Empezó vendiendo quesadillas para pagar la universidad y ahora La Casa de Toño analiza una venta de más de 400 millones de dólares para llevar su pozole a EEUU y Latinoamérica
La cadena mexicana contrató a BBVA México para explorar una operación que incluiría sus 81 restaurantes, aunque hasta ahora no existe un acuerdo definitivo ni se ha confirmado quién podría adquirir el negocio

Lo que comenzó con un estudiante vendiendo quesadillas en la calle para cubrir los gastos de su carrera universitaria podría convertirse en una de las operaciones más relevantes del sector restaurantero mexicano. La Casa de Toño analiza una posible venta por más de 400 millones de dólares, con el objetivo de obtener recursos y una estructura empresarial que le permitan extenderse por México, Latinoamérica y EEUU.
La información fue publicada originalmente por El Financiero, con base en un reporte de Bloomberg y en presentaciones dirigidas a posibles inversionistas. Personas familiarizadas con el proceso señalaron que la operación todavía se encuentra en etapa de análisis, por lo que no existe certeza de que la cadena cambie de propietario.
La posible transacción incluiría los 81 restaurantes que la empresa opera principalmente en Ciudad de México y su zona metropolitana. La cadena es conocida por platillos como pozole, quesadillas, flautas y sopes, además de un modelo de atención rápida que durante décadas ha mantenido filas constantes en distintas sucursales.
¿La Casa de Toño será vendida?
La información disponible señala que La Casa de Toño explora una venta, pero esto no significa que la transacción ya haya sido acordada o firmada.
Según los documentos revisados por Bloomberg, la empresa contrató a BBVA México como asesor financiero exclusivo para conducir el proceso, presentar el negocio ante posibles inversionistas y estudiar las alternativas disponibles.
BBVA explica en su información corporativa que sus servicios de fusiones y adquisiciones incluyen la búsqueda de socios financieros o estratégicos, el análisis de desinversiones y el acompañamiento durante operaciones de compra o venta de empresas. La contratación de un asesor de este tipo suele formar parte de una etapa de evaluación, pero no obliga a los accionistas a concretar una venta.
Ni La Casa de Toño ni la institución bancaria confirmaron públicamente los detalles del proceso. BBVA declinó hacer comentarios y los representantes de la cadena no respondieron las solicitudes de información enviadas por Bloomberg.
¿Cuánto podría valer la cadena mexicana?
Las personas consultadas estimaron que la operación podría superar los 400 millones de dólares, cantidad que equivaldría a más de ocho veces las ganancias ajustadas del negocio.
El valor planteado sería aproximadamente el doble del múltiplo con el que cotizan algunos de los principales operadores restauranteros de la región, entre ellos Alsea, empresa que maneja marcas como Starbucks y Domino’s Pizza en distintos mercados, y Arcos Dorados, operadora de McDonald’s en Latinoamérica.
Esta diferencia respondería, de acuerdo con las presentaciones para inversionistas, al crecimiento alcanzado por la cadena, la lealtad de sus consumidores y las posibilidades de llevar el concepto a nuevas ciudades y países.
La cifra representa una valoración estimada y no un precio definitivo. El monto podría cambiar durante las negociaciones, después de revisar los estados financieros, los contratos de arrendamiento, los activos, las obligaciones laborales y las perspectivas de expansión.
¿Quién podría comprar La Casa de Toño?
Grupo Gigante figura entre los posibles interesados, junto con otros grupos empresariales mexicanos cuya identidad no fue revelada debido a la confidencialidad de las conversaciones.
La compañía no confirmó que esté preparando una oferta. Hasta el momento, su posible participación se basa únicamente en información proporcionada por fuentes cercanas al proceso.
Grupo Gigante cuenta con experiencia en el manejo de negocios comerciales y restauranteros. Por medio de su división de restaurantes opera 257 establecimientos en México bajo formatos como Toks, Panda Express, Shake Shack y El Farolito.
La empresa también participa en la operación de Office Depot y ha realizado compras y alianzas para ampliar distintas líneas de negocio. Su experiencia podría convertirla en un comprador con capacidad operativa para integrar una cadena como La Casa de Toño, aunque no existe una decisión pública al respecto.
De las quesadillas para pagar la universidad a 81 restaurantes
La historia del negocio comenzó por una necesidad personal. Marco Antonio Campos buscaba obtener ingresos para pagar sus estudios de Derecho en la Universidad del Valle de México.
Con ayuda de su madre y de una trabajadora que colaboraba en su casa, comenzó a vender quesadillas preparadas con distintos guisos. El proyecto inició en 1978 y, conforme aumentó la cantidad de clientes, incorporó otros platillos de la cocina mexicana, como flautas y sopes.
En 1985, después de que las autoridades le impidieran continuar vendiendo en la vía pública, instaló un pequeño restaurante llamado Las Dos Poblanas en la zona que actualmente corresponde a la alcaldía Azcapotzalco.
El nombre que terminaría definiendo a la cadena nació de una expresión cotidiana. Los amigos de Marco Antonio Campos acostumbraban decir que irían “a la casa de Toño” cuando planeaban visitar el establecimiento.
Esa frase terminó desplazando el nombre original y se convirtió en la identidad de un negocio que pasó de un puesto callejero a una red de 81 restaurantes. La expansión se concentró durante años en Ciudad de México y municipios del Estado de México.
¿Por qué La Casa de Toño busca expandirse fuera de México?
Las presentaciones elaboradas para inversionistas describen oportunidades de crecimiento en otras regiones de México, Latinoamérica y EEUU.
La propuesta consiste en aprovechar el reconocimiento de una marca asociada con comida mexicana de consumo cotidiano para entrar a ciudades donde existe población familiarizada con platillos como pozole, flautas y quesadillas.
Esta posibilidad no significa que ya se hayan definido ciudades, fechas de apertura o cantidades de restaurantes. La expansión forma parte del potencial presentado a los inversionistas y dependería de que la empresa encuentre un comprador o socio con capital, infraestructura y capacidad para operar en nuevos mercados.
Los accionistas habrían recibido anteriormente distintas propuestas de compra, según los documentos consultados. Sin embargo, las presentaciones no identificaron a esos interesados ni precisaron por qué las ofertas anteriores no avanzaron.
¿Qué podría cambiar para los clientes?
Por ahora, no se han anunciado cierres, modificaciones en el menú, cambios de precios ni afectaciones para empleados o consumidores.
Una eventual venta podría conservar la marca y su modelo actual, modificar la estructura administrativa o acelerar la apertura de nuevas sucursales. Esos cambios dependerían de las condiciones del acuerdo y de las decisiones del comprador.
También sería necesario determinar si los actuales propietarios venderían la totalidad del negocio o conservarían alguna participación. Los detalles disponibles únicamente indican que la transacción contemplaría las 81 unidades de la cadena.
El proceso continúa sin una venta confirmada
La posible operación coloca a La Casa de Toño ante una nueva etapa, más de cuatro décadas después de que su fundador comenzara a vender comida para pagar la universidad.
Sin embargo, la información debe interpretarse como una exploración empresarial y no como una venta consumada. Hasta que las partes confirmen un acuerdo, no puede asegurarse que Grupo Gigante u otro consorcio vaya a adquirir la cadena.
El desenlace dependerá de las ofertas presentadas, la revisión financiera del negocio, las condiciones planteadas por los accionistas y la decisión final de sus propietarios. Mientras ese proceso avanza, La Casa de Toño mantiene sus operaciones y sus restaurantes continúan atendiendo con normalidad.
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