¿Méjico o México? Por qué hay extranjeros que insisten en escribir con “J” el nombre del País y qué dice la RAE
Insistir en escribir “Méjico” es perfectamente legal según la teoría más estricta de la RAE (que lo considera válido pero no recomendado), pero resulta anacrónico y cortésmente desaconsejado.

CIUDAD DE MÉXICO.- — Para entender el conflicto, hay que viajar al siglo XVI. Cuando los conquistadores españoles llegaron al valle de Anáhuac, escucharon a los mexicas pronunciar el nombre de su tierra como Meshíco (con un sonido similar a la “sh” inglesa).
En el castellano medieval de la época, el fonema /ʃ/ (el sonido “sh”) se representaba precisamente con la letra X. Por lo tanto, registrarlo como “México” fue la solución gráfica más exacta para la fonética de aquel tiempo.
Sin embargo, el idioma español es un organismo vivo. Entre los siglos XVI y XVII, el castellano experimentó un cambio radical en su pronunciación conocido como el reajuste de las sibilantes.
El sonido “sh” comenzó a retrasarse en la garganta hasta convertirse en el sonido velar fricativo sordo /x/, es decir, el sonido actual de la J o de la G (como en “jirafa” o “gente”).
Así, la palabra Meshíco pasó a pronunciarse Méjico.
La reforma de la RAE y la rebelión mexicana
En 1815, la Real Academia Española (RAE) decidió poner orden en el caos ortográfico del imperio. Dictaminó que todas aquellas palabras que se escribían con «X» pero se pronunciaban como «J» debían cambiar su grafía a la «J». Palabras como Don Quixote pasaron a ser Don Quijote, y Ximénez se convirtió en Jiménez.

La norma también pretendía aplicarse a los topónimos americanos: México debía convertirse en Méjico, y Texas en Tejas.
Pero la geografía y la política se interpusieron. México consumó su independencia de España en 1821. Adoptar la «J» impuesta por la academia de la metrópoli colonial se sintió en el país americano como una renuncia a su propia identidad y a sus raíces indígenas.
Los mexicanos se plantaron firmes: se seguiría escribiendo México, manteniendo la «X» como un símbolo de resistencia cultural y continuidad histórica, a pesar de que fonéticamente se pronunciara con «J».
Para los mexicanos, la «X» representa su raíz náhuatl, el origen de su tierra y la soberanía de decidir cómo llamarse a sí mismos. Escribirlo con «J», ya sea por descuido extranjero o por provocación política, ignora que la lengua, más que un conjunto de reglas rígidas, es el espejo del respeto mutuo entre los pueblos.

Durante casi dos siglos, se generó un cisma: en España se estandarizó el uso de “Méjico” en la prensa y los libros escolares, mientras que en América Latina se respetó la grafía original con “X”.
No fue hasta 2005 cuando la RAE cedió formalmente en su Diccionario Panhispánico de Dudas, declarando:
«La aparente falta de correspondencia entre grafía y pronunciación se debe a que la letra x conserva en estos nombres el valor que tenía en el castellano antiguo [...]. Se recomienda recuperar la grafía propia y mayoritaria de los propios países, que es, además, la usada en el resto de Hispanoamérica».
Isabel Díaz Ayuso y el uso político de la «J»
Aunque el debate lingüístico quedó zanjado por las academias, el uso de la «J» ha persistido en ciertos círculos extranjeros, a veces por mera inercia generacional y otras, de forma deliberada, como un resorte político.

Un ejemplo emblemático de esto ocurrió con Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Durante sus intervenciones públicas y debates sobre el legado de España en América, la líder conservadora ha defendido una visión muy particular de la Hispanidad, lo que la ha llevado a protagonizar choques ideológicos con el gobierno mexicano.
En ese contexto de tensiones diplomáticas —especialmente tras las exigencias de disculpas históricas por la Conquista—, sectores de la derecha española han vuelto a abrazar la grafía con «J» como un gesto de autoafirmación frente a lo que consideran “indigenismo revisable”.

La propia Díaz Ayuso, al referirse a la historia compartida, ha enfatizado la importancia del legado español en América Latina afirmando:
El indigenismo es el nuevo comunismo [...] pretenden deshacer el legado de España, un legado que fue de libertad, de mestizaje y de universidades".
Bajo esta narrativa, para algunos sectores nostálgicos o nacionalistas en España, escribir “Méjico” con «J» no es un error ortográfico, sino una forma de reivindicar las leyes de la gramática dictadas históricamente desde Madrid, rechazando lo que perciben como una imposición nacionalista del otro lado del Atlántico. Es, en suma, convertir la ortografía en una trinchera ideológica.
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