexicali. Quirino Luna, concejal. Donaciano Alejo, concejal. Ricardo Covarrubias, diputado del distrito norte Jesús Manríquez, policía. Marcos Villegas, cabo de policía. Silvestre Viguero, policía. Bernardo García, policía. Enrique Mérida, concejal. M. Meza, espectador”.
En el mismo periódico se daba cuenta de cómo fue el zafarrancho en plena vía pública y cómo afectó incluso a los testigos del mismo por la balacera que puso en pánico a la población de Mexicali. Por vez primera, un tiroteo en la calle no tenía que ver con una acción revolucionaria o con un intento criminal, sino que había sido llevado a cabo por los ilustres políticos del momento, personas que llevaban rimbombantes apellidos, que formaban parte de la elite en el poder del Distrito Norte. En su descripción pormenorizada, el Calexico Chronicle apuntaba cómo habían ocurrido los acontecimientos: “El hervidero de odios, malentendidos políticos y personales que ha agitado los asuntos municipales de Mexicali durante los últimos meses, se desbordó el sábado por la noche, con el resultado conocido de tres muertos y entre doce y catorce heridos en un tiroteo que duró unos cinco minutos cuando los miembros de la facción de Loera del ayuntamiento, atrincherados en el palacio municipal, se enzarzaron en una batalla campal con la policía municipal. Los doscientos disparos fueron efectuados por las facciones enfrentadas. La continuación de la lucha sólo se evitó cuando varios camiones cargados de soldados, al mando del teniente Osuna, acudieron al lugar y se declaró la ley marcial en los alrededores delayuntamiento”.
Visto lo anterior, la figura de RicardoCovarrubias, ese jugador de ajedrez queusaba a los seres humanos como peones desu juego político, se vio aun más vilipendiada por la opinión pública. Su acto de apoderamiento del edificio municipal fue la causa que provocó tantas muertes y que dejó amuchas familias mexicalenses en la viudezy en la orfandad. Los demás participantesacabaron en hospitales y prisiones, pero ensu caso ninguna autoridad podía detenerlo pues gozaba de fuero como diputado. DonRicardo terminó siendo curado de una herida en el pie y siguió su labor denunciandoque su facción eran las víctimas. El subjefe de la policía, Guillermo Guillén, antes defallecer, dijo que quien le había disparadohabía sido Covarrubias.
El tiroteo también causó curiosidad entre los turistas de la industria del vicio, elChronicle aseguraba que, después de la balacera, hubo aglomeraciones de estadounidenses y mexicanos que esperaban, ansiosos, a que se reanudara el tiroteo como siéste fuera un espectáculo para su entretenimiento y diversión. Pero para muchos otros,aquello fue simplemente una tragedia.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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