Así es como algunos padres agresores utilizan a sus hijos para mantener el control sobre su expareja después de una separación, alerta una abogada sobre la violencia vicaria
La abogada Valentina Lezana explicó cómo esta forma de violencia de género busca mantener el control mediante la manipulación de hijas, hijos o personas cercanas.

La violencia vicaria es una forma de violencia de género en la que el agresor busca causar daño a una mujer utilizando como medio a sus hijas, hijos, mascotas u otros seres queridos. Aunque suele hacerse más visible después de una separación, especialistas advierten que forma parte de un patrón de control que puede iniciar durante la relación y continuar cuando la víctima rompe el vínculo.
La explicación fue compartida por Valentina Lezana, abogada especializada en derecho de familia y litigación con perspectiva de género, a través de su cuenta de Instagram “Círculo de Defensa de Mujeres”, donde difunde contenido de orientación jurídica sobre violencia familiar y derechos de las mujeres.
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¿Qué es la violencia vicaria?
De acuerdo con Valentina Lezana, la violencia vicaria ocurre cuando el agresor deja de tener acceso directo a la víctima y recurre a otras personas cercanas para continuar ejerciendo control, castigo o venganza.
En su publicación explica que esta conducta suele presentarse después de una separación, cuando el agresor ya no puede ejercer la misma influencia sobre la mujer. En ese contexto, utiliza a los hijos en común como instrumento para provocar sufrimiento emocional y mantener el conflicto.
La violencia vicaria es una forma de violencia de género en la que el agresor busca dañar o castigar a su víctima a través de sus hijas o hijos, mascotas u otras personas queridas para ella”, señala la especialista.
El caso que expone la especialista
Para explicar cómo opera este tipo de violencia, Lezana presenta el caso de una pareja integrada por Javiera y Max, una historia utilizada con fines informativos para ilustrar este fenómeno.
Según el relato, Javiera dependía económicamente de su esposo desde que se convirtió en madre. Durante la relación, él ejercía malos tratos y mantenía conductas de infidelidad, convencido de que ella no abandonaría la relación debido a su dependencia económica.
Sin embargo, la mujer decidió separarse. Primero inició un emprendimiento de venta de ropa y posteriormente consiguió un empleo formal, lo que le permitió alcanzar independencia económica.
De acuerdo con la abogada, ese cambio eliminó una de las principales herramientas de control que el agresor utilizaba.
¿Cómo comienza la violencia vicaria?
Tras la separación, explica Lezana, Max inició una estrategia para desacreditar la imagen de la madre frente a su hija.
Según la especialista, el objetivo consistía en generar enojo, rechazo y frustración en la menor para que decidiera vivir con él, utilizando la relación entre madre e hija como mecanismo de venganza.
“Comienza una estrategia de denostación y deterioro de la figura materna a ojos de su hija, utilizando a la niña como arma contra su madre”, explica la publicación.
No solo afecta a la madre
La especialista enfatiza que este tipo de conductas no únicamente representan violencia contra la mujer, sino que también pueden vulnerar los derechos de niñas, niños y adolescentes.
Explica que involucrar a los hijos en conflictos de esta naturaleza puede afectar su bienestar emocional y su integridad psicológica, al colocarlos en medio de una estrategia de manipulación entre los adultos.
Aquí no solo vemos un ejercicio de violencia intrafamiliar contra la madre, sino también de vulneración de derechos contra los hijos, atentando contra su integridad psíquica”, señala.

¿Por qué es importante identificarla?
Valentina Lezana advierte que la violencia vicaria suele confundirse con conflictos derivados de la crianza o desacuerdos entre padres separados. Sin embargo, señala que existe una diferencia importante cuando las acciones forman parte de una estrategia para controlar, castigar o ejercer violencia contra la mujer mediante los hijos.
Por ello, sostiene que identificar estas conductas de manera temprana puede facilitar una atención especializada tanto en el ámbito jurídico como en el psicológico.
Asimismo, recomienda que las personas que consideren estar enfrentando una situación similar busquen asesoría profesional con especialistas en derecho de familia y atención con perspectiva de género, a fin de conocer las alternativas legales disponibles según cada caso.
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