Convierten espinas y recortes de nopal en fertilizante orgánico para recuperar suelos agrícolas
La prueba en avena forrajera redujo hasta un mes la maduración y abrirá ensayos en maíz y zanahoria.

Los residuos generados durante la limpieza y procesamiento del nopal pueden volver a los campos agrícolas como fertilizante. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México comprobaron que su aplicación incrementó hasta 20% la biomasa de cultivos en Milpa Alta, Ciudad de México.
El fertilizante también permitió que la avena forrajera utilizada durante las pruebas madurara hasta un mes antes, un resultado que puede beneficiar a productores que dependen de las lluvias y trabajan terrenos sin sistemas de riego.
¿Qué residuos del nopal pueden aprovecharse?
La investigación utiliza espinas, orillas y partes dañadas que son retiradas antes de que el nopal sea comercializado. Estos desechos representan entre 15% y 20% de la verdura procesada.
Normalmente, el material termina en la basura o en pilas de compostaje urbano. El proyecto plantea reaprovecharlo mediante un proceso conocido como digestión anaerobia, en el que la materia orgánica se descompone sin presencia de oxígeno.
Al finalizar se obtiene un residuo líquido llamado digestato, que puede ser evaluado y aplicado como fertilizante orgánico.
Entre los posibles beneficios del proceso se encuentran:
- Recuperar residuos agrícolas considerados merma.
- Reducir el uso de fertilizantes sintéticos.
- Restablecer funciones biológicas del suelo.
- Generar energía durante el procesamiento.
- Disminuir los residuos enviados a la basura.

¿Cuánto mejoraron los cultivos en Milpa Alta?
El equipo científico aplicó el digestato en cultivos de avena forrajera establecidos en Milpa Alta. Desde el primer ciclo agrícola se observó un aumento de 20% en la biomasa, es decir, en la cantidad total de materia orgánica producida por las plantas.
También se redujo hasta en un mes el periodo necesario para que la avena alcanzara su maduración. De acuerdo con los investigadores, este resultado puede permitir ciclos productivos más cortos y un mejor aprovechamiento de las temporadas de lluvia.
Milpa Alta produce la mayor parte del nopal de la capital
Milpa Alta es considerada el principal centro productor de nopal en México. En esa alcaldía se cultivan cerca de 4 mil 500 hectáreas, que generan más del 90% del nopal consumido en la Ciudad de México.
El volumen de producción también genera grandes cantidades de espinas, recortes y partes que no llegan al consumidor. La investigación busca que esos residuos sean utilizados dentro del mismo sistema agrícola, en lugar de convertirse en desperdicios.
La empresa Sustentabilidad en Energía y Medio Ambiente, conocida como Suema, administra una planta de procesamiento de nopal mediante un convenio con la alcaldía Milpa Alta.
La compañía trabaja con productores para generar electricidad destinada al centro de acopio y utilizar los subproductos del proceso como posibles fertilizantes.
¿Quiénes podrían beneficiarse con este fertilizante?
El investigador Bruno Chávez Vergara explicó que el proyecto pretende impulsar una transición de la fertilización sintética hacia alternativas orgánicas.
Uno de los grupos que podría obtener mayores beneficios es el de los agricultores de ladera, quienes trabajan principalmente con cultivos de temporal. En estos terrenos, el uso de maquinaria puede provocar erosión y pérdida de suelo fértil.
El proyecto también busca mejorar el manejo de los suelos volcánicos del sur de la cuenca de México para:
- Fortalecer la producción sustentable de alimentos.
- Favorecer la recarga de agua.
- Reducir la degradación del suelo.
- Mitigar efectos relacionados con el cambio climático.
La UNAM probará el digestato en maíz y zanahoria
Después de los resultados obtenidos con la avena, el equipo científico pretende ampliar las pruebas a cultivos como maíz y zanahoria.
Los investigadores también buscarán determinar la dosis mínima rentable para que los productores obtengan beneficios sin elevar los costos de aplicación.
La tecnología podría probarse en Santiago Tulyehualco, Xochimilco, y Tetelco, Tláhuac. El proyecto fue financiado entre 2018 y 2020 por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México.
La investigación está encabezada por Bruno Chávez Vergara, del Departamento de Ciencias Ambientales y del Suelo, junto con especialistas del Instituto de Geología de la UNAM.
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