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Historia y ficción: María Eugenia Bonifaz

Evaristo Bonifaz es una figura bien conocida en la historia de Ensenada. Llegó a este puerto en 1941 y pronto fue uno de los políticos más destacados del Territorio Norte de la Baja California.

Por Gabriel Trujillo

Evaristo Bonifaz es una figura bien conocida en la historia de Ensenada. Llegó a este puerto en 1941 y pronto fue uno de los políticos más destacados del Territorio Norte de la Baja California. En la época de la creación del estado, Evaristo fue uno de los miembros de la primera legislatura que elaboró la constitución que hoy nos rige. Cuando llegó a nuestra entidad, ya traía con él a María Eugenia Bonifaz, su hija primogénita, nacida en 1935, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, de donde era originario su padre. María Eugenia estudió literatura en la Universidad de Salamanca y desde joven fue una entusiasta difusora, junto con su media hermana Rosalba, de la historia regional. Colaboró con el Centro de Investigaciones Históricas UNAM-UABC en el rescate de los testimonios orales de los ensenadenses que vivieron el siglo XX y participó con ensayos en libros colectivos como Visión histórica de Ensenada (1982), Panorama Histórico de Baja California (1983) y Visión histórica de la frontera norte (1987).

La presencia de María Eugenia en las letras de nuestra entidad primero se da como ensayista de temas relacionados con la mujer en los años setenta del siglo pasado, cuando publica su libro La mujer mexicana. Análisis histórico (1975) y, ya en nuestro siglo, cuando saca a la luz dos novelas históricas: Días de hierro y malaquita (2002) y Cómo se pasa la vida (2013), donde exhibe un conocimiento de la vida de las comunidades portuarias y mineras de nuestra península entre los siglos XIX y XX.

María Eugenia es una novelista tardía, pero de poderoso aliento narrativo, porque cuando en una obra literaria se unen historia y ficción se dan resultados interesantes, tramas sorprendentes. Tal vez porque la narrativa histórica resultante hace más vivo, más vívido, el pasado que nos importa, le da humanidad y corazón y sentimientos a fechas y nombres del ayer, le confiere de nuevo a personajes acartonados, hechos estatuas inamovibles, su condición real de seres humanos de carne y hueso. La ficción, en este caso, se ubica en épocas precisas, en episodios conocidos por el público en general, pero las aventuras que narra sirven para explicarnos mejor tanto el pasado donde suceden sus tramas como el presente desde el cual son escritas.

Escasos son, sin embargo, los estudios que relacionan la historia y la literatura en las letras nacionales, no como obras en competencia sino como parte fundamental de la literatura mexicana. Lo podemos ver en muchos momentos y autores: desde Artemio del Valle Arizpe y sus novelas que ocurren en la época virreinal. O en autores que escribieron sobre la Revolución Mexicana cincuenta años después de la misma, como Carlos Fuentes y Jorge Ibargüengoitia. O recordemos a Fernando del Paso y su monumental Noticias del imperio. En tiempos más recientes, Paco Ignacio Taibo II y Enrique Serna han incursionado en el siglo XIX con novelas que indagan en aquellos tiempos de guerra civil e intervención francesa.

Las principales categorías en que se ha centrado la novela histórica en nuestro país son los sucesos de nota roja (accidentes, crímenes, masacres), la biografía de personajes famosos (políticos, artistas) y los episodios relevantes de la historia nacional (guerras, revoluciones, invasiones). Y si fijamos nuestra atención en la literatura del norte mexicano, podemos encontrar autores y obras que logran unir lo histórico y lo literario sobre acontecimientos ocurridos en esta región de México y esto es visible en la literatura de entidades como Sonora, Chihuahua o Nuevo León, con autores que van desde Carlos Montemayor a Hugo Valdés.

Pero en Baja California sucede todo lo contrario. Pocos son los autores interesados en contar nuestro pasado en clave de ficción. Sin embargo, María Eugenia Bonifaz ha sido una excepción a tal negligencia creativa. El motivo es obvio cuando ella misma lo explica, como en la entrevista que le hacen Édgar Cota Torres y José Salvador Ruiz para el libro En su propia voz (2014), donde ella puntualiza que el fundamento para sus novelas históricas viene de la memoria personal: “Tanto de la infancia como de la adolescencia brotan muchos recuerdos en mis novelas y cuentos. Es inevitable que surjan cuando escribo. De alguna manera u otra, se introducen en el texto. Y, sí, hay elementos de nostalgia, de un querer recobrar ese pasado, revivirlo, recrearlo para que perdure”. De esa manera, Bonifaz ha recreado un México decimonónico, una Baja California que vuelve a la vida gracias a su precisa imaginación.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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