Ser periodista en la frontera

|Desde que empezaron a publicar noticias, hacia 1914-1915, los periodistas mexicalenses se singularizaron en sus palabras ya acciones. Eran, a no dudarlo, una mezcla de esforzados caballeros andantes y forajidos en despoblado. Pero entre todos ellos contribuyeron a conformar la identidad de la ciudad capital de Baja California. Y lo importante a destacar es que ese oficio de compilar informaciones y darlas a conocer en nuestra región sigue hasta nuestros días. Yo he escrito varios libros al respecto. El primero fue La canción del progreso. Vida y milagros del periodismo bajacaliforniano (1999) y Con muchos riesgos. Historias del periodismo mexicalense 1914-1964 (2024), entre otros.
Ahora bien, Con muchos riesgos contribuye al estudio de los medios de comunicación de nuestra entidad, ofreciéndonos una travesía por sus más controversiales periodistas (Billy Silver, Ricardo Covarrubias, Héctor González, José S. Castillo, Ángel Zaldívar, José Castanedo, entre muchos otros), por sus periódicos sumisos o críticos a los gobiernos en turno, por sus escaramuzas con los funcionarios públicos, la ley y la justicia. Al ir leyendo las situaciones que vivieron, nos encontramos que los periodistas mexicalenses pasaron tanto tiempo en la cárcel o ante los tribunales defendiendo sus causas como en la mesa de redacción de sus respectivas publicaciones.
La historia que en estas páginas se relata es una crónica de luchas y cortesanías, de agendas políticas al servicio de tal o cual facción, de campañas siniestras contra los revolucionarios o los chinos, de momentos de dignidad y de oprobio que no podemos pasar por alto. La figura del periodista no es siempre la del héroe inmaculado que busca difundir la verdad. En muchas ocasiones lo que descubrimos es la corrupción del cuarto poder, su uso para obtener prebendas, para extorsionar, para zaherir al adversario ideológico sin medir las consecuencias. Y las consecuencias iban desde palizas a duelos a muerte, desde lograr un puesto político hasta acabar en prisión. A veces los periodistas fueron las víctimas, pero en varias ocasiones también fueron cómplices en la represión de sus colegas, tal y como sucedió en 1924 y en 1955, cundo las ligas periodísticas actuaron no como defensoras del gremio sino como instrumentos del poder en turno.
No hay que olvidar, entonces, que el periodismo pionero, el que surgió en publicaciones como The Harpoon, The Rounder, La Vanguardia, El Monitor, Mercurio, El Regional, El Tecolote, Minerva, Momo, ABC o Nuevo Mundo, es fiel reflejo de sus respectivas épocas, de sus métodos de trabajo. En el caso de Mexicali, su prensa original fue representada por publicaciones en inglés y español que buscaban como lectores a los residentes de ambos lados de la frontera, la mayoría de los cuales sabían leer y escribir en ambos idiomas. Prensa bilingüe, con un ojo al gato y otro al garabato.
Para los años treinta y cuarenta del siglo XX, las publicaciones escritas exclusivamente en español ya dominaban el mercado editorial de la capital del Distrito Norte. Sus lectores ya no eran sólo las capas privilegiadas de la sociedad fronteriza sino la población en general, lo que incluía jornaleros, obreros y migrantes recién llegados de todos los rumbos de México. En 1964, cuando este recuento termina, Mexicali ya era una urbe moderna con un periodismo a la altura de sus necesidades cosmopolitas. Esta crónica breve sobre un oficio mayor busca contar los cambios que la prensa mexicalense dio testimonio, examinando los desafíos y batallas en que se vio envuelta a lo largo de sus primeros cincuenta años de trabajo público.
El estudiar a la prensa mexicalense nos permite comprobar que el ejercicio de la historia bajacaliforniana siempre ha tenido como base el trabajo periodístico, la práctica literaria de muchos de sus practicantes, quienes lo mismo escribían artículos de opinión, reportajes y poemas que hoy son fuente imprescindible para conocer el pasado de esta población fronteriza. Este libro es un homenaje a los logros y tropiezos, a las pérdidas y ganancias que estas generaciones de periodistas experimentaron. Ya Francisco Bernal los definió como “una plaga de necios que por aquí abunda”. Como se quiera definirlos, este grupo de buscadores de noticias hay que tenerlos presentes como relatores de nuestro desarrollo como sociedad fronteriza. Hay que verlos no como unos héroes de la verdad sino como negociantes de la misma, como intermediarios entre los poderes de facto y la ciudadanía. A veces lucharon por la sociedad y a veces cobraron por darle la espalda. Su periodismo siempre tuvo dueño. Tal vez fueron necios pero, reconozcámoslo, nunca fueron tontos.
*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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