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Columnas

Mexicano, sonorense y cachanilla

En el ZOO del Bosque de la Ciudad de Mexicali, nació un cordero de borrego cimarrón, especie “bajo protección especial” por las leyes mexicanas.

Por Alberto Tapia

En el ZOO del Bosque de la Ciudad de Mexicali, nació un cordero de borrego cimarrón, especie “bajo protección especial” por las leyes mexicanas, sin embargo, se les caza en cualquier estado mexicano, excepto Baja California. El título de gentilicios de esta columna obedece a lo siguiente: Los padres del cachorro provienen del Estado de Sonora, donde existe la subespecie “Ovis canadensis mexicana”, y nació en tierra mexicalense. Es posible que desciendan de cimarrones nacidos en Isla Tiburón, Sonora, en donde su población original fue extinguida por cazadores legales y furtivos.

En los años setenta, el Gobierno Federal capturó unos 20 cimarrones en las sierras costeras sonorenses y los llevó a la isla, en donde, sin tener depredador en su contra, se propagaron hasta más de 500. Entonces se reinició la caza deportiva y la captura de ovejos para repoblar las sierras norteñas mexicanas que alguna vez tuvieron cimarrones originales. La Taxonomía reconoce a una especie de borrego del desierto, el “Ovis canadensis nelsoni”, que habita desiertos del Oeste estadounidense. Y reconoce a tres subespecies: el “O. c. mexicana”, el “Ovis canadensis cremnobates” y al “Ovis canadensis weemsi”. Los dos últimos habitan la península de Baja California.

Pero al inicio de este siglo, investigadores encontraron excretas de borrego en Isla Tiburón, de las que pudieron extraer ADN y resultaron con 1,500 años de antigüedad y pertenecientes a “Ovis canadensis nelsoni”, el cimarrón del desierto de los EUA. Este hallazgo ofrece la posibilidad de que las tres subespecies de borregos mexicanos hayan sido nelsoni originalmente, y al adaptarse a los distintos nichos ecológicos mexicanos, se transformaron en tres subespecies diferentes para la Ciencia (¡Borregos! Historias Cimarronas, 2020).

O.c. mexicana ha demostrado reproducirse aceleradamente cuando no se les caza, se les quita al depredador principal, el puma, y se les asegura la comida y el agua. Hoy en Sonora hay tantos cimarrones en encierros, alrededor de 4 mil, como los hay en vida silvestre. No obstante esa nobleza, los cimarrones que han vivido en el ZOO cachanilla han muerto por intoxicación de alimentos dados por la gente que los admira. El nacimiento del “cordero cachanilla”, nos dice que sus padres se sienten seguros en su encierro, ojalá la gente los respete.

 Los Zoológicos han sido criticados y rechazados por parte de la sociedad global, pero algunos de ellos cumplen con la vital función de evitar extinciones. Si no hubiera sido por los Zoológicos de Los Ángeles y San Diego, el cóndor de California se hubiera extinguido ya. Esperamos que como es costumbre, el público bautice al cordero cachanilla participando en alguna convocatoria, esa ha sido la política del área de esparcimiento favorita de los cachanillas. Los borregos cimarrones aman la libertad, superan las sequías, evitan las balas, sobreviven a las enfermedades, comen espinas cuando no hay más, pero no pueden sobrevivir a la destrucción de su hábitat por los humanos y sus animales. Don Martín León, de Caborca, Son., me dijo alguna vez: “¿Quieren ayudar al cimarrón?: déjenlo en paz”.

*- El autor es investigador ambiental.

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