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Kunzis tiene 65 años y sigue pastoreando yaks a 4.700 metros de altura en India, donde la falta de pastos y el éxodo de los jóvenes amenazan una tradición ancestral

Madre e hijo viven del cuidado de estos animales en las montañas de Ladakh, donde los cambios en el clima dificultan encontrar alimento para el ganado y cada vez menos jóvenes quieren continuar con el pastoreo nómada

Kunzis tiene 65 años y sigue pastoreando yaks a 4.700 metros de altura en India, donde la falta de pastos y el éxodo de los jóvenes amenazan una tradición ancestral

Kunzis Dolma tiene 65 años y continúa dedicada al pastoreo de yaks junto con su hijo, Thinlay Nurboo, en la meseta de Changthang, en la región de Ladakh, al norte de India. A unos 4.700 metros de altura, ambos mantienen una forma de vida que depende del ganado, las condiciones del clima y la disponibilidad de pastos en una de las regiones de montaña más exigentes del país.

La revista Noema Magazine contó la historia de esta familia y los desafíos que enfrenta para conservar una actividad transmitida de generación en generación. Entre las principales dificultades están los cambios en las condiciones meteorológicas, la búsqueda de alimento para los animales y la salida de los jóvenes hacia las ciudades, donde esperan encontrar mejores oportunidades laborales.

Una jornada que exige cuidar a los yaks día y noche

El trabajo comienza de madrugada. Thinlay se encarga de ordeñar a los yaks, mientras Kunzis participa en la elaboración de productos derivados de la leche, como mantequilla, cuajada y queso seco. Estos alimentos forman parte de las actividades con las que las familias pastoras aprovechan los recursos de su ganado y obtienen ingresos.

La jornada no termina cuando los animales salen a alimentarse. Thinlay debe acompañarlos y vigilar que no se acerquen depredadores, entre ellos lobos y leopardos de las nieves, que pueden atacar al ganado.

La vigilancia también continúa durante la noche. “Debemos permanecer despiertos para protegerlos. Es un trabajo que exige dedicación las 24 horas”, explicó Thinlay a Noema.

Esta rutina implica largas horas de trabajo y poco margen para descansar. La supervivencia de la familia depende de mantener a los animales sanos, encontrar suficiente alimento y elaborar productos que puedan venderse posteriormente.

El cambio climático dificulta encontrar pastos

Los pastores de Changthang enfrentan dificultades para encontrar hierba suficiente en algunos terrenos. De acuerdo con el reportaje de Noema Magazine, los cambios en las nevadas y las lluvias han complicado las condiciones para alimentar al ganado.

Cuando escasean los pastos, las familias deben desplazarse hacia zonas más elevadas en busca de alimento. Estos movimientos aumentan las exigencias de una actividad que ya requiere vigilar continuamente a los animales y adaptarse a las condiciones de la montaña.

La disponibilidad de pasto es fundamental para el sustento de los pastores, porque el ganado proporciona leche y otros productos que pueden transformar y comercializar. Por ello, las dificultades para alimentar a los yaks también pueden afectar los ingresos familiares.

La combinación de condiciones climáticas cambiantes y trabajo constante vuelve más incierto el futuro de esta actividad. Las familias deben encontrar la manera de mantener sus animales y obtener recursos sin abandonar el territorio donde han desarrollado su forma de vida.

Cada vez menos jóvenes quieren dedicarse al pastoreo

A los problemas ambientales se suma la falta de relevo generacional. Muchos jóvenes de la región prefieren trasladarse a ciudades como Leh para continuar sus estudios o buscar empleos con un sueldo más estable.

El pastoreo exige dedicación durante todo el día, no garantiza ingresos regulares y obliga a vivir lejos de numerosos servicios disponibles en las zonas urbanas. Estas condiciones hacen que cada vez menos jóvenes estén dispuestos a continuar con el trabajo de sus padres.

Para comunidades como la de Kunzis y Thinlay, la salida de las nuevas generaciones representa algo más que una dificultad económica. También pone en riesgo la continuidad de los conocimientos y las prácticas necesarios para cuidar el ganado y producir alimentos tradicionales.

Thinlay no oculta su preocupación por lo que ocurrirá cuando los pastores de más edad ya no puedan continuar trabajando y los jóvenes sigan marchándose. “Quizá ya no queden pastores. Quizá solo haya turistas con cámaras”, advierte.

Los productos lácteos ayudan a mantener la actividad

Kunzis y su hijo no solo se dedican a cuidar los yaks. También elaboran productos tradicionales como el chhurpi, un queso duro, además de otros derivados de la leche que venden en comercios de Leh.

La comercialización les permite obtener ingresos sin abandonar el pastoreo familiar. Sin embargo, mantener esta actividad requiere atender al ganado, procesar la leche y dedicar tiempo a la venta de los productos, incluso cuando las condiciones ambientales dificultan el trabajo.

Por ahora, madre e hijo seguirán cuidando de sus yaks en las montañas de Ladakh, como han hecho tantas otras familias durante generaciones. Su historia refleja los desafíos que enfrentan las comunidades pastoriles para conservar sus tradiciones ante los cambios en el clima y las transformaciones económicas y sociales.

El futuro del pastoreo dependerá, en parte, de que las nuevas generaciones encuentren condiciones que les permitan continuar con esta actividad. Mientras tanto, Kunzis y Thinlay mantienen una rutina que exige trabajo durante todo el día y que representa el sustento de su familia.

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