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Zona Sísmica

Ya se verá si el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum a los aspirantes morenistas genera una cascada de licencias o renuncias.

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Renuncias a tiempo

Ya se verá si el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum a los aspirantes morenistas genera una cascada de licencias o renuncias pues la mandataria fue clara que si quieren ir por un cargo deben separarse de sus funciones con anticipación.

Aunque sin especificar los tiempos de cuándo deben dejar esos cargos, sí fue clara cuando sentenció: “No se puede ser servidor público y al mismo tiempo candidato, precandidato o querer ser coordinador de la transformación en un estado, en un municipio o en una diputación”.

De cara a las elecciones de 2027 para la renovación de 17 gubernaturas, incluida la de Sonora, de la Cámara de Diputados, diputaciones locales y presidencias municipales, no sólo los aspirantes de Morena si no de varios partidos están en plena actividad a lo largo y ancho del País en busca de mejorar su posicionamiento y popularidad cual si fueran candidatos. Ante eso, la presidenta Sheinbaum externó ayer su postura en la conferencia de prensa de ayer al explicar que no se puede ejercer una responsabilidad en un cargo público a la vez que se participa en un proceso interno de un partido.

Aunque muchos ciudadanos coinciden con esa postura porque hay leyes e institutos electorales para evitar los actos anticipados de campaña, también hubo quienes recordaron que también la hoy mandataria hizo recorridos previos por el País previo a tener la candidatura.

ESCUELAS Y SALUD MENTAL

Lo ocurrido en la Secundaria Diurna 2 de Ensenada no puede asumirse como un episodio aislado de alarma escolar. La difusión de amenazas por parte de un estudiante, que derivó en la suspensión de clases y movilización de autoridades, es también el síntoma de un problema más profundo: la incapacidad institucional para detectar, contener y atender a tiempo situaciones de riesgo dentro de las escuelas.

La reacción inmediata de cancelar clases, emitir mensajes de tranquilidad y deslindar responsabilidades es lo mínimo requerido, pero no es suficiente.

La verdad es que esta historia pone en evidencia otros temas que tal vez no se han atendido como se debe, al menos en esa institución educativa en particular.

Porque detrás del hecho hay preguntas incómodas: ¿Qué señales previas se ignoraron?, ¿Qué protocolos fallaron?, ¿Quién acompaña realmente a los estudiantes con conflictos emocionales o antecedentes de violencia?, son algunos de los cuestionamientos, pero hay otros. ¿Qué orilló al joven a asumir tal actitud?, ¿Qué acciones han tomado las autoridades educativas en contra de los presuntos malos tratos de maestros hacia el joven?

El problema parece ir más allá de solo diseccionar el comportamiento de un alumno inconforme. El asunto amerita que autoridades educativas, de seguridad, maestros, alumnos y padres de familia se sienten a realizar un profundo análisis de lo que ocurre en el entorno escolar y, si así lo amerita, tomar serias cartas en el asunto. La llamada de atención que representa el caso que hoy preocupa a la comunidad en Ensenada no es menor.

Más allá del caso concreto, lo que está en juego es la capacidad de las escuelas para ser espacios seguros en un contexto donde la violencia social se filtra cada vez con más facilidad. Son necesarias herramientas que permitan a los estudiantes atender problemas de salud mental a tiempo.

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