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El Ejército de Estados Unidos apostó cientos de millones de dólares por una fábrica automatizada de proyectiles de 155 mm para responder a la demanda de Ucrania, pero la tecnología utilizada falló y la planta no consiguió producir munición utilizable

La instalación de Mesquite, Texas, fue presentada como una pieza clave para ampliar la producción de artillería, pero los problemas con sus equipos provocaron retrasos, incumplimientos y el cierre de dos de sus tres líneas

El Ejército de Estados Unidos apostó cientos de millones de dólares por una fábrica automatizada de proyectiles de 155 mm para responder a la demanda de Ucrania, pero la tecnología utilizada falló y la planta no consiguió producir munición utilizable

La fábrica de Mesquite, Texas, fue construida para ayudar a Estados Unidos a incrementar la producción de componentes para proyectiles de artillería de 155 milímetros, un calibre utilizado ampliamente por las fuerzas estadounidenses y ucranianas.

Según una investigación de ProPublica, basada en entrevistas con 36 empleados y exempleados de General Dynamics, el Ejército, el Pentágono y la Casa Blanca, además de documentos internos, fotografías y videos, la planta terminó convertida en un proyecto con graves problemas de producción y no consiguió fabricar un solo proyectil utilizable en las condiciones previstas.

La instalación fue operada por General Dynamics Ordnance and Tactical Systems, después de que el Ejército estadounidense adjudicara contratos para construirla y equiparla.

El propio Ejército la presentó de una manera muy diferente cuando fue inaugurada en mayo de 2024.

El proyecto que debía modernizar la producción militar

El 29 de mayo de 2024, el Ejército inauguró oficialmente la instalación conocida como Universal Artillery Projectile Lines, o UAPL.

Según información del Ejército de Estados Unidos, el proyecto recibió contratos por 576 millones de dólares para diseñar y construir la planta, adquirir, transportar, instalar y poner en funcionamiento sus equipos.

La instalación incorporaba automatización, maquinaria de fabricación avanzada y sistemas digitales, con la intención de producir piezas metálicas para proyectiles de diferentes calibres, desde 60 hasta 155 milímetros.

El Ejército esperaba que las tres líneas de producción fueran capaces de fabricar 10,000 piezas al mes cada una, para alcanzar una capacidad total de 30,000 unidades mensuales.

El objetivo era particularmente importante porque Estados Unidos necesitaba aumentar sus reservas de municiones y mantener el suministro de proyectiles a Ucrania.

¿Por qué eran tan importantes los proyectiles de 155 mm?

El calibre 155 mm ocupa un lugar central en la artillería utilizada por Estados Unidos y sus aliados.

Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022, Washington ha enviado grandes cantidades de estos proyectiles a Kiev, mientras intenta recuperar sus propias reservas.

Según el Ejército, el aumento de la producción de este tipo de munición formaba parte de una estrategia para ampliar la capacidad de la industria militar estadounidense. En 2023, el servicio planteaba llegar a 100,000 proyectiles de 155 mm al mes para finales de 2025.

La planta de Mesquite debía contribuir a ese objetivo.

Por eso, su funcionamiento no era un asunto menor: formaba parte de una estrategia nacional para recuperar capacidad industrial después de décadas en las que Estados Unidos había reducido su producción de municiones convencionales.

La planta de General Dynamics en Mesquite, Texas, fue construida para aumentar la producción estadounidense de componentes para proyectiles de 155 mm. (Ilustrativa/REUTERS)

La tecnología que debía acelerar el proceso

Uno de los elementos centrales del proyecto era una tecnología conocida como conformado por flujo, que permite trabajar piezas metálicas mediante maquinaria especializada para obtener la forma requerida.

La tecnología estaba vinculada con Repkon, una empresa turca que proporcionó buena parte del equipo utilizado en la instalación.

La propuesta tenía una ventaja aparente: permitiría fabricar diferentes tipos de piezas con una misma infraestructura y acelerar la producción.

Pero, de acuerdo con la investigación de ProPublica, existían dudas antes de que el proyecto avanzara sobre si las máquinas podían trabajar correctamente con el acero y el modelo de proyectil que necesitaba el Ejército.

La presión para construir rápidamente la fábrica terminó pesando sobre el proceso de contratación.

El Ejército aceleró el contrato

Según documentos del Ejército, los funcionarios recibieron la orden de avanzar con rapidez debido a la necesidad de producir munición para apoyar a Ucrania y reponer las reservas estadounidenses.

