No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas MAR DE FONDO

Mar de fondo

Por Benedicto Ruíz Vargas

Llegaron las campañas Por una absurda legislación electoral, en México tenemos tres etapas en las elecciones presidenciales y legislativas: una que se llama “precampaña”, en donde los partidos deciden sobre sus candidatos; otra que se llama “intercampaña”, en la que partidos y candidatos “no hacen campaña” al mismo tiempo que definen sus candidatos a diputados y senadores. Y, finalmente, la tercera que ya es en sí misma “la campaña”, que abarca 90 días, en la que se despliegan abiertamente ya el trabajo proselitista para conquistar el voto de los ciudadanos. Si sumamos todo este tiempo, la campaña presidencial en realidad empieza desde diciembre del año anterior y empieza a cobrar vuelo en enero y los siguientes meses, hasta concluir en junio. Es decir, casi 6 largos meses en campaña, con sus diferentes nombres, lo que hace de este ejercicio un derroche de recursos, paraliza el resto de las actividades y fatiga y aburre a la mayoría de los ciudadanos. Tenemos que salir de este atolladero urgentemente. No hay democracia que lo aguante. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia de este periodo con los dos anteriores? La diferencia es que esta etapa es la más decisiva y en la que se trabaja directamente para conquistar la mayoría de las preferencias. En esta etapa aumenta la actividad de los partidos, aumenta la propaganda en las calles y los medios, el debate o los ataques políticos suben de tono y, quizás, lo más importante es que los ciudadanos tienden a interesarse y a poner un poco de más atención a las ofertas de los candidatos. En el caso de esta campaña presidencial que empieza hoy, el tramo que falta seguramente será muy intenso pero en mi impresión es que no va a generar muchas sorpresas. Es el problema de las campañas largas, que desde el principio es posible ver cómo pueden evolucionar o si hay condiciones reales para que haya un vuelco. En este caso, la campaña empieza con un candidato presidencial que se mantiene desde hace meses en la punta de las encuestas con un porcentaje que oscila entre el 37 y el 44%, con una diferencia de entre 18 a 20 puntos sobre su inmediato competidor. Esto significa que gran parte de la campaña para el resto de candidatos y partidos va a estar centrada en cómo acortar esta distancia y, para el primero, en cómo conservar la ventaja que mantiene hasta ahora. Hay que insistir en que en esta etapa de la campaña se definen muchas más cosas y los ciudadanos se van decantando con mayor precisión, pero aun así se ve muy difícil que lo que hemos visto estos primeros tres meses cambie radicalmente. Es decir, se ve muy difícil que, por ejemplo, José Antonio Meade, candidato del PRI, pueda salir del estancamiento en que ha estado hasta ahora. Podrá crecer algunos puntos, pero no para disputar la presidencia. El mismo escenario luce igual para Ricardo Anaya, candidato de la coalición encabezada por el PAN, que llega muy desprestigiado a la campaña, con un discurso muy poco convincente y ahora con una candidata como Margarita Zavala que, obviamente, va a intentar ganar en primer lugar a los votantes panistas. El desenlace puede ser una gran fractura que va a terminar por perjudicar a los dos, favoreciendo indirectamente (¿?) al candidato priista. Por el lado de Andrés Manuel López Obrador, como lo he escrito otras veces, su ventaja se ve sólida pero en esta fortaleza radica también su debilidad. A diferencia de las otras campañas, esta vez empieza a verse ya como un ganador de la presidencia y está generando una desbandada de militantes de otros partidos, que huyen buscando refugio, sumando fuerzas y votos, pero al mismo tiempo se está construyendo una imagen de un partido que “agarra de todo”. Esto ya está generando conflictos al interior de Morena en varias entidades, que en aras de sumar votos desplaza a sus propios miembros, una imagen que puede ahuyentar a muchos ciudadanos que, justamente, están asqueados de los políticos que saltan de un partido a otro sin el menor escrúpulo. Es evidente que sumar a partir de un proyecto político es muy distinto a sumar como resultado del oportunismo más pueril que exhiben varios de estos personajes. En fin, si bien la ventaja de AMLO se ve sólida y las condiciones para que sus contrincantes lo aventajen son complejas, esto no quiere decir que no pueda surgir un elemento nuevo que incline la balanza: un tropiezo en los debates, una alianza de facto impensada hasta ahora entre otros partidos, la declinación de algunos, así como el crecimiento de una imagen de un partido que arrastra de todo y se llena de gente indeseable, ahuyentando a los ciudadanos. En esto, como en otras cosas de la política, la moneda sigue en el aire. El autor es analista político.

Comentarios