Un trabajador sanitario combate el ébola en el Congo sin cobrar desde mayo y aun así camina 13 kilómetros para llegar al hospital cuando se queda sin dinero para gasolina
Wiza Bondele trabaja siete días a la semana en la respuesta al brote mientras cientos de trabajadores enfrentan retrasos en sus pagos

Wiza Bondele acude todos los días a un hospital de la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo, para ayudar a contener el brote de ébola, pero desde que comenzó la emergencia en mayo trabaja sin recibir su salario.
El trabajador sanitario de 29 años forma parte de los equipos que enfrentan directamente los riesgos de la enfermedad. Entre sus tareas están desinfectar zonas contaminadas, controlar la temperatura de los visitantes y supervisar los protocolos de higiene, incluido el lavado de manos.
Sin embargo, mientras cumple con estas funciones, Bondele asegura que lleva meses esperando un pago que las autoridades le habían prometido, según información de AP.
La situación llegó a un punto crítico cuando, mientras se dirigía al hospital en su motocicleta, se quedó sin gasolina. Sin dinero para llenar el tanque, dejó el vehículo con unos vecinos y caminó los 13 kilómetros restantes hasta el centro médico.
Un trabajo de alto riesgo sin recibir el salario
El trabajo de Bondele implica una exposición constante a situaciones en las que existe riesgo de contacto con el virus.
Los pacientes pueden presentar síntomas graves, incluidos sangrado y vómitos, por lo que los trabajadores deben desinfectar las áreas contaminadas y mantener estrictos protocolos de prevención.
Bondele explicó a The Associated Press (AP) que quienes realizan estas labores están expuestos a riesgos importantes y consideran que deben recibir una remuneración por su trabajo.
El trabajador ya tenía experiencia en este tipo de emergencias. Participó en la respuesta contra el ébola de 2018 en el Congo y decidió regresar cuando el virus volvió a aparecer en Ituri, convencido de que sus conocimientos podían ayudar a proteger a su comunidad.

El salario prometido no ha llegado
Bondele asegura que los trabajadores de primera línea tenían previsto recibir un salario mensual de 510 dólares, pero muchos continúan sin recibir los pagos correspondientes.
La situación no afecta únicamente a quienes trabajan dentro de los hospitales. Entre las personas que enfrentan retrasos también se encuentran equipos encargados de entierros y conductores que participan en la respuesta sanitaria.
De acuerdo con la información de AP, algunos trabajadores registraron sus números telefónicos para recibir el dinero mediante transferencias móviles, firmaron hojas de asistencia y esperaron las notificaciones correspondientes.
Sin embargo, solo una parte recibió pagos y algunos de quienes sí cobraron aseguran que no recibieron el monto completo.
Las autoridades han atribuido previamente los retrasos a problemas logísticos.
El gobierno asegura que revisa las listas de trabajadores
Durante una visita a Ituri, el ministro de Salud del Congo, Roger Kamba, explicó que las autoridades estaban revisando las listas de personas que participan en la respuesta al brote.
El funcionario señaló que se habían incorporado nombres que no correspondían a trabajadores de la operación, lo que complicó el proceso de pago.
La revisión busca garantizar que los recursos lleguen a las personas que realmente están participando en las labores contra el ébola.
Por su parte, Adelard Lufungula, director de operaciones de la respuesta gubernamental al brote, aseguró que el problema de los pagos estaba siendo atendido y que el sistema de transferencias mediante dinero móvil sustituiría al pago en efectivo.

Los retrasos provocaron huelgas
La falta de salarios también comenzó a afectar directamente la respuesta sanitaria.
Cientos de trabajadores que participan en las operaciones contra el ébola en Bunia, capital de Ituri, realizaron huelgas y protestas para reclamar los pagos pendientes.
Los trabajadores advirtieron que la falta de remuneración estaba afectando su estado de ánimo y podía repercutir en la atención de los pacientes.
En algunos centros, el personal anunció que mantendría las protestas hasta encontrar una solución para los salarios y bonificaciones pendientes.
El problema ocurre mientras las autoridades intentan mantener activos los equipos necesarios para identificar casos, atender a pacientes, desinfectar espacios y realizar entierros seguros.
Bondele mantiene su trabajo pese a las dificultades
La falta de dinero ha convertido actividades cotidianas en problemas difíciles de resolver para Bondele.
Además del transporte, debe cubrir gastos de alimentación, vivienda, agua y telefonía, mientras también sostiene económicamente a su esposa, su hijo y otros familiares.
El episodio de la motocicleta fue una muestra de esa situación.
Al quedarse sin gasolina, Bondele tuvo que dejar su vehículo y recorrer a pie los 13 kilómetros restantes para llegar al hospital. Cuando finalmente llegó, explicó que sus zapatos habían quedado deteriorados por la caminata.
A pesar de ello, continúa presentándose a trabajar.

El brote avanza en una región afectada por el conflicto
La situación de los trabajadores ocurre en una de las regiones más complicadas del Congo.
La provincia de Ituri enfrenta desde hace años problemas de seguridad relacionados con grupos armados, una situación que dificulta el acceso de los equipos sanitarios a algunas comunidades.
A los problemas de seguridad se suma la desconfianza de parte de la población y la circulación de información falsa sobre la enfermedad.
Bondele contó a AP que algunos trabajadores son amenazados o incluso agredidos cuando intentan explicar a las comunidades cómo prevenir la transmisión del virus.
Entre las prácticas que generan resistencia se encuentran las medidas aplicadas durante los entierros, debido a que las familias no pueden tener contacto directo con los cuerpos de personas fallecidas por la enfermedad.
La desinformación complica la respuesta
Las autoridades sanitarias también enfrentan rumores que dificultan el trabajo de los equipos.
En algunas comunidades circulan versiones que presentan el brote como un engaño o que acusan a los trabajadores sanitarios de obtener beneficios económicos de la emergencia.
Estas ideas pueden dificultar acciones fundamentales como el rastreo de contactos, la identificación temprana de personas infectadas y el acceso oportuno al tratamiento.
La desconfianza también ha provocado episodios de violencia contra instalaciones y trabajadores sanitarios durante anteriores brotes de ébola en el país.
En este contexto, mantener a los equipos de primera línea resulta fundamental para intentar contener la transmisión.
Un trabajador que sigue pese al desgaste
Bondele continúa trabajando siete días a la semana pese a no recibir el salario que espera.
Su historia refleja una de las dificultades que enfrenta la respuesta al brote: los trabajadores encargados de contener la enfermedad necesitan mantener sus actividades en una zona donde existen riesgos sanitarios, problemas de seguridad, desinformación y dificultades logísticas, mientras algunos llevan meses esperando su remuneración.
El trabajador asegura que decidió participar en la respuesta porque considera que su experiencia puede ayudar a proteger a su comunidad.
Pero la falta de ingresos ha convertido su labor en una situación cada vez más difícil.
Después de caminar 13 kilómetros para llegar al hospital por no poder pagar gasolina, Bondele continúa desempeñando sus funciones mientras espera que las autoridades resuelvan los pagos pendientes.
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