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La novela negra y sus protagonistas

El año pasado, Edgar Cota Torres y José Salvador Ruiz se dieron a la tarea de entrevistar a una veintena de autores de novela negra mexicanos, con el fin de hacer un libro que diera voz a los escritores de este género literario que, hoy por hoy, es la columna vertebral de la literatura nacional.

El año pasado, Edgar Cota Torres y José Salvador Ruiz se dieron a la tarea de entrevistar a una veintena de autores de novela negra mexicanos, con el fin de hacer un libro que diera voz a los escritores de este género literario que, hoy por hoy, es la columna vertebral de la literatura nacional. Como ambos entrevistadores no son unos primerizos en eso de preguntar por las trayectorias y opiniones de nuestros narradores, su cuestionario fue a la vez preciso en sus preguntas y abierto al diálogo espontáneo. Y digo que no son primerizos porque ya llevan en su haber un libro de entrevistas a narradores bajacalifornianos titulado En su propia voz, que publicaron en 2014. Ahora Edgar y Salvador decidieron hacer lo mismo pero en el ámbito nacional y el que hayan reunido a una veintena de autores sólo es una prueba más de la extendida influencia que la novela negra tiene hoy en nuestro país y que repercute, en el caso de sus pertinentes entrevistas, en mostrarnos la diversidad de intereses escriturales y de prácticas creativas de muchos de los novelistas de este género, que en este siglo XXI la representan con obras indispensables para comprender tanto los rumbos de nuestra literatura como los temas que impactan en su hechura.

Algunas de las respuestas que Cota y Ruiz obtuvieron de los entrevistados, nacieron a partir de las preguntas básicas sobre el escribir una narrativa que se acerca a la violencia, la criminalidad, las desigualdades de nuestro país y que lo hace desde diferentes perspectivas, ya sea la indagación de la vida fuera de la ley como de las indagaciones policiacas o periodísticas por dar con la verdad, por descubrir lo que pasó en hechos que tocan las fibras más dolorosas de nuestra sociedad. Y es que un instrumento que te abre el entendimiento sobre la clase de sociedad en la que vives, sobre los crímenes en que estás parado. Toda novela policiaca es un viaje al corazón de las tinieblas, una travesía por el reino de la podredumbre y la impunidad. Este género permite contar la historia de nuestras comunidades en sus sombras, en sus claroscuros, en sus rapiñas. No es un buen modo de quedar bien con tu región o tu país. Al contrario, provoca que muchos lectores le saquen la vuelta porque es una narrativa que trae a flor de piel nuestras dolencias, nuestros tropiezos. La clase de sociedad que somos detrás de la fachada del progreso, detrás de la máscara de prosperidad. Lo policiaco atrae por lo descarnado de su prosa, pero también causa rechazo en aquellos que sólo pretenden ver lo bonito, lo positivo, en aquellos que ven la realidad como un camino de triunfos sociales, económicos y políticos, pero olvidan exhibir el costo que esos triunfos han tenido para los elementos más desprotegidos de nuestra sociedad.

La novela negra destapa los secretos de nuestra colectividad. Y por ello muchos la califican de nihilista, de pesimista, de anarquista: reta al orden establecido, desafía a la versión oficial de nuestra historia regional o nacional, se mete con los poderes y los podercitos, con las leyes que criminalizan a los que nada tienen y dan manga ancha a los que todo lo tienen. Pero si la situamos en su justo contexto, podemos afirmar que ante un medio hostil, en un clima de zozobra como el nuestro, la novela negra es antes que otra cosa un mecanismo de defensa, un ejercicio curativo que trata de enseñarnos que, aun en las peores condiciones, hay maneras de dar testimonio, de mantener la cordura. ¿Cómo? Contando lo que sabemos, relatando qué tan cómplices somos de la zozobra reinante, qué tan vulnerables somos de la hostilidad creciente. En ese sentido, la narrativa que se acerca a lo criminal como su objeto creativo, en realidad se aproxima al corazón de nuestros enfrentamientos más íntimos como comunidad, ya sea desde el plano de lo regional, lo nacional o lo global. Por eso este género funciona tan bien en todo el mundo: porque en todas partes hay asuntos criminales solapados, delitos permitidos, abusos a los que nadie marca un alto. La narrativa negra es una ficción que interroga la realidad, que la cuestiona. Y lo mismo han hecho Edgar Cota Torres y José Salvador Ruiz con sus entrevistas: ofrecernos una pantalla estilo Zoom a los diferentes narradores que ahora mismo la construyen, la elaboran, la definen.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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