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Descombobulador

Para mis gustos y entenderes, la palabra descombobulador -además de desconocida y muy rara es irremediablemente feísima.

Miguel Ángel Lino

Para mis gustos y entenderes, la palabra descombobulador -además de desconocida y muy rara es irremediablemente feísima. Y no solo la impugno por su compleja escritura y dificultosa pronunciación; sobre todo, por el belicoso significado que se le ha endilgado. Pero antes de exponerlo, no puedo dejar de señalar que se me revolvió el hígado al ver a Trump poniéndola en circulación de manera presuntuosa dentro de una conferencia de prensa en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Y yo -modificando el refrán- digo: “Donald sale hablar cuando tendría que callar”.

El abigarrado concepto tampoco se salva en inglés: “discombobulator, con el que fue bautizado al armamento secreto que aturde a las personas e interfiere en los sistemas de defensa y que fue utilizado por el ejército estadounidense durante la captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro. Por ello, puedo afirmar -sin medias tintas de por medio- que los gringos aparte de intervencionistas también fueron alevosos y ventajosos...

Porque, antes de enfrentar a los guardianes venezolanos los atolondraron y les nulificaron su equipo de radares; por lo cual no pudieron detectar a tiempo los drones y helicópteros del invasor sobrevolando Caracas. Así fue como se propició el secuestro de Maduro y de su esposa, Celia Flores, en un evento operado por control cibernético que imposibilitó la acción militar venezolana y el despegue de sus cohetes -dizque chinos y rusos-, conforme a lo que fue declarado en forma muy ufana por el autócrata Donald Trump.

Una sarta de peliagudas funciones ejecuta el intrincado descombobulador, que los que saben del tema lo detallan como “sofisticado armamento sónico con un sistema pulso electro magnético de banda ancha de localización e interferencia de alta potencia”... yo, con solo leerlo, me quedé pasmado.

Ahora bien, para fortuna de quienes nos comunicamos con el vastísimo idioma español -tanto en forma académica como cotidiana y coloquial- tenemos el término preciso para sustituir y hasta erradicar al ingrato vocablo descombobulador que es la palabra desconcentrador, que es igual de larga; pero evidentemente mucho menos complicada. La cual, con toda sencillez, equivale a perturbador, alterador y desorientador...

Por favor no vaya a creer que mi opinión se basa en un aferrado nacionalismo. ¡No, para nada! Mi afán se finca en la utilización de nuestro amplio, expresivo y diverso vocabulario. Y -en mis artículos- hay evidencia de sobra de que soy aficionado a que surjan y se incorporen nuevas palabras al tumbaburros (expresión festiva y muy mexicana de llamarle al diccionario); pero, lo que nomás no me cuadra es el uso de voces inexpresivas e impronunciables. Palabras que se dicen por vano alarde de erudición; aquellas que casi nadie entiende si no son explicadas.

LA PALABRA DE HOY: DESCOMBOBULADOR

Se trata de un neologismo en español que procede del verbo en inglés “to discombobulate” que significa desconcertar y desorientar; del que surge el abigarrado concepto“ discombobulator” el que de manera automática, arbitraria y simplista fue traducido a nuestro idioma con la chocante extraña y compleja palabra descombobulador.

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