No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Mentiras y verdades a medias

Aún insuficientes como limitados sus hallazgos; los trabajos de investigación respecto al origen de los medios de comunicación creados y recreados en México permiten, más allá de lo subjetivo, brindar elementos claves que posibilitan sustentar un juicio sobre los intereses a los que dichos instrumentos deben sumisión al margen del profesionalismo, potencial económico o contenido divulgado.

Por Antonio Medina de Anda

Aún insuficientes como limitados sus hallazgos; los trabajos de investigación respecto al origen de los medios de comunicación creados y recreados en México permiten, más allá de lo subjetivo, brindar elementos claves que posibilitan sustentar un juicio sobre los intereses a los que dichos instrumentos deben sumisión al margen del profesionalismo, potencial económico o contenido divulgado. Por el esfuerzo que implica reunir un diagnóstico de quienes han abordado el tema, solo recordaremos a Raúl Trejo (televisa y el Cuarto Poder) y a Vicente Leñero (Los periodistas) en cuanto referentes de investigación y crónica sembradas con rigor que, recalcamos, retratan objetivamente la hegemonía televisiva, radial e informativa de los medios chayoteros mexicanos.

Sin que signifique un procedimiento exclusivo, para calibrar la naturaleza de la prensa diaria basta visitar cualquier lugar donde se guardan diarios y revistas de fecha atrasada (hemerotecas) lo cual, relacionado con el tema aquí tratado, sin reservas nos ilustrará sobre el estímulo que la prensa inculca en el ánimo ciudadano sea azuzando, desinteresando o generando incertidumbre en asuntos de interés público que plumas y voces guiadas tuercen u ocultan en interés de quienes “pagan para que peguen”: característica notable, común y corriente de todo medio mercader, que salvo excepciones, son expertos en delatar, encubrir y subastar la realidad correspondiente.

Escribir nombres de políticos o de escribanos serviles sería tarea excesiva, no obstante, bastaría ejemplificar con el desaparecido Jacobo Zabludovsky y sus descendientes monigotes para justamente percibir, sobre la nariz, la penetrante descomposición del vínculo gobierno-medios pues ambos, en coordinado concierto, batuta en mano lo mismo montan provocaciones que justifican injusticias, abogan por acciones antipopulares o censuran actos opositores pues en términos palpables mientras el régimen condena; los tóxicos informadores, analistas y comentaristas incitan a los verdugos.

Por supuesto el tiempo no siempre ha sido igual, es decir, aquello que por décadas se configuró como patrón a seguir terminó por ser sospechoso, repudiado y carente de credibilidad,  no solo ante la mirada internacional, sino también en el sentir y razonar de los mexicanos llevando a la dictadura perfecta sexenal a cambiar para que todo siga igual ya que el dúo gobierno-periodismo debería persistir entre lo mismo y lo peor.

Imputar responsabilidad a políticos en desgracia, acusar a las víctimas de su propio infortunio o compensar a través del erario público a los chantajistas de unos medios de prensa diestros en manipular, corromper y enajenar incluyendo a quienes debieran resistir, o de menos mantener el equilibrio, tal corresponde a la escuela, sindicatos y al medio artístico y cultural perseveran, desgraciadamente,  bajo un entorno envilecido y en gran parte enrarecido por el “Cuarto Poder”.

Si alguna asignatura sigue pendiente en México, la misma, sin duda, implica a la urgente e impostergable necesidad de mantener, tanto como acrecentar, una permanente ofensiva de parte del sector opositor organizado en repudio del engaño, maniqueísmo  y falsedades cotidianas que son el distintivo de “nuestra” prensa y mercenarios que la propician.

* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

Comentarios