No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Priismo inmortal

Basados en la crónica posrevolucionaria; a los vencedores de la guerra civil les bastó una década para consecutivamente rasurar el aparato partidista, el instrumento mediante el cual construyeron su desmedido mando e invicto predominio social.

Por Antonio Medina de Anda

Basados en la crónica posrevolucionaria; a los vencedores de la guerra civil les bastó una década para consecutivamente rasurar el aparato partidista, el instrumento mediante el cual construyeron su desmedido mando e invicto predominio social, ambos, obviamente, como requisito indispensable para hacerse de un poder económico que aparte de absoluto, se dispuso al servicio de una burguesía porfirista sobreviviente y continuada (misma que) de manera creciente se vio renovada y acrecentada por el brazo corrupto de los que aparentemente los habían derrotado, esto es, la pandilla pastoreada por los generales Álvaro Obregón y Elías Calles.

En la pronta descomposición y deterioro de la llamada revolución mexicana, un determinante ingrediente para dicha quiebra lo constituyó, para no olvidarlo, el acierto que los estrategas de entonces implementaron para asegurarse de monopolizar el gobierno instituyendo, con dicho fin, el Partido Nacional Revolucionario (PNR); seguidamente el Partido de la Revolución Mexicana (PRN) hasta culminar con el macabro Partido Revolucionario Institucional (PRI) ¿motivación de la tétrica metamorfosis? Ni más ni menos que las feroces reyertas desatadas entre las facciones con miras a repartirse o adueñarse del botín: Estela de asesinatos, destierros, detenciones y purgas solo aminoraron equilibrando al interior del PRI los procedimientos de rapiña.

Sin duda la susodicha nivelación consistió en ramificar al priato a través del sector obrero, campesino, popular y militar confiriéndole a estos apéndices o partidos enanos las uñas y dientes requeridos para devorar la parte del pastel vía contratos, concesiones, puestos públicos y otras gracias de rápido y floreciente dominio político y patrimonial que remolcó al país hasta la inmundicia donde yace tocante a la corrupción, inseguridad, desigualdad y aberraciones equivalentes pues de ningún otro vertedero provienen los hombres más ricos, caciques sindicales, clase política inmoral y otros explicables que por donde se les mueva destilan pus.

Un cáncer, por cierto, jamás extirpado ya que a lo sumo le han aplicado algún ungüento simulando, por ejemplo, “partidos opositores” los que financiados desde el poder han sido licuados en coloridas estampas tipo el Verde ecologista, PT, PES y otras gatas iguales aunque revolcadas se mantienen bajo el dominio del dinero público así se reclamen de izquierda, derecha, centro o tutifruti. Todo un drama que la descomposición ideológica y política emanada del pensar y actuar torcido de la partidocracia llevaron, sin más, al control  ciudadano de parte de las mafias que en esencia representan las ambiciones propias y de la minorías a la cual viven doblegados.

Cegadoras letras de oro grabadas por la cultura tricolor que advierten, nunca de los nunca, deberá patearse el pesebre tejedor de fraudes y estafas que abonan continuidad y culto a la corrupción.

Producto de la nostalgia la mutación inducida por el régimen (PNR-PRM-PRI), extraviado el partido único y desplumado el Prigobierno; el embrujo del sistema corrupto e impune se resiste a estirar la pata al extremo de reciclarse a través de pactos, coaliciones, cartas de intención, candidaturas “ciudadanas” y acrobacias semejantes a las que a lo largo de un siglo continúa proyectando el inmortal priismo…

*- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

 

Comentarios