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Ociar

La pandemia nos deja tiempo de sobra que seguido no sabemos qué hacer con él. Porque no es lo mismo el ajetreo y las carreras para llegar a tiempo a la oficina bañados, arreglados y peinados (no todos lo logran); que sentarnos frente a nuestra computadora con media indumentaria de la cintura para arriba para entrar puntuales a una reunión virtual. Y, cuando la sesión de Zoom se acaba, somos chinos libres.

Por Miguel Ángel Lino

La pandemia nos deja tiempo de sobra que seguido no sabemos qué hacer con él. Porque no es lo mismo el ajetreo y las carreras para llegar a tiempo a la oficina bañados, arreglados y peinados (no todos lo logran); que sentarnos frente a nuestra computadora con media indumentaria de la cintura para arriba para entrar puntuales a una reunión virtual. Y, cuando la sesión de Zoom se acaba, somos chinos libres.

Pero como las video juntas son limitadas, pues uno se puede dedicar sin preocupación alguna a la contemplación de la nada y su universo infinito. Coloquialmente: “Echarla a nuestras anchas”.

Ociar es un verbo que nadie utiliza; pero que muchos practican en la conjugación de la primera persona del presente: yo ocio. Que tampoco se dice pero que les acomoda de maravilla.

Claro, ocio es un vocablo masculino que seguramente tiene este género porque a los hombres se nos da mejor. Ya que las mujeres siempre tienen algo que hacer y si no lo tienen, lo buscan.

Ahora bien, el ocio es un lapso indefinido en el que se pueden incubar ideas muy creativas, algunas de ellas de alto provecho y otras que no sirven para nada, pero te entretienen.

Lo mejor sucede cuando brota algo en nuestro “momentum” de ociosidad y hasta gritamos ¡Eureka!, del griego “lo encontré” y se lo comunicamos a nuestra pareja: quien, con los ojos hacia arriba, nos dice: “Eso, se me ocurrió el año pasado y te  lo comenté”.

Una de dos: O continuamos ociando o buscamos algún mensaje interesante y verosímil en Whatsapp, Facebook, Twitter e Instagram  (escasean, pero los hay) con relación a la dichosa vacuna que todos estamos esperamos para ponernos a trabajar de tiempo completo.

Sí, sí, lo sé: hay quienes trabajan turnos de ocho horas o más en plena pandemia, pero ellos ocian cuando nadie los ve.      

LA PALABRA DE HOY: OCIAR

En el diccionario de la Real Academia dice que ociar es “apartar a alguien de su trabajo para que se dedique a algo que lo deleite”. ¡Ojalá que se pusiera en práctica!

La otra acepción es dejar el trabajo (de manera temporal o permanente) para dedicarse al ocio, lo que se práctica desde el origen de los tiempos. Lo malo es que ociar es mal visto.

Este vocablo proviene del latín 'otiâri' y su etimología es tan, pero tan floja que significa “estar ocioso”. No le pidamos más.  

           

DE MI LIBRERO: ENSAYO DE UNA CRIMEN.

Con frecuencia el ocio es mal consejero y hasta peligroso. Solo que aquí me referiré a una ficción escrita en los años 40 por el dramaturgo Rodolfo Usigli, padre del teatro en México e iniciador de la novela negra o policiaca.

El personaje principal, Roberto de la Cruz, un vividor con estilo, no tiene otra cosa qué pensar que en cometer un crimen por el solo placer de hacerlo. Pero, su primer intento lo llena de frustración porque otro asesino mata la víctima que con gran esmero había seleccionado… léala y matará el tiempo ociando.

*- El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

 

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