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Médicos residentes en México: 54% reporta violencia y la CNDH pide cambiar las residencias

La CNDH advierte que el problema se relaciona con jornadas prolongadas, castigos, falta de supervisión y condiciones.

Médicos residentes en México: 54% reporta violencia y la CNDH pide cambiar las residencias

MÉXICO.- La residencia médica es la etapa en la que una persona médica titulada continúa su preparación para obtener una especialidad, pero un informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) advierte que este proceso se desarrolla, en numerosos casos, en condiciones que pueden vulnerar sus derechos. El organismo reportó que 54% de las personas residentes consultadas dijo haber sufrido algún tipo de violencia por parte de superiores o compañeros. El informe fue remitido al Senado de la República el 2 de septiembre de 2026.

El dato proviene de información recopilada en 2024 entre 678 residentes de instituciones públicas y privadas. La investigación identifica como principales problemas la violencia psicológica, el acoso laboral y el acoso sexual, pero también señala otras condiciones relacionadas con la organización de las residencias, como jornadas prolongadas, falta de supervisión, tareas ajenas a la formación y problemas para garantizar alimentación y descanso, según El Sol de México.

La relevancia del informe va más allá de las condiciones laborales de quienes estudian una especialidad. La CNDH sostiene que la manera en que se forman estos profesionales también puede tener consecuencias sobre su salud, su aprendizaje y la calidad de la atención que reciben los pacientes.

¿Qué tipo de violencia sufren los médicos residentes?

La violencia reportada no corresponde a un solo comportamiento.

El estudio señala que entre las formas más frecuentes aparecen la violencia psicológica, el acoso laboral y el acoso sexual. La relación jerárquica dentro de los hospitales tiene un peso importante, ya que buena parte de los casos señalados involucra a personas con mayor autoridad. (

De quienes dijeron haber sufrido violencia:

  • 42.6% señaló a sus superiores como responsables.
  • 13.7% identificó a sus compañeros.
  • 41.2% señaló tanto a superiores como a compañeros.

Estos porcentajes no significan que 42.6% de todos los residentes haya señalado a superiores. Se refieren al grupo que previamente reportó haber experimentado algún tipo de violencia.

Los castigos también forman parte del problema

La investigación identifica prácticas que pueden apartarse del objetivo académico de una residencia.

Entre ellas aparecen las guardias de castigo y la asignación de actividades que no forman parte del programa educativo.

El estudio encontró que 55.6% de las personas encuestadas había realizado actividades fuera de su programa educativo por órdenes de sus superiores.

La diferencia es importante: una residencia médica tiene una función formativa y asistencial. Por ello, las actividades que realiza una persona residente deben estar relacionadas con su preparación y desarrollarse bajo la supervisión correspondiente.

La propia CNDH ha señalado en otros documentos que las personas médicas residentes deben contar con asesoría y supervisión permanente del personal médico durante sus actividades diarias y guardias.

¿También enfrentan problemas para comer y descansar?

La investigación encontró que 16.6% de las personas participantes señaló que no recibía alimentos durante su jornada laboral.

Además, solamente 37.7% consideró que la alimentación proporcionada era completa y de calidad.

El descanso tampoco aparece como un aspecto resuelto. Aunque 81.3% reportó contar con un área de descanso en su unidad médica, únicamente 48% consideró que ese espacio era digno.

Estos datos permiten dimensionar el problema desde aspectos básicos. No se trata únicamente de cuánto tiempo permanece una persona dentro de un hospital. También importa si puede comer, descansar y desarrollar sus actividades en condiciones adecuadas.

¿Por qué las jornadas prolongadas preocupan a la CNDH?

Una residencia combina formación académica con atención médica. Por eso, una jornada excesiva puede afectar ambos objetivos.

La fatiga acumulada puede dificultar la concentración, el aprendizaje y la toma de decisiones. También puede afectar la salud física y mental de quienes permanecen durante periodos prolongados en los hospitales.

La preocupación no es nueva. Una investigación publicada en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social encontró, en una muestra anterior de residentes, una relación entre jornadas de 80 horas o más por semana y el síndrome de desgaste profesional. En ese estudio, 63.8% de quienes tenían jornadas prolongadas presentó ese síndrome.

La cifra pertenece a esa investigación y no debe confundirse con los resultados del nuevo informe de la CNDH.

¿Qué ocurre con la violencia sexual?

La violencia sexual es otro de los problemas identificados.

La CNDH documenta investigaciones que señalan casos de hostigamiento y acoso sexual contra personas médicas residentes, incluidas mujeres y hombres.

Las conductas pueden abarcar comentarios de contenido sexual, tocamientos y situaciones en las que una persona con mayor jerarquía utiliza su posición para ejercer presión.

La dimensión jerárquica resulta especialmente relevante en una residencia porque la evaluación académica, las calificaciones, las rotaciones y otros aspectos de la formación dependen en buena medida de autoridades y superiores.

