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Columnas

La disputa por Morena

Morena está intentando hacerse un partido político, porque hasta ahora no lo ha sido cabalmente. Nació como una amalgama de corrientes y grupos, posturas y visiones ideológicas en algunos casos contrapuestas, atraídas todas por el liderazgo (populista) de Andrés Manuel López Obrador. Hasta ahora él ha sido el factor de unificación.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Morena está intentando hacerse un partido político, porque hasta ahora no lo ha sido cabalmente. Nació como una amalgama de corrientes y grupos, posturas y visiones ideológicas en algunos casos contrapuestas, atraídas todas por el liderazgo (populista) de Andrés Manuel López Obrador. Hasta ahora él ha sido el factor de unificación.

Pero, al tomar el gobierno y la presidencia, AMLO ya no puede jugar el mismo papel (aunque siga teniendo cierta influencia), por lo que Morena tiene que empezar a moverse por sí mismo. Convertirse en un partido, tener una estructura organizada, actuar bajo algunas reglas mínimas y, lo más importante, contar con una dirigencia política con alguna legitimidad.

Parece un salto relativamente fácil (por la influencia de AMLO), pero no va a estar exento de conflictos. Primero, porque ya no va a tener ese factor unificador que era el actual presidente; segundo porque sigue siendo una amalgama en la que conviven desde posturas radicales hasta nacionalistas, socialdemócratas, evangelistas, ex priistas y más. Y, tercero, porque lo que está en juego en este cambio es la candidatura a la presidencia para 2024.

No es casual que haya hasta ahora más de 100 candidatos registrados a la presidencia y a la secretaría general. Desde personajes como Porfirio Muñoz Ledo, con más de 80 años, hasta chavitos que intentan presentarse como la “nueva generación” de dirigentes de Morena, pero con un discurso sin consistencia teórica o ideológica.

Sin embargo, las cabezas más fuertes en esta disputa son los que desde ahora ya se están disputando la candidatura a la presidencia de la República en 2024, como son, por ejemplo, Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaun y Ricardo Monreal, aspirantes que están buscando colocar y tomar la dirección del partido, además de otros grupos como el de Polevsky que ha caído en desgracia.

La elección va a ser un volado al aire, pues como resultado de los conflictos internos ha sido el Tribunal Electoral Federal el que ha impuesto una encuesta que será realizada por el INE en población abierta, es decir, que podrán votar todos los que quieran hacerlo, sean miembros, simpatizantes o no de Morena. Esto quiere decir que pueden resultar electos los más conocidos, o bien, los que más intensifiquen su trabajo de convencimiento.

El cambio está cargado de riesgos, en un momento en que el gobierno de López Obrador tiene muchos frentes abiertos (abiertos por él mismo) en víspera de la elección intermedia de 2021. Si Morena no sale bien librado de este episodio se convertirá en un partido asaltado por las tribus que buscarán imponerse a como dé lugar.

La elección del tipo de dirigencia es crucial, porque de ahí dependerá que pueda convertirse en un partido o seguir siendo, como hasta ahora, un apéndice del gobierno. Ya no habrá de aquí en adelante un líder como AMLO, con el mismo arrastre electoral y con el mismo discurso político. Tendrá que surgir otra orientación y quizás otras banderas para mantener vigente a Morena.

No es sólo un cambio de dirigencias lo que está a punto de realizar Morena, aunque este paso sea fundamental, sino también un cambio en el que la figura AMLO-Morena ya no va a ser lo mismo. Hasta ahora Morena ha sido López Obrador y a la inversa, este último ha sido Morena. No ha habido diferencia. Para los votantes de AMLO son lo mismo. Pero esta relación dejará de ser así de aquí en adelante.

La pregunta aquí, entonces, es ¿qué será Morena sin AMLO? ¿Será un partido nuevo de corte democrático, o será un nuevo partido de Estado; o será la reencarnación del viejo PRI, o intentará seguir siendo una mescolanza funcional que atraiga votos de todos los segmentos de la población, o bien será un partido populista con tintes autoritarios que busca la restauración del viejo régimen?

Lo que sea que fuera pero lo importante es que se defina, porque hasta ahora Morena es el partido que, supuestamente, gobierna, pero no existe como partido. Como en el caso de Baja California, donde es el gobierno el que decide todo y, lo más importante, ahora quiere decidir sobre los próximos candidatos que van a sustituir a Bonilla y a otros funcionarios.

Es necesario que Morena, como partido, tenga vida propia y que deje de depender de los recursos del gobierno o del fomento del clientelismo electoral para ganar la próxima elección. Necesitamos que se haga partido sin depender de la figura de AMLO.

¿Estaremos frente a ese escenario después de su elección interna o seguirá igual? Lo sabremos pronto.

*-El autor es analista político.

 

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