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Columnas

La grilla empresarial

El activismo no es nada nuevo, está presente desde que el hombre asumió su rol de animal político y desde entonces sigue presente.

Por Ariosto Manrique Moreno

El activismo no es nada nuevo, está presente desde que el hombre asumió su rol de animal político y desde entonces sigue presente. En la empresa ha sido un poco diferente, pero con el pasar de los años los hombres y mujeres de negocios han asumido un rol mucho más activo justificado precisamente en que la empresa es un ente que va mucho más allá de generar riqueza y empleo. Por eso una cosa es el activismo y otra la “grilla”.
Uno de los estudios globales más influyentes sobre confianza, el Trust Barometer de Edelman, arrojó recientemente resultados muy interesantes:

1.- 2 de cada 3 consumidores dicen que los CEO (Directores Generales) deberían tomar acciones más concretas sobre los temas sociales, inclusive antes que los legisladores.
2.- 84% opina que los CEO deben participar en discusiones y debates en temas políticos.
3.- 56% dice no tener respeto por los empresarios que se quedan callados en aspectos importantes para la sociedad.
4.- 79% de los consumidores espera que los empresarios vivan y actúen de acuerdo al propósito y valores de su empresa.
5.- 71% de la población cree más en lo que escuchan de los empleados que del CEO.
6.- 45% de los empleados creen en lo que dice el CEO, 55% no.

Así como la ideología de género, el movimiento ecologista, el cuidado a los animales, la responsabilidad social y toda expresión social, también el activismo empresarial ha venido consolidándose y ha sido principalmente por la falta de compromiso de los gobiernos (de izquierda y derecha) y la influencia natural que tienen las empresas en toda sociedad.
A los líderes de izquierda, sobre todo a los que viven o han vivido del hueso, se les olvida que la empresa no solo genera riqueza para sus dueños e inversionistas, sino que también generan empleo, provocan la competencia y con esto mejores productos y servicios, incentivan la innovación, despiertan la creatividad, estimulan el mercado interno, generan impuestos, promueven la investigación y producen desarrollo.
Hoy más que nunca, en un México en donde de las cenizas se levantan ideologías que ya estaban sepultadas por viejas y corruptas, se levantan también voces zorras y astutas intentando callar a las empresas y al sector privado organizado.
Es verdad, la corrupción no es propiedad absoluta del gobierno, se da en todas las organizaciones y en todos los niveles sociales, ni todo el gobierno es corrupto ni todo el pueblo es sabio y bueno, la diferencia está en cuáles lo reconocen y emprenden acciones para erradicarlo.
La era del activismo empresarial ha llegado y para los aferrados a la ubre pública representará una amenaza y para los “dueños del dinero” será todo un reto no caer en lo mismo que combaten… sin embargo yo tengo otra sugerencia: ¿qué pasa si soñamos con una era en donde se usa el poder de los negocios para resolver retos sociales como la movilidad, el hambre, la conectividad, la salud o la educación?, ¿qué pasa si el gobierno, en lugar de satanizarlas, mejor las reta a resolver problemas sociales y las apoya para que esto suceda? No se, se supone que hoy tenemos un gobierno con enfoque centrado en resolver el rezago social y creo que trabajando junto con las empresas está la respuesta.
 
El autor es Director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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