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Hacia dónde vamos…

Lo que está pasando en nuestro país, desde que López Obrador es presidente, es algo que nunca pudimos imaginar. Después de unas elecciones donde casi 40 candidatos fueron asesinados, otros tantos amenazados al secuestrarles familiares para bajarlos de la contienda, cabezas tiradas encima de las urnas, robo de urnas en varios estados con metralleta en mano, por grupos de delincuencia organizada, delitos que ni el INE, ni ninguna autoridad electoral asumieron, castigaron o al menos informaron si hubo consecuencias legales, o la razón para protegerlos. 

Por Anita B. de Ochoa

Lo que está pasando en nuestro país, desde que López Obrador es presidente, es algo que nunca pudimos imaginar. Después de unas elecciones donde casi 40 candidatos fueron asesinados, otros tantos amenazados al secuestrarles familiares para bajarlos de la contienda, cabezas tiradas encima de las urnas, robo de urnas en varios estados con metralleta en mano, por grupos de delincuencia organizada, delitos que ni el INE, ni ninguna autoridad electoral asumieron, castigaron o al menos informaron si hubo consecuencias legales, o la razón para protegerlos.  Pero lo más increíble y como una burla para los mexicanos, fue que al día siguiente los delincuentes recibieran de parte del Presidente de la República públicamente, una felicitación por “haberse portado bien”, así como el que los medios guardaran silencio.   

¿Se “portaron bien “porque lograron su objetivo? ¿Hacer triunfar a cualquier costo a candidatos de Morena, aliados a ellos?  ¿A qué precio los hicieron ganar? ¿Qué clase de Democracia estamos viviendo? ¿En qué manos está hoy nuestro país?  ¿Cómo es posible que los medios sean comparsa de estos hechos tan graves?     

López Obrador dice y hace lo que le viene en gana porque sabe que tiene comprados.  A los delincuentes los felicita y a nosotros, la clase media nos insulta porque aspiramos a mejorar nuestra vida, a que nuestros hijos logren sus sueños en base a su estudio y esfuerzo. Nos llama “aspiracionistas”  egoístas, individualistas….    

Algo natural en el interior de toda persona, es aspirar a ser mejor, fijarse metas, superar obstáculos, poner a trabajar todas las capacidades y dones recibidos.  En el ámbito económico, sus aspiraciones son salir de la pobreza, tener un mejor empleo, subir de puesto, esforzarse, estudiar, especializase para lograr superar sus metas en bien propio, de su familia, de su país….  

Pero de acuerdo a lo que dice López esto nos convierte en seres egoístas. ¿No serán realmente egoístas aquellos que ven que sus hijos carecen de comida, ropa, zapatos, forma de curarse cuando se enferman, y no les importa? Esos que se conforman con sacar el “chivo” del día y, por supuesto, su cerveza. Pudiendo estudiar o trabajar más horas, prefieren “evitar la fatiga” en una vida mediocre, arrastrando a la desgracia a su familia e hijos que, sin el ejemplo al esfuerzo, ni educación, son presas fáciles para la delincuencia, los vicios, o a atenerse a las limosnas que da el gobierno, que no busca su bien, sino que les quita su dignidad al obligarlos a permanecer dependientes, más pobres, inútiles e ignorantes, pero… incondicionales.  

Efectivamente, en los países donde las dádivas se multiplican, también sucede con los pobres y son ellos quienes “agradecidos” o amenazados con perderlas, sostienen en el poder con su voto, a gobernantes inhumanos, egoístas y crueles que hablan de justicia y democracia, pero con sus hechos demuestran lo contrario. Ellos viven en Palacios lujosos, comen de lo mejor; a familiares y amigos les caen repentinamente negocios exitosos, se dan la gran vida, a costa de dejar el país, al que juraron servir, destruido, devastado, sin oportunidades, dividido, enfrentado, miserable y más ignorante. 

 ¡Aguas! Para allá vamos….  

¡Mujer mexicana forja tu Patria! 

* La autora es consejera familiar. 

 

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