El Ejército adjudicó inicialmente el proyecto a General Dynamics en noviembre de 2022.

La contratación utilizó mecanismos extraordinarios relacionados con las necesidades de producción derivadas de la guerra en Ucrania. El propio Ejército explicó que las nuevas facultades permitían acelerar la contratación y utilizar procedimientos de fuente única, sin una competencia convencional entre diferentes proveedores.

La decisión permitió que el proyecto avanzara en un periodo muy corto.

También significó que el Ejército comenzó a comprometer recursos importantes antes de tener completamente comprobada la capacidad de la tecnología para realizar el trabajo requerido.

Las máquinas comenzaron a fallar

Cuando la fábrica comenzó a operar, los problemas descritos por los trabajadores fueron numerosos.

Según los testimonios recopilados por ProPublica, los brazos robóticos chocaban con otros equipos, dejaban caer piezas de acero y presentaban movimientos inesperados.

Las máquinas encargadas de trabajar el metal tampoco siempre conseguían producir las formas requeridas.

Otros equipos sufrían averías frecuentes, mientras que los trabajadores tenían que intervenir manualmente para intentar mantener algunas máquinas funcionando.

La situación llegó a provocar incendios dentro de la planta.

Uno de ellos dañó los cables de un robot y lo dejó fuera de servicio durante aproximadamente una semana, según los exempleados entrevistados por ProPublica.

Una fábrica automatizada que necesitaba intervención manual

La contradicción se volvió evidente para quienes trabajaban en el lugar.

La planta había sido presentada como una instalación de alta automatización, pero algunos trabajadores describieron jornadas en las que las máquinas permanecían detenidas durante largos periodos.

En determinados equipos, los empleados tenían que recurrir incluso a herramientas manuales para intentar corregir problemas de funcionamiento.

ProPublica documentó testimonios de trabajadores que describieron una fábrica donde los problemas técnicos se acumulaban mientras la producción seguía sin alcanzar los objetivos.

También hubo quejas relacionadas con humo, temperaturas elevadas y condiciones de trabajo.

La inauguración no reflejaba los problemas internos

El 29 de mayo de 2024, funcionarios estadounidenses participaron en una ceremonia para presentar oficialmente la planta.

La entonces secretaria del Ejército, Christine Wormuth, destacó la importancia de la instalación para ampliar la capacidad industrial estadounidense.

Según sus declaraciones publicadas por el Ejército, la nueva fábrica representaba una ampliación de más de 200% en la capacidad estadounidense para producir determinadas piezas de artillería y formaba parte de la estrategia para alcanzar una producción mensual de 100,000 proyectiles de 155 mm.

Sin embargo, la investigación de ProPublica encontró que los problemas de producción ya estaban presentes.

La planta todavía no había demostrado que podía producir de manera consistente las piezas que el Ejército necesitaba.

Los objetivos comenzaron a acumular retrasos

Durante los meses siguientes, la situación no se resolvió.

Según ProPublica, General Dynamics incumplió ocho plazos de entrega relacionados con el proyecto.

El Ejército llegó a considerar la posibilidad de terminar los contratos y, finalmente, en agosto de 2025 ordenó detener dos de las tres líneas de producción.

La tercera línea continuó bajo desarrollo, pero la planta tampoco consiguió alcanzar el resultado esperado.

La situación quedó documentada posteriormente en la supervisión del Departamento de Defensa sobre la capacidad estadounidense para producir municiones de 155 mm.

El Inspector General revisó la capacidad de producción

El Inspector General del Departamento de Defensa inició una evaluación específica sobre la capacidad estadounidense para producir munición de 155 mm y munición para tanques de 120 mm.

El documento de inicio de esa evaluación identifica expresamente a Mesquite, Texas, entre las instalaciones que serían revisadas.

El objetivo era determinar qué tan eficazmente el Departamento de Defensa había incrementado la capacidad de producción y si esa expansión permitía cumplir las necesidades futuras de las fuerzas estadounidenses.

Esto convirtió a Mesquite en parte de una revisión más amplia sobre uno de los principales problemas de la industria militar estadounidense.

¿Cuánto dinero se destinó al proyecto?

Aquí es importante distinguir las cifras.

El Ejército informó oficialmente de contratos por 576 millones de dólares para la construcción, equipamiento y puesta en funcionamiento de la instalación.

