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Columnas MIRADOR

Mirador

Borges imaginaba el Cielo como una gran biblioteca. Yo lo imagino como una gran librería de viejo. En los baratillos he hallado mis más caros libros. Buscar en sus anaqueles, sus mesas o sus cajas es inefable gozo. Otros placeres hay más inefables -al menos uno-, pero éste de buscar libros antiguos, raros o curiosos es deleitoso afán que en ocasiones da al bibliófilo una alegría igual a la del gambusino que ha hallado una pepita de oro. He aquí este viejo libro. Es de Adolfo Llanos, que lo publicó a fines del antepasado siglo. Tiene largo título en verso: "Novísimo diccionario del amor y de otras cosas, tan útil para los feos como para las hermosas". Leamos algunas de sus definiciones: "Bígamo: Hombre aficionado a las comparaciones". "Almohada: Objeto al que se pide consejo porque se sabe que no lo va a dar". "Viento. Página para escribir juramentos de amor". "Aquél. Nombre que la mujer da a su marido después de dos años de casados". Celebro haber hallado este libro. Dos regalos me dio: el de la sonrisa y el de la reflexión. ¡Hasta mañana!...

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