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Columnas

Sol rojo

Los cachanillas siempre estamos recordando a fines de agosto, que de niños y adolescentes esperábamos “la noche del grito”.

Por Alberto Tapia

Los cachanillas siempre estamos recordando a fines de agosto, que de niños y adolescentes esperábamos “la noche del grito”, o sea el ocaso del 15 de septiembre, para ir a Palacio de Gobierno (hoy Rectoría UABC), a participar en el ritual patriótico más importante del año. El acto cívico empezó a degenerar con la venta de cerveza hasta convertirse en lo que se dio a llamar la “feria del bote”. Pero un ingrediente muy importante para los asoleados mexicalenses era que había que llevar un suéter, pues la noche se enfriaba por primera vez después de la primavera anterior.

Llevamos muchos años añorando ese marcado cambio en el clima que no se daba. Pues al inicio de la semana anterior, lunes siete y martes ocho de septiembre, el evento climático resucitó para sorpresa de todos, pues se adelantaba toda una semana a lo recordado en la última mitad del siglo pasado, el XX. ¡El cambio climático! dijimos, ¡parece que nos beneficiará por fin! ¡Ho! Triste engaño, la temperatura no bajó en forma natural, sino porque el Sol dejó de calentar muchas horas en esos días, ¿por qué?, por la densa capa de humo que nos invadió desde el Norte.

En las redes sociales hay cantidad de fotos de ciudadanos mostrando un Sol rojo, sobre todo al atardecer. Algunos indagaron y conocieron la tragedia ambiental que azotaba, y todavía azota, a California con la multitud de incendios forestales que ya han sido catalogados como históricos para el Estado vecino americano. La estadística de su destrucción y pérdida de vidas humanas, ya ni quien se acuerde de los animales, habla de la magnitud de esa conflagración ambiental que coincidió con los primeros aires provenientes del Norte y nos cubrió por varios días.

La tarde del martes ocho de septiembre, cazábamos palomas en la Colonia Pólvora y observamos una conducta errática en los pájaros. En todos no sólo en los de caza. Parecía que habían perdido el tradicional ritmo de su rutina, no sabían si ya era hora de beber, sestear o comer, debido a la ausencia de la potente luz solar. Quienes habitamos esta gran región que fue invadida por el humo  del Norte, aprendimos, aunque en forma muy leve, cómo se sufre la ausencia del Astro Rey del cual el registro histórico da cuenta, por ejemplo de dos magnos eventos catastróficos: el meteorito de 10 kilómetros de diámetro que impactó la costa Norte de Yucatán hace 65 millones de años y extinguió a los dinosaurios; y la erupción del volcán Vesubio en el mediterráneo hace 40 mil años y a la que se atribuye la causa de la desaparición del hombre Neandertal.

Y si sólo unas horas de Sol rojo a media potencia pero aún visible, bajó la temperatura drásticamente la semana pasada, ¿imaginen meses de oscuridad y asfixia al caer la ceniza, sin fotosintetización que mató a la vegetación y los animales herbívoros murieron de hambre y luego los carnívoros sin qué comer? Y esto puede repetirse en cualquier momento.

*- El autor es investigador ambiental.

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