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El año 2026 se erige como la encrucijada definitiva para el futuro industrial de México.

Salvador Maese Barraza

El año 2026 se erige como la encrucijada definitiva para el futuro industrial de México. Cuando en julio de ese año se active la primera revisión formal del T-MEC, no será simplemente una cita diplomática más, sino el momento que definirá el destino del modelo exportador mexicano en las próximas décadas.

Como bien advirtió Nadia Montes de Oca, senior portafolio manager de Franklin Templeton, “la negociación del T-MEC se perfila como el principal riesgo para México en 2026, pero es previsible que pase la prueba sin tantos obstáculos”.

Esta aparente contradicción entre riesgo y oportunidad es precisamenLa enseñanza es un arte y una ciencia que requiere de la dedicación y el compromiso, resaltando la importancia de enseñar y la necesidad de ser conscientes de nuestras limitaciones en este ámbito.

A inicios de los años ochenta, pertenecía al 22º Regimiento de Caballería, en el Ejercito Mexicano, destacado en la ciudad de Aguascalientes, cierto dia me llamaron te lo que caracteriza este momento histórico para nuestra industria de exportación.

El proceso establece que en 2026 los tres países socios decidirán si extienden el tratado por 16 años más, pero los expertos anticipan un escenario considerablemente más turbulento.

La administración estadounidense probablemente buscará endurecer las reglas de origen, particularmente para los sectores estratégicos como el automotriz y el tecnológico, mientras se perfila la posibilidad de que las negociaciones se prolonguen hasta 2027.

No debemos subestimar la advertencia de Jaime Serra Puche, arquitecto del TLCAN original, quien ha calificado la postura estadounidense de “absolutamente irracional” y prevé que este proceso bien podría convertirse en una renegociación completa que incluya temas delicados como el energético.

Paradójicamente, este escenario de incertidumbre negociadora contrasta con el desempeño excepcional de nuestro sector exportador. Las exportaciones manufactureras alcanzan niveles récord, impulsadas por un crecimiento del 34.8% anual en sectores no automotrices, especialmente equipos de cómputo y componentes eléctricos, alimentados por el boom de la inteligencia artificial en Estados Unidos. Simultáneamente, la Inversión Extranjera

Directa alcanza cifras históricas de 41,000 millones de dólares, demostrando la confianza de los mercados en el potencial manufacturero de México. Sin embargo, esta aparente bonanza esconde vulnerabilidades críticas: el sector automotriz, nuestro emblema histórico, sufre los embates de aranceles del 25% con caídas del 14% en sus envíos, mientras la consolidación del nearshoring enfrenta obstáculos internos en infraestructura, logística y energía.

Frente a este panorama complejo, México debe articular una estrategia triple que trascienda la mera reactividad diplomática. Primero, es imperativo recuperar la coordinación público-privada a través de mecanismos como el ‘cuarto de junto’, esa herramienta de consulta permanente que durante la negociación original permitió articular argumentos técnicos sólidos y ejercer presión política inteligente a través de aliados en el sector empresarial estadounidense. Segundo, debemos fortalecer la integración regional con Canadá, siguiendo el ejemplo del reciente acerca.

*- El autor es Presidente de Index Mexicali.

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