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BC: ¿un ensayo de AMLO?

El caso de Baja California, en particular la “Ley Bonilla”, está sirviendo para que analistas, comentaristas y algunos partidos, principalmente del centro del país, sostengan la idea de que lo que realmente busca Andrés Manuel López Obrador en la entidad es hacer un “ensayo” que sirva para plantear su reelección cuando llegue el momento.

Por Benedicto Ruíz Vargas

El caso de Baja California, en particular la “Ley Bonilla”, está sirviendo para que analistas, comentaristas y algunos partidos, principalmente del centro del país, sostengan la idea de que lo que realmente busca Andrés Manuel López Obrador en la entidad es hacer un “ensayo” que sirva para plantear su reelección cuando llegue el momento.

Esta visión se deriva de la actitud que ha mantenido López Obrador ante la evidente ilegalidad que implica la Ley Bonilla, que en general ha consistido en evadirse o remitir a que todo este proceso se va a definir en la SCJN. Nadie se explica por qué AMLO no hace algo por detener toda esta maquinaria que se ha echado a andar en BC.

Algunos llegan a especular que el “caso Bonilla” se le salió de las manos a López Obrador y que, para no agravar la situación provocando un enfrentamiento, él espera que la situación llegue a la Corte y se resuelva favorablemente. Otros hablan de que detrás de todo esto hay un jugoso negocio que pasa por las aduanas de la frontera.

Sin embargo, la tesis de la “reelección” es la que ha cobrado más fuerza para explicar la actitud de López Obrador, la cual supone que en realidad el presidente avala a Bonilla y apoya todas sus acciones porque, de resultar exitosas así como se están haciendo, pueden servir para impulsar su reelección en 2024.

Desde mi punto de vista, lo que ocurre en BC no es un ensayo que tenga como miras la reelección de AMLO, sino que es algo más sutil que se está construyendo en todo el país y en especial en entidades como BC donde Morena tiene todos los espacios de gobierno y, especialmente, un aliado y un operador político incondicional como lo es Jaime Bonilla.

López Obrador ha evitado que públicamente se le relacione con las acciones que ha promovido Bonilla, desde las primeras hasta esta última del remedo de “consulta” que organizaron los diputados de Morena, porque daría lugar a un escándalo mayor a nivel local y nacional. Por eso aparentemente se ha mantenido distante, pero todo esto que está pasando en BC forma parte de un proyecto más amplio y en el que se intenta sustentar la 4T.

El proyecto de AMLO tiene varias aristas que no ha sido fácil de entender para muchos que están analizando estos cambios, pero algunas o la mayoría de ellas buscan trastocar el orden institucional y político en que se fincó el régimen durante los últimos 30 años. Trastocar en este caso significa destruir o hacer a un lado las instituciones o usarlas de otra manera, al tiempo que se inicia un proceso en el que la democracia participativa se va sustituyendo por la democracia directa u otras formas en las se va involucrando “el pueblo”.

Es la visión que corresponde a los movimientos “populistas” que tanto auge han cobrado en varias partes del mundo, y del que AMLO no escapa, aunque se intente por todos los medios de evitar ser ubicado ahí. Hay tres pilares que estos movimientos atacan y buscan destruir en cuanto llegan al gobierno: la legalidad (o las leyes), para crear otra “legalidad”; las instituciones (o para usarlas de otra manera) y la democracia representativa, para sustituirla por la participación directa del pueblo.

Es lo que estamos viendo a partir del gobierno de AMLO, pero de manera microscópica si se quiere, ahora lo estamos viendo en BC. Bonilla se rebela contra lo establecido en la Constitución, luego utiliza al Congreso local para promover una consulta ilegal y ahora va a utilizar la consulta para decir que es el pueblo el que quiere cambiar el periodo de gobierno. Para la visión populista, el pueblo real, auténtico, puro, es este, aunque sea una minoría, como las que se manifiestan en las consultas.

Lo que AMLO está ensayando en BC es este proceso que arrasa con las instituciones establecidas, violenta o modifica la legalidad y da preponderancia a una supuesta participación del pueblo que, según la visión populista, no cree o ha dejado de creer en la democracia, las elecciones, los partidos políticos y en instituciones como el Congreso y otras como el INE, etcétera.

La aprobación reciente de la revocación de mandato y la consulta popular por la Cámara de Diputados y el Senado son coherentes con esta perspectiva que, en el fondo, significarán gradualmente que este pueblo del que habla el populismo irá teniendo mayor injerencia en las decisiones de los gobiernos, aunque muchas de esas decisiones sean definidas por los dirigentes del movimiento populista.

El cambio que busca AMLO es silencioso y casi invisible para una gran parte de la población, y es aparentemente democrático, pero en realidad detrás de él se incuba un nuevo autoritarismo hecho a su medida. En BC Bonilla es un peón, un ensayo para comprobar que el proyecto puede avanzar sin grandes obstáculos.

* El autor es analista político.

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