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La voz del Papa

1) Para saber

Si preguntáramos cuál es el décimo mandamiento, posiblemente no todos sabrían contestar con certeza. Tal vez porque se refiere a lo que sucede en nuestro interior. Y sin embargo, no por ello es menos importante. El Papa Francisco afirma que este último Mandamiento subraya que todas las transgresiones nacen de una raíz común: los malos deseos.

En la anterior Audiencia el Santo Padre señaló que el último mandamiento del Decálogo: “No codiciarás los bienes ajenos”, incluye los malos deseos, donde el noveno se refiere a no codiciar la mujer del prójimo, deseos desordenados.

Todos los mandamientos tienen la tarea de proteger al hombre y por ello le indican el límite más allá del cual el hombre se destruye y destruye a su prójimo, estropeando su relación con Dios: eso es el pecado. “Si pasas el límite, dice el Papa, te destruyes, también destruyes la relación con Dios y la relación con los demás”.

2) Para pensar

Conviene aclarar que tener un mal pensamiento, sin haberlo querido, no es ofensa a Dios. Sólo cuando se quiere y se desea ese mal pensamiento se comete el pecado, aunque no se haya cometido la acción.

Durante un periodo de su vida, Santa Catalina de Siena padeció fuertes tentaciones y, aunque rezaba, seguían ahí los malos pensamientos. Entonces le ofreció al Señor sufrir esas tentaciones sin desearlas. Tiempo después, se le apareció Jesús y la felicitó por su lucha contra las tentaciones. Y aunque la Santa experimentó gran consuelo, le preguntó al Señor: ¿Dónde estabas cuando mi alma, triste, tenía aquellos feos pensamientos?” El Señor le contestó: “Hija mía, estaba en el centro de tu corazón constantemente”.

El Papa nos invita a preguntarnos si rechazamos esos malos pensamientos. Y, para ello poder alejarlos, se precisa pedir a Dios que nos salve, pues si no es con la ayuda del Espíritu Santo, no podemos purificar nuestro corazón. Solo la misericordia del Señor sana el corazón.

3) Para vivir

Es bueno tener presente que Dios nunca nos abandona en las tentaciones. Cuando vienen los malos pensamientos, es preciso rechazarlos, porque si se comienza a fluctuar, se está perdido. Sucede a los deshonestos con las tentaciones, lo mismo que a las moscas con las telarañas. La mosca ve a la telaraña, pero no a la araña que está oculta; así, pues, se acerca a la telaraña sin recelo; más apenas toca sus hilos, queda atrapada y sale corriendo la araña, la enreda más y más en ella, y la mata. Pues lo mismo que la araña, así lo hace el demonio.

En el Evangelio, el Señor Jesús dice: "Porque de dentro, del corazón, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre”."(Mc 7,21-23).

No ha de sorprendernos que de nuestro corazón nazcan cosas feas, lo que importa es no quererlas y, para ello, se precisa pedir ayuda al Señor. También ayuda a vencerlas manifestarla al confesor, pues así recibimos consejo y se puede vencer. Además, al dejarnos desenmascarar sobre nuestros malos deseos, al mostrarse nuestra pobreza, nos lleva a una santa humillación, lo cual nos ayuda a vivir más precavidos.

*El autor es sacerdote, Ingeniero

en Computación por la UNAM y Doctor

en Filosofía por la Universidad de Navarra.

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