Por su parte, ProPublica reportó que General Dynamics recibió 533 millones de dólares y que la planta no produjo un solo proyectil utilizable, convirtiendo el caso en un ejemplo de los problemas que pueden surgir cuando se acelera la contratación de proyectos militares.

La diferencia entre ambas cantidades debe conservarse en la nota porque corresponden a referencias financieras distintas.

Lo que no cambia es que cientos de millones de dólares de recursos públicos fueron destinados a una instalación que no consiguió cumplir el objetivo de producción previsto.

¿El Ejército recuperará el dinero?

La respuesta oficial es que buscará hacerlo.

En su respuesta a ProPublica, el Ejército señaló que evaluaría el desempeño contractual y buscaría recuperar recursos mediante descuentos en futuros pedidos de producción.

La institución también sostuvo que mantiene mecanismos de supervisión para garantizar que los recursos públicos se utilicen de acuerdo con las obligaciones establecidas en los contratos.

Pero la investigación de ProPublica señala que General Dynamics no ha sido obligada públicamente a devolver directamente el dinero recibido por el proyecto.

La empresa, además, continúa siendo un importante proveedor del Departamento de Defensa.

Los proyectiles de 155 mm son utilizados por Estados Unidos y Ucrania, por lo que aumentar su producción se convirtió en una prioridad durante la guerra. (Ilustrativa/REUTERS)

General Dynamics rechaza las conclusiones

General Dynamics rechazó la investigación de ProPublica.

El portavoz de la compañía, Jeff Davis, afirmó que el reportaje tergiversaba las circunstancias del proyecto y cuestionó las conclusiones sobre el desempeño de la empresa.

De acuerdo con la investigación, General Dynamics sostuvo que había cumplido o superado los requisitos establecidos.

La empresa también rechazó conceder una entrevista a ProPublica para responder detalladamente a las acusaciones.

Una nueva solución basada en inteligencia artificial

El proyecto no terminó con la paralización de dos líneas.

General Dynamics anunció posteriormente una nueva estrategia para intentar resolver los problemas de producción mediante la incorporación de inteligencia artificial y nuevas herramientas tecnológicas.

La empresa se asoció con Deterrence, una compañía relativamente reciente que plantea utilizar sistemas de IA para automatizar y mejorar procesos industriales.

El anuncio generó dudas entre algunos antiguos trabajadores entrevistados por ProPublica, especialmente porque General Dynamics también estaba reemplazando buena parte del equipo utilizado originalmente en Mesquite.

La empresa prevé que la nueva configuración permita reactivar la producción.

El problema va más allá de una sola fábrica

El caso de Mesquite tiene una explicación más amplia.

Estados Unidos necesitaba incrementar rápidamente su producción de artillería después de comenzar a enviar grandes cantidades de proyectiles a Ucrania.

El Ejército también reconocía que necesitaba modernizar una infraestructura industrial que había perdido capacidad con el paso de las décadas.

Por eso la solución fue construir nuevas instalaciones, introducir automatización y acelerar los procesos de contratación.

La propia documentación oficial del Ejército muestra que Mesquite fue concebida como una pieza importante de esa estrategia.

El problema fue que la urgencia por aumentar la producción terminó acompañada de una tecnología que, según la investigación de ProPublica, no había demostrado suficientemente su capacidad para cumplir con el trabajo antes de que el proyecto avanzara.

Una inversión que terminó bajo escrutinio

La historia de Mesquite comenzó con una necesidad concreta: producir más munición de 155 mm para apoyar a Ucrania y recuperar las reservas estadounidenses.

El Ejército destinó cientos de millones de dólares a una nueva fábrica y presentó su automatización como parte de una transformación de la industria militar.

Pero los problemas técnicos, los retrasos y el incumplimiento de los objetivos terminaron llevando a la paralización de dos de sus tres líneas.

La investigación de ProPublica pone ahora el foco en una pregunta que va más allá de General Dynamics: qué ocurrió con los mecanismos de supervisión que debían garantizar que una inversión pública de esta magnitud pudiera cumplir con el objetivo para el que fue creada.

Mientras Estados Unidos continúa intentando aumentar su producción de municiones, Mesquite queda como un caso que muestra el riesgo de combinar urgencia militar, contratación acelerada y tecnología no suficientemente probada en proyectos financiados con dinero público.

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