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Tuerca y tornillo

Basados en el calendario electoral establecido; nos encontramos a tres años de distancia para elegir al nuevo presidente de la República.

Por Antonio Medina de Anda

Basados en el calendario electoral establecido; nos encontramos a tres años de distancia para elegir al nuevo presidente de la República, o sea, a mil días con sus correspondientes noches, que de acuerdo a la efemérides o fecha notable, hemos de suponer que los votantes legitimarán al ciudadano, partido y programa escogidos para regir los “destinos de la patria” aun cuando, al parejo de todos los sexenios precedentes, un círculo encubierto, misterioso e imperturbable se autoaujudica el atributo de nombrar, del microscópico número de ansiosos, a quien reúne las cualidades para ser candidato sin descartar, de acuerdo a la pragmática costumbre de alianzas con “dados cargados” en favor del “mejor” calificado.

Cierto que uno de los mitos mejor acreditados de parte del PRI sugiere que atañe al Ejecutivo saliente dictaminar, certificar e imponer a su heredero por encima del ficticio “candidato de unidad”; “fiel de la balanza”; “acreditado patriota”; “Partidista de convicción” o “devoto del Presidente a relevar”.

Engañoso y burlesco trámite actuado de parte de mafiosos escogidos por el gobierno en turno, cúpula empresarial, capos sindicales y altos burócratas partidistas los que concluido el respectivo aquelarre (conspiración de brujos); retiraran la teatral careta del enmascarado para, tercera llamada de la expectante revelación, sobrevenga la cargada masiva y propagandística de los medios a salud del “tapado-destapado”.

Por eso la turca, la rosca y el tornillo ajustados a la máquina electoral nunca, en esencia, han sido reemplazados puesto que las presumibles reformas urdidas y aplicadas han servido, casi no, casi sí, para medio lavarle la cara al chapucero sistema comicial, a sus funcionarios, instituciones y reglamentos que por tradición son utilizados de manera facciosa u omisa; ladeados hacia el santo y seña perpetrador de fraudes o estafas por encargo de los dueños de la pelota o, en su deformación, en lucro de quienes influyen a través del poder del dinero dispuesto para tales fines.

Precisamente después de los múltiples episodios electorales; la historia nos alcanzó por medio del “Sufragio efectivo no reelección”. Imaginaria clave para cimentar la participación y representación democrática y, a la par, demoler las estructuras absolutistas por cuanto sostén de grupos minoritarios que perdurables y reciclados, el antes aplaudido modelo del sufragio verdadero al nacer agonizante para luego lo mataron.

Sin embargo, y como si no existiera memoria alguna, lo cursi se relaciona con el tempranero morbo que analistas, politólogos y comentaristas vienen refritiando sobre el régimen de la llamada 4T y sus prematuros descorchados presidenciables, los que sometidos bajo reflectores periodísticos a ultranza urden marañas, tejen adivinanzas o profetizan acertijos vinculando a AMLO a lo que diga su dedito; de si Morena tiene mano; de cuantas vueltas será la maroma de los aliados ¿Y la encuesta? ¿Y la tómbola? ¿Y la lotería?

Nada ha cambiado: los magnates continuarán apropiándose de la riqueza. Los políticos profesionales ocupándose de los votos. Y satisfechas las partes al momento de palomear al “bueno” (le llaman consenso); el singular sínodo de jefes dejara’ salir el humo negro al grito de ¡tenemos Presidente…!

*- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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