La CNDH también ha advertido que los maltratos durante el entrenamiento médico no deben considerarse prácticas normales o necesarias para la formación.

¿Cómo puede afectar esta situación a la salud mental?

El informe relaciona las condiciones de violencia, presión y jornadas extensas con afectaciones en la salud de las personas residentes.

Entre las consecuencias señaladas aparecen agotamiento, ansiedad, depresión y afectaciones en el aprendizaje.

La propia CNDH advierte que este tipo de violencia puede producir efectos psicológicos y físicos de largo plazo y, en casos graves, contribuir a pensamientos suicidas.

Este punto requiere cuidado: hablar de pensamientos suicidas no significa que todas las personas residentes expuestas a violencia los presenten. Se trata de una posible consecuencia asociada a escenarios de violencia y deterioro de la salud mental.

Además, existe evidencia independiente que muestra que la salud mental de los médicos residentes requiere atención. Por ejemplo, un estudio realizado en dos instituciones de Ciudad Obregón, Sonora, encontró que 23.4% de una muestra de 205 residentes obtuvo un resultado positivo en una escala de riesgo de pensamiento suicida. El propio estudio advierte que sus resultados no pueden generalizarse a todos los residentes del país debido a sus características metodológicas.

¿El problema puede afectar a los pacientes?

La discusión no termina en los derechos de quienes realizan una residencia. Los médicos residentes participan de manera directa en la atención de pacientes. Por ello, las condiciones en las que trabajan y estudian también pueden repercutir en la seguridad y calidad de los servicios.

La falta de supervisión es uno de los puntos que la CNDH ha señalado en distintos casos. Las normas aplicables establecen que las personas residentes deben desarrollar sus actividades bajo la asesoría y supervisión del personal médico correspondiente.

Esto resulta relevante porque una residencia no debe entenderse únicamente como mano de obra hospitalaria. Su finalidad es que una persona profesional adquiera competencias para ejercer una especialidad bajo un programa académico y operativo.

¿Qué propone la CNDH para cambiar las residencias médicas?

Ante este escenario, la Comisión plantea modificar las condiciones en las que se desarrolla la formación especializada.

Entre las medidas señaladas está limitar las guardias a 24 horas y eliminar las posguardias, además de fortalecer los mecanismos para denunciar violencia y acoso.

También plantea mejorar la coordinación entre las instituciones educativas y las unidades médicas donde se realizan las residencias.

La finalidad es que ambas partes tengan mecanismos claros para supervisar las condiciones de formación, atender denuncias y dar seguimiento a los casos.

La propuesta también busca que exista una comunicación más efectiva entre residentes, escuelas de medicina y hospitales.

¿Por qué es importante fortalecer los canales de denuncia?

Una persona residente se encuentra dentro de una estructura jerárquica. Su evaluación académica y su formación dependen de personas que, en determinados casos, también pueden ocupar posiciones de autoridad.

Por eso, un canal de denuncia no solo debe existir en el papel. Debe ser accesible, confidencial y capaz de proteger a quien presenta una queja.

La CNDH plantea fortalecer estos mecanismos para que las agresiones puedan ser reportadas y atendidas.

El objetivo es evitar que denunciar una conducta de acoso, violencia o abuso de autoridad termine convirtiéndose en un nuevo factor de presión para la persona afectada.

¿Qué está documentado y qué debe tomarse con cautela?

El dato central está claramente respaldado: 54% de los residentes participantes reportó haber sufrido algún tipo de violencia. La investigación también identifica quiénes fueron señalados como responsables y documenta problemas relacionados con alimentación, descanso y actividades fuera del programa educativo.

En cambio, no es correcto convertir cualquier cifra sobre médicos residentes publicada en otros estudios en un resultado de la CNDH. Por ejemplo, los porcentajes relacionados con ideación suicida o desgaste profesional proceden de investigaciones distintas y deben conservar su propia fuente.

Esta diferencia es importante para entender el alcance real del informe: la CNDH presenta un diagnóstico de derechos humanos y reúne evidencia de distintas investigaciones, mientras que algunos porcentajes específicos provienen de estudios particulares realizados con muestras diferentes.

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¿Qué revela el informe sobre las residencias médicas en México?

El problema que describe la CNDH no se reduce a un caso de maltrato aislado. Los datos muestran una combinación de factores: violencia ejercida desde posiciones jerárquicas, acoso laboral y sexual, actividades ajenas al programa educativo, dificultades para recibir alimentos adecuados, espacios de descanso que no siempre son considerados dignos y problemas de supervisión.

Por ello, la discusión planteada por el organismo apunta a revisar el modelo de formación médica especializada, no solamente a sancionar casos individuales.

La residencia médica debe permitir que una persona profesional aprenda y adquiera experiencia clínica. Para la CNDH, ese proceso debe realizarse sin convertir el maltrato, la sobrecarga o la violencia en mecanismos de enseñanza.

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